Suiza y Francia (Día 8). Zermatt. Chamonix. Annecy.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Nîmes.
DÍA 2Nîmes. Gruyères. Berna. Langnau.
DÍA 3Langnau. Aareschlucht. Rosenlauischlucht. Interlaken.
DÍA 4Lauterbrunnen.
DÍA 5Interlaken. Aletschgletscher. Zermatt.
DÍA 6Zermatt.
DÍA 7Zermatt.
DÍA 8Zermatt. Chamonix. Annecy.
DÍA 9Annecy.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
El Cervino por fin se descubre.
Annecy, grata sorpresa.

DIARIO

Nos despertamos tristes. Aunque técnicamente aún nos quedaban dos días de viaje, la sensación de volver a Barcelona ya era palpable y no nos la podíamos quitar de encima, como si de una losa se tratara. Hicimos las maletas y recogimos el apartamento para dejarlo de la manera más decente posible. Antes de las 9h, ya lo habíamos abandonado.

Nuestro periplo en Zermatt había llegado a su fin, pero el destino nos tenía guardado un broche de oro como despedida. La silueta del Cervino resplandecía sobre un cielo azul y completamente despejado. La montaña perfecta, el modelo que dibujábamos cuando éramos pequeños. Parecía poseer luz propia. Mi deseo de poder ver el Cervino había sido concedido. Durante todo el camino hasta la estación, el poder de seducción de su silueta y su luz atraían mi mirada paso tras paso, casi hipnóticamente. No me cansé de observarlo, habría pasado horas y horas haciéndolo.

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Cogimos el tren y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en Täsch, donde habíamos aparcado el coche tres días antes. Conducimos siguiendo el curso del Ródanohasta Martigny, donde empezamos a subir el Col de la Forclaz, que nos llevaría a Francia. Pasamos la aduana como quien pasa por al lado de una gasolinera en la que no quiere repostar, apenas estaba indicada ni tampoco había nadie que nos indicara que paráramos… Fue una entrada triunfal en Francia, al más puro estilo delincuente.

Abandonar Suiza nos produjo una tristeza infinita. Sentimos el interrumpir de un sueño idílico, de esos que eres conscientes que estás soñando e incluso eres capaz de dirigir su guión tal y como deseas, pero que una vez despierto a mitad del mismo, sin haber llegado a su fin, eres incapaz de retomar por mucho que te concentres.

Sobre las 13h, llegamos a Chamonix, donde hicimos una parada para descansar y comer. No esperábamos nada del otro mundo del pueblo, pero resultó ser encantador, con mucha vida y situado en un entorno espectacular, bajo el macizo del Mont Blanc y los imponentes Dents du Midi. Me quedé con ganas de pasar un día entero ahí y tomar un teleférico increíble que ascendía hasta la Aiguille du Midi, a 3842 metros de altura. Casi nada.

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Tras Chamonix, enfilamos el último tramo de carretera del día rumbo a Annecy, a la que llegamos sobre las 16h. Nos costó encontrar el hotel ya que el GPS de José, rebelado por abandonar Suiza, se negaba a funcionar.

Teníamos muchas esperanzas depositadas en Annecy. Iba a suponer el último coletazo de un viaje ya moribundo, en fase terminal. Y no nos defraudó. Si bien el apodo de “Venecia de los Alpes” le viene un poco grande, como todas las ciudades que se sustentan en la denominación de “la Venecia de ponga aquí una región“, ya que posee un único canal y poco más que recuerde a Venecia. Como si la esencia de Venecia fueran sólo sus canales. Sin embargo, pese a ser uno solo, ese corto canal lo es todo en Annecy. Recorrimos su orilla varias veces, de arriba a abajo, de abajo a arriba, de día y de noche, y el casco antiguo que se encuentra a su alrededor. Concentra toda la vida de la ciudad en apenas 200-300 metros. No nos cansamos de andar, cada vuelta que dábamos nos permitía descubrir algo nuevo que nos había pasado desapercibido.

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Cenamos un delicioso entrecot al roquefort y después de dar un último paseo en torno al canal volvimos al hotel.

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C’est fini… Intentábamos evitar el tema, pero sabíamos que sólo nos quedaba un día e iba a ser de retorno casi todo el rato. Tan satisfechos como apenados, nos fuimos a dormir.

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