Tailandia (Día 11). Koh Samui. Hacia Bangkok. Mercado de Patpong.

ÍNDICE VIAJE

FICHA

FICHA

DÍA 1Llegada a Bangkok.
DÍA 2Templos de Bangkok.
DÍA 3Wat Pho. Gran Palacio. Chinatown.
DÍA 4Ayutthaya.
DÍA 5Chiang Mai. Doi Suthep.
DÍA 6Montañas de Chiang Mai.
DÍA 7Chiang Mai.
DÍA 8Hacia Koh Samui.
DÍA 9Lamai. Chaweng.
DÍA 10Chaweng.
DÍA 11Koh Samui. Hacia Bangkok. Mercado de Patpong.
DÍA 12Parque Lumphini.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Compras. Compras, compras!

DIARIO

Último día en las islas. Queda menos para volver a la rutina un año más. Ahora no toca pensar en eso, lo que toca es ir a la playa bien pronto y aprovechar el día. Nos quedamos en Lamai porque no tenemos mucho tiempo. Hacia las 12-13h tenemos que coger un songthaew que nos lleve al puerto desde donde saldrá nuestro catamarán y empezar la vorágine de medios de transporte hasta llegar al hotel de Bangkok en el que pasaremos nuestra última noche en Tailandia.

Una vez vista la isla de Koh Samui coincidimos los dos en que la isla es mucho más de lo que podemos ver en la península pero quizá hubiera sido mejor optar por el Mar de Andamán o las islas de Ko Chan o la de Koh Pha Ngan donde hubiéramos encontrado una isla más virgen. Eso significa que hay que volver a Tailandia.

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Llegamos de noche a nuestro hotel de Bangkok. Es un hotel de muchos pisos que la Lonely Planet dice que en su día pernoctaron algunos personajes reseñables por su buena relación calidad/precio. No obstante ha quedado muy desfasado, a pesar de que el personal por alguna extraña razón actúa como si estuvieran en un hotel de 5 estrellas. Incluso uno de ellos actúa con la misma soberbia, como si hubieran llegado dos mendigos a rogarle unos trozos de pan.

Salimos del hotel y nos dirigimos al mercado nocturno de Patpong. Nos hemos estado reservando todo el viaje (con poco éxito, por cierto) para hacer las compras en este mercado famoso por sus puestos de ropa, ropa y relojes de imitación, etc., en un entorno de bares musicales en los que chicas tailandesas escupen pelotas de ping pong por sus partes nobles. No nos llama la atención este tipo de espectáculos pero además vamos avisados de que te timan.

El mercado vale muchísimo la pena. Nos compramos algunos relojes de imitación, ropa interior imitación de Calvin klein que excepto el tacto es igual a la original (un año después no se me ha estropeado ninguno) y cuatro tonterías más. Hay que decir que aquí los vendedores son auténticos genios del regateo. Por cierto, la talla M de calzoncillo de un thai no es la talla M de un español.

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Acabamos las compras (lástima no tener más dinero porque tienen ropa interesante) y volvemos al hotel. Son la 1h de la madrugada y ningún taxi quiere ponernos el taxímetro. Por lo visto a partir de las 12h es cuestión de pactar precio. Preguntamos y casi me caigo para atrás. Se aprovechan, pero tranquilidad, porque si insistes alguno u otro te acercará al hotel. Eso sí, no sé los demás, pero nuestro taxista nos tanga porque da más vueltas para llegar al hotel que un tonto. No soy idiota y he ido mirando el mapa todo el rato. Me quejo y se excusa con que había una calle cerrada al tráfico pero esta vez no me lo trago.

Y ahora a dormir en la que será nuestra última noche en Tailandia.

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