Oporto (Día 1). Rua, Torre e Iglesia dos Clérigos. La Ribeira. Vila Nova de Gaia. Palacio da Bolsa. Rua Santana. Rua dos Mercadores.

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FICHA

FICHA

DÍA 1Rua, Torre e Iglesia dos Clérigos. La Ribeira. Vila Nova de Gaia. Palacio da Bolsa. Rua Santana. Rua dos Mercadores.
DÍA 2Praça da Liberdade. Rua e Iglesia de Santo Ildefonso. Praça da Batalha. Muralla Fernandinha. Catedral. Torre da Rua de D. Pedro Pitoes. Estación de Sao Bento. Rua das Flores. Castelo do Feijo. Librería Lello & Irmao. Iglesia do Carmo.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
La Ribeira desde los barcos que recorren el Duero.Pronto nos damos cuenta de que Oporto no nos va a gustar.

DIARIO

Apenas separa la estación de metro y nuestro hotel la empinada Rua dos Clérigos. Con el check-in ya hecho volvemos a ella para entretenernos con los escaparates de las panaderías colonizados por todo tipo de tentempiés. La tentación nos hace probar algunos.

Detrás nuestro, en lo alto de la calle, se encuentra la Iglesia Dos Cérigos, de aspecto imponente que da la sensación de estar mirándote expresamente de forma altiva. A su vez, detrás de ella se encuentrala Torre dos Clérigos, uno de los símbolos de la ciudad, construida en granito con una altura de más de 75 metros. Se puede subir a lo alto de la torre por una escalera de más de 250 peldaños desde la que parece haber unas bonitas vistas de Oporto y el Duero. Como deambularemos más veces por aquí ya la veremos con mayor detenimiento.

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Bajamos la calle. A nuestra izquierda aparece la Plaza Da Liberdade y luego a la derecha la Estación de Sao Bento. No les dedicamos excesiva atención, pues nuestro objetivo ahora es la Ribeira.

Alcanzamos la Ribeira del río Duero después de haber pasado por calles que no dicen mucho. La Ribeira es la zona baja en altitud y en el mapa de Oporto. Se ven multitud de terrazas donde dejarse embriagar por las vistas de la otra orilla, que no están nada mal. Aquello es Vila Nova de Gaia. Buscamos un sitio para comer pero aquí todo es caro, por lo que decidimos reandar las empinadas calles que dan a la Ribeira para buscar un restaurante. Si antes aquellas calles no me decían nada, recorriéndolas y observándolas con más detalle me parecen feas, degradadas, y el personal que circula por ellas no acompaña demasiado. Volvemos a bajar.

Tras comer en la Ribeira en un restaurante algo escondido le dedicamos nuestro tiempo a recorrerla. El paseo, aunque corto, es bonito y se pueden ver antiguas casas con fachadas de variopintos colores apiladas una al lado de otra.

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Hace calor y es el momento perfecto para coger uno de los barcos que recorren el Duero. Desde la distancia las casas antiguas y amontonadas de uno y otro lado, de Oporto y Vilanova de Gaia, los monumentos que se asoman por encima de ellas, la muralla Fernandinha o los puentes de diseños modernos, le dan al conjunto mucho más encanto. Pero como el paseo a pie, se nos hace demasiado corto.

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Desembarcamos en Vilanova de Gaia para recorrer su orilla con las vistas contrarias a las de antes de comer, con vistas a Oporto. Gaia es una ciudad de más de 300.000 habitantes con algunos edificios históricos pero no la visitamos en profundidad porque apenas estamos un fin de semana en Oporto, porque hace calor, y porque el ímpetu de cuando te enamoras de un lugar de momento no aparece por ninguna parte. 

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Pasamos por delante de algunas bodegas, las únicas fachadas que valen algo la pena a este lado del río. Concretamente vemos la Bodega Sandoman, fundada en 1790 y alojada en un antiguo convento del s.XVI y la Bodega Casa Ramos Pinto, fundada en 1880. El resto es un paseo con restaurantes y bares de esos pensados para que el turista se gaste un dineral, aprovechándose de las vistas a Oporto. Bordeando la orilla llegamos al otro extremo, desde donde cruzamos por uno de los puentes que cruzan el Duero.

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De vuelta al centro de Oporto previo paso por el Túnel da Ribeira y ya anocheciendo nos encontramos con el Palacio da Bolsa, de estilo neoclásico y construido en el s. XIX, donde las guías destacan salas, patios, esculturas y la Biblioteca, con más de 10.000 volúmenes. Es sede de la Associação Comercial do Porto y está clasificado como Monumento Nacional. Apenas podemos chafardear desde fuera lo poco que se ve de su interior, ya que parece haber algún evento importante por la seguridad, chaqués y corbatas que entran y salen.

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Estamos en un momento de desazón, en el que apreciamos que la ciudad no nos está encandilando. Y apenas llevamos unas horas. En un movimiento desesperado bajamos de nuevo a la Ribeira pero ahora pasando expresamente por la Rua Santana y la Rua dos Mercadores, dos callejuelas significativas de la ciudad. Es curiosa sobre todo la primera, muy estrecha e inclinada, en la que da la sensación de que las casas se sostienen unas a otras. Tienen cierto aire al barrio gótico de Barcelona.

Por el camino nos cruzamos con una de tantas iglesias en Oporto: la Iglesia de Sao Nicolau, haciendo guardia frente a las laberínticas calles que bajan a la Ribeira.

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