Malasia y Singapur (Día 12). Singapur.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Kuala Lumpur.
DÍA 2Hacia Mabul.
DÍA 3Mabul.
DÍA 4Mabul.
DÍA 5Semporna. Sepilok.
DÍA 6Sepilok. Kinabatangan.
DÍA 7Kinabatangan.
DÍA 8Kinabatangan. Kuala Lumpur.
DÍA 9Langkawi.
DÍA 10Langkawi.
DÍA 11Langkawi.
DÍA 12Singapur.
DÍA 13PENDIENTE REDACCIÓN
DÍA 14PENDIENTE REDACCIÓN
DÍA 15PENDIENTE REDACCIÓN
DÍA 16PENDIENTE REDACCIÓN

RESUMEN DEL DÍA

DIARIO

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Llegamos a Singapur, un país muy diferente a Malasia, algo destacable teniendo en cuenta que éste ya es un país bastante desarrollado en comparación a otros de la zona. El aeropuerto, el tranvía y el metro que cogemos para llegar al centro de la ciudad, las vestimentas y las marcas de éstas que exhiben… todo ello nos induce a afirmar que Singapur es una ciudad-estado adinerada. Y así lo confirmamos cuando empezamos a transitar por sus calles.

Tras dejar las maletas en la habitación, pequeña pero en un edificio muy coquetón justo al lado de la Mezquita del Sultán muy resultona, nos dirigimos a Marine Bay bordeando el río Singapur.

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La localización de Marine Bay es fácil de identificar, no sólo porque siguiendo el río no tiene pérdida, sino porque los impresionantes rascacielos que tenemos enfrente y que rodean la bahía nos sirven de orientación. Seguimos por la derecha del río y a nuestra izquierda, en la otra orilla, la ciudad nos brinda otra sensacional panorámica urbana. Por este lado del río discurrimos por un paseo repleto de atractivas terrazas de bares y pubs, pero con unos precios señalados en las pizarras que asustan. El impacto de ver ciertas cifras, atendiendo a los precios de Malasia que aún predominan en nuestra memoria a corto plazo, es verdaderamente desalentador.

Mientras proseguimos la marcha veo a Uri alejarse unos metros a mi derecha y grabar algo o a alguien. Una chica espectacular, guapa, elegante y con estilo, de las que no se ven en Malasia, es el objetivo de su Iphone. Un indicio más de que el nivel de satisfacción de las necesidades materiales está más que cubierto. Y una fotografía más para el impulsivo y diferente álbum de fotos de Uri que nos llevaremos a casa.

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Cruzamos un puente y otro grupo de altos edificios se muestra ante nosotros. Aparecemos en una avenida. Me fijo en la cantidad de Lexus NX 300H que circulan por la ciudad. Son como los Seat León en España, con la diferencia de que el primero no baja de los 40.000€. A ello hay que sumar la ingente cantidad de impuestos que pagan los singapurenses para poder circular por su terruño. Mis cábalas dan como resultado el símbolo del dólar en oro de 24 kilates rondando por mi mente. Levanto la cabeza hacia mi derecha y otro pedazo de Skyline luce ante nosotros. En esta ciudad todo impresiona, mucho.

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Seguimos de frente y por fin aparecemos en Marine Bay. El Skyline anterior queda a nuestra derecha, imponente sobre el mar. Frente a nosotros el famoso Hotel Bay Sands. A su izquierda una tulipa, un campo de fútbol construido sobre el mar, y más a la izquierda aún las instalaciones del circuito de Fórmula 1 de Singapur. Lujo.

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Moviéndome por los menús de la réflex me doy cuenta que llevo todo el camino junto al río haciendo fotografías con una resolución muy pobre. No! Uri y Raúl acaban de decidir que quieren acercarse al famoso hotel, pero yo como soy un neurótico con mis fotos, me separaré de ellos para reandar todo el camino y volver a sacar las instantáneas. El primer día hubiera recibido unas caras extrañas pero a estas alturas tanto Raúl como Uri ya me tienen calado. Quedamos en las terrazas de los bares que vimos más atrás. ¡Pero qué torpe soy!

Una vez tomadas de nuevo las fotografías, paso el rato mirando precios. Me duele en el alma. El instinto de supervivencia me lleva a comprar una enorme cerveza en un 7eleven. 4€ al cambio, que en Singapur es un chollazo. Luego encuentro un wifi abierto, justo al lado de lo que parece una biblioteca. Ya tengo avituallamiento mientras espero a mis compañeros de viaje.

El tiempo pasa lento, los muy golfos no aparecen. Finalmente me escriben para decirme que están en una terraza tomando cerveza. Los localizo y me pido yo también una, mientras me explican que se han colado en el hotel para subir a la piscina situada en lo alto del edificio. Para colarse se han puesto los Iphone en la oreja para hacerse pasar por huéspedes, rodeados de señoras en albornoz. Se han ahorrado los 20€ por persona de entrada. La madre que los parió. Picaresca latina en toda regla. Me enseñan los vídeos y las vistas son espectaculares. El precio de mi torpeza.

Cuando ya ha pasado un buen rato decido dejarlos en el bar y dar una vuelta por el margen izquierdo del río. Me apetece pasear. En una calle solitaria me encuentro con un tipo que, en la puerta de un edificio gubernamental y con paso marcial, baja la bandera. Nadie le mira, excepto yo. Unos metros más adelante desemboco justo enfrente de un campo de rugby, donde justo en ese momento juegan hombres occidentales. Apostaría a que son los directivos de las multinacionales que ocupan los rascacielos que nos rodean, pasando su tiempo libre.

El siguiente destino tiene nombre y apellidos: el Old Parlament y el Teatro Victoria. Todo la zona está muy cuidada, muy verde, con clase.

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Ya de vuelta al bar empieza a anochecer, momento en el cual la cena se cuela en nuestra conversación. El paseo, si ndarnos cuenta, está empezando a cambiar de fisonomía. Más luces, más ambiente nocturno, y unas chicas en el local de al lado que por sus miradas inquisitivas y modelitos, diría que son prostitutas. Uri ya nos dijo que en Singapur la prostitución está legalizada, algo evidente atendiendo la cantidad de chicas que ocupan las puertas de los sospechosos pubs que nos rodean. Normalidad.

Antes de buscar sitio para cenar nos acercamos de nuevo a Marine Bay. No sé muy bien si Uri o Raúl eran conscientes de que a estas horas empieza un espectáculo nocturno de luces. Tampoco les pregunto, los rayos fosforitos de luces que nacen de la parte superior del Hotel Bay Sands y el Skyline de noche me dejan embobado. Muy bonito.

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Llega la hora de alimentar nuestros estómagos, tarea que se antoja complicada en una ciudad tan cara. Nos acercamos a la zona del 7eleven, más por instinto que por disponer de información que nos lleve al lugar. Aquí el ambiente sí que ha cambiado por completo. Está lleno de locales nocturnos, chicas paseando y esperando en las puertas. Unas nos miran, otras sonríen y otras nos llaman. Son embaucadoras. Pero aunque las chicas no lo saben, aparte de los impedimentos morales de contratar sus servicios, somos pobres. Y así, acto seguido nos metemos en un McDonalds a cenar.

Salimos del restaurante de comida rápida y pocos segundos después volvemos a entrar. He perdido el móvil. Pregunto a los camareros y no han visto nada. Rebusco de nuevo en la mochila y lo encuentro. No me he puesto en absoluto nervioso, se nota que tengo un móvil muy cutre. A mi no me habrían dejado subir a la terraza del Bay Sands.

De nuevo en la calle, nuestro siguiente objetivo es encontrar un bar en el que televisen el Barça. Capricho de Raúl, consentido por los demás. El ambiente está aún más bullicioso, se respira más alcohol. En medio de la calle se juega a colar pelotas de ping pong en vasos, y quien pierde, bebe. Nosotros seguimos siendo el centro de atención de las chicas. Tres tíos solos son un perita en dulce.

Pero del partido de fútbol nada de nada. En todas partes televisen la Premier League. Pudimos ver el Barça en la Selva de Borneo y no podemos verlo en una ciudad como Singapur. Curioso. Cogemos un taxi para volver al hotel e intentar ver el partido en streaming por alguna web pirata. Y lo conseguimos. Nos sentamos en la calle, la habitación es minúscula, y un argentino que va solo se nos acerca. Otro argentino. Pero éste tiene una pinta de pijo pedante que echa para atrás. Y es de River Plate, cumpliendo el apodo de “los millonarios”. Ante el riesgo de que se nos acople subimos a la habitación. No es nuestro Mariano.

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