Oporto (Día 2). Praça da Liberdade. Rua e Iglesia de Santo Ildefonso. Praça da Batalha. Muralla Fernandinha. Catedral. Torre da Rua de D. Pedro Pitoes. Estación de Sao Bento. Rua das Flores. Castelo do Feijo. Librería Lello & Irmao. Iglesia do Carmo.

ÍNDICE VIAJE

FICHA

FICHA

DÍA 1Rua, Torre e Iglesia dos Clérigos. La Ribeira. Vila Nova de Gaia. Palacio da Bolsa. Rua Santana. Rua dos Mercadores.
DÍA 2Praça da Liberdade. Rua e Iglesia de Santo Ildefonso. Praça da Batalha. Muralla Fernandinha. Catedral. Torre da Rua de D. Pedro Pitoes. Estación de Sao Bento. Rua das Flores. Castelo do Feijo. Librería Lello & Irmao. Iglesia do Carmo.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Las vistas desde la Catedral de Oporto.Encontrarnos cerrada la Librería Lello&Irmao.

DIARIO

Marta ha decidido dormir un rato más, señal clara de que la ciudad no le ha entusiasmado. Aunque yo tengo las mismas sensaciones, una vez estando aquí, quiero aprovechar el fin de semana y ver todo lo que me puede ofrecer. Con cámara en mano vuelvo a bajar la Rua dos Clérigos hasta que me cruzo con la Praça da Liberdade. Aunque ya la hemos pasado en más de una ocasión me fijo ahora en los detalles. Ésta tiene sus orígenes en el s.XVIII como resultado de los proyectos de urbanización de la ciudad que dieron lugar a amplias calles y a esta plaza. En un principio estaba limitada por las murallas medievales de la ciudad aunque con el tiempo y la construcción de la continua Avenida dos Aliados se perdieron.

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En el lado sur domina desde 1788 el Palacio das Cardosas, un convento con una fachada de estilo neoclásico, que desde el s.XIX alberga el ayuntamiento. Las guías dicen que con la construcción de los cercanos Puente Luís, la Estación de Sao Bento y la estatua dedicada al rey Pedro IV en 1866, que le representa montando a caballo y celebrando la defensa de la Constitución en las guerras liberales, convirtieron a la plaza en el centro político, económico y social de Oporto. Y eso se percibe, por la cantidad de bancos, hoteles, restaurantes y turistas que nos concentramos aquí.

En vez de torcer por la Estación Sao Bento y bajar a la Ribeira sigo recto, subiendo la cuesta hacia la Rua de Santo Ildefonso. Ésta es una vía peatonal, estrecha, adoquinada y con un pequeño comercio muy activo, pero desgraciadamente la encuentro muerta por las horas de la mañana que son. Un paseo por la tarde por aquí debe ser mucho más interesante.

Por su parte, la iglesia fue construida entre los siglos XIV y XV. De aspecto sobrio reflejaría el espíritu de pobreza de las construcciones de la orden franciscana, si no fuera porque ese mismo aspecto se adueña de toda la ciudad. Son curiosas las dos torres situadas a ambos lados del portal. En su interior alberga la capilla de Sao Joao Baptista donde se encuentra un retablo que representa el Bautismo de Cristo en el río Jordán, pero como no es algo que me interese demasiado, sigo con mi circuito por la ciudad.

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Frente a la Iglesia Iglesia de Santo Ildefonso del s.XVIII se haya la Praça da Batalha, ahora ocupada curiosamente por multitud de pancartas en apoyo del movimiento de protesta 15M.  Al otro lado destaca el Teatro Sao Joao, hoy en día Teatro Nacional. Camino algunos metros más y sin esperarlo me topo con la muralla Fernandinha, que limitaba desde lo alto del río Duero la antigua ciudad en la Alta Edad Media. Actualmente sólo se conserva el muro de Santa Clara y el murallón de Sao Joao Novo.

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Alcanzo la Catedral de Oporto, que destaca tanto por su imponente aspecto macizo como por su localización, encaramada en lo alto de la ciudad que queda arrodillada a sus pies. Fue construida en el s.XII, aunque con diversas modificaciones que no cambiaron su aspecto de fortaleza, con almenas en sus fachadas y dos torres. Desde el Terreiro da Sé, la plaza en la que se ubica la Catedral, se tienen unas vistas espectaculares del Duero y de las bodegas de Vila Nova de Gaia por un lado, y de la ciudad por el otro. Estando aquí tengo las mismas sensaciones que en el barco por el río Duero: la ciudad vista con perspectiva gana muchos puntos.

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Tras regocijarme con las vistas empiezo el descenso para ir a buscar a Marta al hotel. Antes me cruzo con la Torre de D. Pedro Pitoes, conocida popularmente como Torre da Cidade, una torre medieval coronada por almenas que se descubrió en el Terreiro da Sé, la plaza en la que se ubica la Catedral, a principios de los años 40 del pasado siglo. 

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Recojo a Marta en el hotel, que ya está despierta, y vamos en busca de un autobús que nos llevará a la otra punta de la ciudad. Hemos pasado por delante varias veces pero ahora hacemos una parada expresa en la Estación de Sao Bento. Es una construcción iniciada en 1900 e inaugurada en 1916, de estilo de la Belle Époque, y en su interior destaca un vestíbulo revestido de azulejos que representan escenas históricas.

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Husmeamos por la zona de las vías y salimos de nuevo al exterior. Enfrente baja la Rua Das Flores, una calle peatonal con multitud de casas del s.XVIII y comercios tradicionales, pero la dejaremos para las últimas horas del día.

El autobús rodea el Duero hasta la desembocadura en el Atlántico del río. Bajamos por intuición cerca del Forte de Sao Francisco Xavier do Queijo,  construido en el s.XVII como fortificación militar rodeada de un foso con el fin de defender la costa. El lugar es la típica zona de playa, con un paseo, chiringuitos y tumbonas.

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Decidimos recorrer parte del camino de vuelta a pie. Recorremos algunos cientos de metro por la playa, luego nos adentramos en el barrio en una calle con casas muy antiguas y algunos cientos de metros allá aparecemos en las playas contiguas a la desembocadura del Duero. De ahí tomamos por el paseo cruzando antes el tranquilo y poco destacable Jardim do Passeio Alegre hasta que el calor supone un serio inconveniente como para buscar una parada del autobús de vuelta.

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El sol tiene visos de no dar tregua justo ahora que empezamos a estar cansados de caminar. Desde la Praça da Liberdade, pasando por la Iglesia dos Clérigos, y de sombra a sombra siempre que nos es posible, nos dirigimos a la librería Lello & Irmao, fundada en 1881, que fue en su época una de las editoriales más prestigiosas de toda Portugal. Se la considera como una de las librerías más bellas del mundo con una bonita fachada blanca ornamentada y una gran vidriera, unas solemnes escaleras en su interior y una madera tallada que copa todos los rincones del local. Las guías dicen que es un lugar para contemplar mientras te tomas un café en la primera planta. Pero por desgracia la encontramos cerrada, conformándonos con la fachada y todos sus detalles. Nos quedamos con la percepción de que nos hemos perdido uno de los principales atractivos de Oporto.

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El siguiente destino son los Jardines del Palacio de Cristal. Rodeamos el hospital y empezamos a caminar una interminable e infinita calle, la Dom Manuel II. Tenemos la sensación de que no acaba nunca, más por el cansancio acumulado en las piernas que por la distancia en sí, y Marta empieza a quejarse y a recordar que esa calle de bajada habrá que subirla. Tiene toda la razón pero me puede el poder perdernos algún lugar que justifique realmente la visita a Oporto. Alcanzamos las puertas del parque y están cerradas. Lo rodeamos buscando otro acceso y están cerradas. Sí, es posible, otro lugar más que encontramos cerrado al público. 

Reandamos el camino hasta la Iglesia do Carmo, construida entre 1756 y 1768 en estilo barroco. Su fachada lateral está revestida de azulejos de principios del s.XX que representan el agrupamiento de los cristianos en el Monte Carmelo. Este tipo de azulejos lo estamos encontrando en todas partes.

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Por los alrededores de la iglesia vemos pasar varios de los típicos tranvías de Oporto, parada que aprovechamos para buscar un bar. El cuerpo ha dicho basta. Y aquí ponemos punto y final, ya que después del check-out del hotel haremos tiempo en la Praça da Liberdade. Punto y final a una ciudad que aunque monumentalmente tiene su interés, es una ciudad a la que le faltan flores, le faltan luces, le falta color, le falta comercio, le falta mimo, le falta vida.

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