Marruecos (Día 4). Essaouira.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1 DÍA 1: Medina de Marrakech.
DÍA 2 DÍA 2: Medina de Marrakech.
DÍA 3 DÍA 3: Essaouira.
DÍA 4 DÍA 4: Essaouira.
DÍA 5 DÍA 5: Hacia el desierto de Zagora. Ait Ben Haddou.
DÍA 6 DÍA 6: Hacia Marrakech. Ouarzazate.
DÍA 7 DÍA 7: Medina de Fez.
DÍA 8 y DÍA 9 DÍA 8 y DÍA 9: Medina de Fez.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
La playa Sidi Kauki y sus inexistentes dunas.
El reseñable número de desequlibrados, siempre inofensivos, que deambulan por el país.

DIARIO

Nos despertamos al día siguiente con el desayuno en la puerta, algo más básico que en Marrakech pero recibido con el mismo apetito. Hoy dedicaremos la mañana a visitar una playa Sidi Kauki que Jose ha leído por internet que merece la pena por sus dunas. Está relativamente cerca de Essaouira. Volvemos a la parada de autobuses y discutimos precio con los taxistas. Acordamos con uno de ellos un precio para ir y volver. La mitad la tendrá al llegar a la playa y la otra mitad cuando vuelva a recogernos. Ya en el taxi tomamos desérticas carreteras de las afueras que intento grabar con el vídeo de mi cámara. Justo entonces capto el momento en el que el conductor del taxi tiene que esquivar a un desequilibrado que deambula por en medio de la carretera, a lo zombie de The Walking Dead. No exagero. El taxista le dice de todo en árabe asomando la cabeza por la ventanilla. Otra de esas anécdotas surrealistas que se viven en el país. En Marruecos se ven perturbados por la calle. No son peligrosos porque no tenemos ni de cerca percance alguno, simplemente van hablando solos con la mirada perdida al infinito.

Llegamos a nuestro destino. El taxista nos dice que vendrá un amigo suyo a buscarnos después. Acordamos una hora. Caminamos unos metros y, tras una casa blanca y azul aislada a pie de costa, bastante deteriorada pero con mucho encanto, una extensa playa muy normalita se presenta ante nosotros. ¿Y las dunas? Preguntamos a unos árabes aburridos que esperan la llegada de turistas para darles un paseo en camello. Las dunas son esa playa. Miramos a Jose. Le miramos mal. Le miramos peor. Accedemos a dar un paseo en camello para aprovechar que hemos venido hasta aquí pero mi camello está loco, no para de escupir y hacer gestos extraños, retorcer el cuello y caminar de lado. Hace un viento importante, molesto. Al cabo de un rato nos percatamos de que ir en camello no es precisamente cómodo. Las vistas son las que son, una playa desértica y ya, aunque entre traqueteo y traqueteo del camello tampoco tenemos mucho tiempo para contemplarlas. La visita ha sido un fracaso, no hay rastro de dunas pero entre el troleo a Jose y el paseo en los cochambrosos camellos nos reímos mucho. Quizá habrá dunas con los vientos de otra época del año o quizá a Jose le han engañado. ¿Otra vez?

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Nos dirigimos al punto en el que el taxista nos dijo que volvería. Bueno, no, donde vendría a recogernos un amigo suyo. Nos empieza a sonar todo muy extraño. Pasan los minutos y un vendedor ambulante cargado de mil chorradas a cuestas coge por banda, como no, a Carlo. El vendedor insiste, Carlo le dice que no, el vendedor vuelve a insistir, Carlo vuelve a decirle que no. Esta vez hay que decir que Carlo lo ha intentado todo para evitar al pobre vendedor marroquí pero debe tener algo especial que los atrae. Mientras tanto Jose y yo esperamos con impaciencia al taxista. Entonces aparece un taxi que viene a dejar a otros turistas despistados. Nos dice si queremos volver con él pero habíamos quedado en que esperaríamos al amigo de nuestro anterior taxista. Cuando el hombre se da cuenta del filón nos dice que es amigo del taxista. No es verdad, se ve a leguas. Nos sabe mal dejar tirado a nuestro taxista. Siguen pasando los minutos y es evidente que el amigo no existe, que nuestro primer taxista tampoco va a volver. Al final nos subimos al taxista que pacientemente esperaba a que nos diéramos cuenta de que su taxi es el único medio que vamos a tener para volver a Essaouira.

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Damos nuestras últimas vueltas por las callejuelas de la medina. A media tarde tenemos que coger el autocar de vuelta. Nos vamos enamorados de esta ciudad costera, tranquila y pausada en comparación a Marrakech, enamoramiento que pasa a segundo plano cuando volvemos a estar metidos otras interminables 5h metidos en un autocar mugriento, aunque no tanto como el de la ida.

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Llegamos de noche a Marrakech, cogemos un taxi y ya en la Medina buscamos otra riad en la que dormir, ya que en la anterior el malhumorado casero nos echó antes de admitir que se equivocó. Seleccionamos una de la guía y dada la cercanía a la plaza la encontramos con relativa facilidad. Las habitaciones rodean un oscuro patio interior mucho menos bonito que el de la primera riad. El chico que la lleva es majísimo, la habitación nos vale y es incluso más barata. El cambio no nos parece tan malo.

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Mañana queremos partir hacia el desierto en alguna excursión organizada. Hablamos con el chico del hotel que nos ofrece salir mañana mismo a primera hora para volver pasado mañana, viendo por el camino algunos puntos de interés que tenemos señalados en nuestras guías. Aceptamos. Con los dos próximos días solucionados escogemos para cenar un restaurante de la plaza al que ya le había echado el ojo y al que se llega por unas empinadas escaleras. Me peleo en la mismísima cocina con el cocinero para que no le eche especias y picantes al arroz de Carlo pero con estrepitoso fracaso. Parece que no entienden lo que es el arroz blanco. Eso sí, la Tajine está espectacular.

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