Tailandia (Día 1). Llegada a Bangkok.

ÍNDICE VIAJE

FICHA

FICHA

DÍA 1Llegada a Bangkok.
DÍA 2Templos de Bangkok.
DÍA 3Wat Pho. Gran Palacio. Chinatown.
DÍA 4Ayutthaya.
DÍA 5Chiang Mai. Doi Suthep.
DÍA 6Montañas de Chiang Mai.
DÍA 7Chiang Mai.
DÍA 8Hacia Koh Samui.
DÍA 9Lamai. Chaweng.
DÍA 10Chaweng.
DÍA 11Koh Samui. Hacia Bangkok. Mercado de Patpong.
DÍA 12Parque Lumphini.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
La sensación de salir a una calle de un país asiático por primera vez.La paliza en el cuerpo. Nunca más escalas de tantas horas y en horario nocturno.

DIARIO

Aunque llevamos la palabra cansancio tatuada en la frente, la ilusión por emprender un viaje en la otra punta del mundo puede con todo. Tal y como llegamos y tras recoger las maletas nos dirigimos al Airport Train, que es el tren que nos llevará desde el aeropuerto Suvarnabhumi a Bangkok para desde allí coger un taxi que nos acerque al hotel.

El aeropuerto, sin ser tan impresionante como el de Dubai (éste con cascadas y palmeras, enormes columnas e infinidad de birguerías arquitectónicas) destaca por el diseño y las luces azules de la estructura del techo y porque es modernísimo. Además, está muy bien señalizado porque llegamos en un santiamén al tren. Aquí tienes dos opciones: pagar 45 bahts por el tren City Line (de color azul) o 90 bahts por el Express Line (de color rojo). El primero tarda 35 minutos y el segundo 25 minutos y sólo tiene parada en Makassan. ¿Te vale la pena pagar el doble? Yo creo que no, y además en nuestro caso tampoco bajábamos en esa parada. Una vez comprado el billete te dan una especie de moneda de plástico que te sirve para salir de la estación de destino.

Esperamos el tren y en apenas 5 minutos llega. En nuestros fueros internos deseamos tirarnos de cabeza a una cama pero no podemos dejar de mirar a nuestro alrededor, ya rodeados de thais. Tras 35 minutos llegamos a nuestra parada, la que más cerca nos deja del hotel, PhayaThai. Salimos a la calle y una sensación de caos se apodera de nosotros: coches, motos, tuktuks, luces, fachadas grisáceas y ennegrecidas, muchísima humedad… la primera impresión impone.

Vemos en la calle una fila de extranjeros y taxis y taxis parando y recogiendo al personal. Nos toca a nosotros y le pedimos al taxista que nos ponga el taxímetro. Acepta. Nos subimos y le decimos a donde queremos ir. Nos pide el mapa y parece que se ubica aunque no parece tenerlo demasiado claro. Empieza a circular por el caos y tras unos minutos veo que estamos en la calle principal de la zona a la que da el callejón en el que se ubica nuestro hotel. El taxista nos pregunta dónde nos deja, le enseñamos el mapa y el nombre del hotel y la calle pero, confirmando nuestras sospechas, no tiene ni idea. Le digo que siga subiendo la calle hasta que le decimos que pare, por instinto y no por otro motivo. Bajamos y la calle está muy oscura y con apenas unas cuantas personas transitando por ella.

Le pido a Marta el mapa de localización del hotel que tienen colgado en su web donde podemos ver las callejuelas más cercanas. No lo ha imprimido, no lo lleva encima. Excelente. Estamos perdidos a las 11 de la noche en medio de Bangkok. ¿Y ahora qué? Me pongo de mal humor, estoy cansado y el camino hasta la cama del hotel se aleja. Marta propone preguntarle a un hombre, le echo una ojeada y es un hombre peculiar con un mostacho a lo kungfu, media melena y vestimenta a lo motero de Harley Davidson. Yo, con el chip que llevaba de Marruecos, le digo que mejor que no preguntemos por si nos pide algo a cambio pero el hombre nos ve antes y nos ofrece ayuda. No me fío. Marta le enseña la dirección y entonces el hombre saca de su bolsillo su teléfono móvil y llama al hotel. Empiezo a sentirme mal, por desconfiar. Cuelga el teléfono y señala su moto. ¿Qué quiere decirnos? No, no puede ser. El hombre nos dice que nos lleva al hotel con su moto, él, nosotros y las dos mochilas. ¿Perdona? Le decimos que no, que no cabemos todos, y entonces para el primer taxi que pasa y empieza a hablar en tailandés con él. Vuelve a llamar al hotel con su móvil y se lo pasa al taxista, éste habla con los del hotel y nos dice que subamos. Confirmado, ese hombre anónimo, ese hombre tan peculiar, ese hombre a las 11 de la noche en una calle oscura de Bangkok nos acaba de sacar de un grandísimo apuro. Primera lección aprendida para un servidor: Tailandia no es Marruecos.

Llegamos al hotel, que estaba unos 2km atrás de donde nos dejó el primer taxista. Menudo sentido de la orientación tuve. El hotel Pen Park Place parece muy tranquilo, tras una especie de patio interior, el complejo y las habitaciones son humildes pero correctas y en un lateral hay un bonito y amplio jardín donde nos relajaremos más de una vez al llegar por la noche de visitar la ciudad. Subimos, dejamos las maletas y volvemos andando a la calle principal para buscar cena, que es tardísimo. Encontramos dos puestos callejeros de comida, nuestros primeros puestos callejeros, y pedimos unos pinchos con unas bolas de carne y un plato de arroz. La comida está buena y más para mi que no le tengo ascos a nada. Nos ha costado 40 bahts por persona, lo que viene a ser 1€.

Cenamos en el jardín del hotel y nos vamos a dormir, que el cuerpo lo necesita.

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