Marruecos (Día 8 y 9). Medina de Fez.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1 DÍA 1: Medina de Marrakech.
DÍA 2 DÍA 2: Medina de Marrakech.
DÍA 3 DÍA 3: Essaouira.
DÍA 4 DÍA 4: Essaouira.
DÍA 5 DÍA 5: Hacia el desierto de Zagora. Ait Ben Haddou.
DÍA 6 DÍA 6: Hacia Marrakech. Ouarzazate.
DÍA 7 DÍA 7: Medina de Fez.
DÍA 8 y DÍA 9 DÍA 8 y DÍA 9: Medina de Fez.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Descubrir los rincones de la zona bonita de la Medina. A destacar la Bab Bou Jeloud y la plaza Seffarine.

DIARIO

Afrontamos el día con el alivio de saber que Fez tiene mucho más que enseñarnos que lo vivido durante las primeras horas en la ciudad. Jose ha estado ojeando la Lonely y nos hace la ruta del día. Cogemos un taxi y le pedimos que nos lleve a la Bab Bou Jeloud, la puerta principal de Fez construida en 1913 con tres arcos de herradura típicos de la arquitectura árabe embellecidos con azulejos de tonos azulados. La conocen como puerta azul. Tras la puerta tuerce una calle en la que centenares de personas, turistas incluidos, bares con terraza y tiendas de ropa, dulces, herboristerías, etc., comparten espacio.

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Nos sentamos en una terraza a desayunar (hacerlo en la pensión ni se puede ni nos lo planteamos) contemplando nuestro alrededor. Dada la cercanía a la marabunta de personas que pasan por delante de nuestros ojos podemos ver de cerca y fotografiar cualquier detalle. Me llama la atención la cantidad de burros que utilizan para transportar la mercancía de los vendedores.

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Reanudamos la marcha entre el gentío y rápidamente me percato de que la arquitectura de las casas y callejuelas de la Medina de Fez, de un marrón con una tonalidad más arenosa, tienen más encanto que las de Marrakech. Varios rudimentarios carteles en las entradas de las calles anuncian en francés la dirección de los principales zocos de la Medina. Siguiendo el mapa de la guía callejeamos casi 40 minutos hasta la plaza Seffarine, una pequeña plaza en el que aún se conserva uno de los oficios más antiguos de Fez, el de los artesanos caldereros, que se dedican a trabajar el cobre para producir teteras, bandejas, ollas y muchos otros tipos de recipientes. Tomamos un té para refrescarnos del calor mientras vemos los siempre sorprendentes atuendos árabes.

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Volvemos a caminar hasta dar con la buscada mezquita Al Karaouine en la que hombres marroquíes entran vestidos con su indumentaria tradicional árabe: discretas chilabas, alpargatas o babuchas asomándose al andar, taqiyah’s en la cabeza… La mezquita fue construida en el año 859 y es uno de los mayores complejos arquitectónicos de la ciudad. Alberga la universidad más antigua del mundo y pese a su extensión es difícil encontrarla porque con el paso de los siglos las casas han cubierto el perímetro del edificio ocultando su forma. Cuando pasamos por la entrada principal levanto la cámara para captar el interior pero un hombre con su mirada me advierte de que mejor no lo haga. Seguramente para ese hombre es una falta de respeto, y aunque yo no lo entienda, tengo que acatar en la medida de lo posible sus tradiciones porque estoy en su casa. Lástima que esas mismas tradiciones no me permitan ver de cerca su cultura y su religión, poder entrar en esa mezquita y respirar el el ambiente de las ceremonias musulmanas. Seguramente esas barreras son las que les permiten mantener una cultura tan suya, tanto en los aspectos positivos como los negativos.

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Rodeamos la mezquita por más callejuelas y tras una Bab se abre ante nosotros una abierta plaza en la que apenas vemos algunos niños marroquíes que juegan a la pelota. Varias casitas coronadas por un montón de redondas parabólicas blancas y más arriba un minarete se asoman por encima de la muralla. Nos sentamos a descansar en una sombra. Es nuestro último día de viaje y quiero quedarme embobado un poco más con lo bello que puede llegar a ser lo diferente.

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Seguimos caminando con la intención de llegar a COMPLEJO QUE PARECE ALGO IMPORTANTE EXPLICACIÓN, No vemos absolutamente ninguna puerta en la que poder entrar así que en el espacio interior nos sentamos en el suelo, rodeados de altísimas murallas y sin un sólo alma deambulando por ahí. Da la sensación de que podríamos cerrar las puertas y convertir aquello en un fuerte infranqueable. Tras el descanso caminamos otros 20 minutos hasta llegar a un extremo de la muralla completamente libre de obstáculos, permitiendo seguirla con la vista decenas de metros. EXPLICACIÓN TORRES MURALLA EXTREMO. Unos metros más allá una puerta se abre de la misma muralla. Muchos chicos salen de ahí con mochilas y carpetas. Parece que es una universidad. El calor está arreciendo hoy, por lo que a la que me doy cuenta Carlo con su turbante se sienta bajo la sombra de una palmera diminuta. Tras varios minutos de insistencia logro que se levante para ir a comer.

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Cogemos otro taxi que nos lleve al Borj Sud. Conectamos con el taxista que rápidamente nos da conversación y cuando estamos a punto de llegar a nos dice que bajemos de allí antes de que anochezca. Se despide de nosotros enérgicamente y tras caminar algunas decenas de metros se muestra ante nosotros una panorámica bestial de la Mezina de Fez. Una inmensidad infinita de casas claramente delimitadas por la muralla llegan de un extremo a otro casi hasta donde nos da la vista. Varios árabes sentados en las piedras y en el césped de la colina están tan tranquilamente disfrutando también de las vistas. Tras nosotros los restos del Borj sud. Hacemos docenas de fotos porque lo merecen, incluidas las típicas fotografías de un primer plano a cualquiera de nosotros con el fondo desenfocado. Jose quiere salir en todas y Carlo quiere hacerlas todas. Casi sin darnos cuenta empieza a anocher cuando miro el reloj y veo que hemos pasado ahí arriba nada más y nada menos que dos horas y media. Sintomático, muestra de que son seguramente las vistas de una ciudad más bonitas que yo haya podido disfrutar.

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Empezamos el descenso de la colina a pié cuando un rebaño de ovejas aparentemente sin pastor nos sorprende. Apenas se inmutan, ni siquiera levantan la cabeza. Tres aislados turistas no son una amenaza para ellas. Pero de repente alguien se acerca hacia nosotros. Es el pastor, un hombre casi anciano que nos ofrece comprarle una alfombra de lana. Jose se anima a comprarle una. Allí, en medio de la nada, se lleva una de las mejores y más genuinas compras que hicimos en Marruecos. Minutos después alcanzamos la muralla. Tras ella una gigantesca plaza anuncia nuevos rincones y callejuelas que descubrir. Lástima que ya sea de noche, el hambre llama a la puerta y con más fuerza porque hoy cenaremos en el Sicilia, una pizzería y hamburguesería de la ciudad nueva de Fez. Empiezo a echar de menos la comida occidental.


Día 9. Adiós

El viaje ha llegado a su fin. Apenas tendremos tiempo de dar un último paseo por la Medina antes de coger el vuelo a primera hora de la tarde. Volvemos a la amplia plaza rodeada de murallas, volvemos a la calle que parte de la Bab Bou Jeloud. Estoy más pendiente de intentar borrar de mis pensamientos la tristeza de llegar al fin que de ver, oler y escuchar.

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Las pocas horas de la mañana pasan sin más y las últimas fotos de Carlo, Jose y Nico se tiran en la ciudad nueva de Gueliz, desde donde buscaremos algún taxi que nos lleve a un precio aceptable al aeropuerto.

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