Lanzarote (Día 8 y Día 9). Casa César manrique. Famara. Monumento Campesino. Puerto del Carmen.

Día 8. Casa-Fundación César manrique. Famara. Monumento al Campesino. Puerto del Carmen

Hoy es nuestro último día completo en Lanzarote. Para un enamorado del viajar son momentos que corren entre la tristeza y la indignación. Menos mal que este año no es como otros en los que al volver, al día siguiente ya ya estaba trabajando de nuevo.

Hoy, en primer lugar, visitaremos la Casa-Fundación de César Manrique, el famosísimo artista lanzaroteño que fue pintor, escultor, arquitecto y artista y que compartió su obra con la defensa de los valores medioambientales de Canarias. Su obra busca la armonía entre el arte y la naturaleza. Es el diseñador de espacios como su propia casa y ahora fundación, el Taro de Tahíche, los Jameos del Agua, el Mirador del Río, el Jardín de Cactus o el horno-asador de Timanfaya. Toda una eminencia en Lanzarote.

Su casa aprovecha el espacio natural de cinco burbujas volcánicas, en una bella interacción de la arquitectura con la lava. Nos encandilan sobre todo las estancias subterráneas. Tiene diversas muestras de su obra (pinturas, escultura, etc.). La entrada cuesta 8€, un precio algo elevado si lo único que te apasiona es la arquitectura de la casa en sí y no las obras de arte del autor que alberga, como es nuestro caso.

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Tal y como decidimos en el día de ayer repetiremos alguna playa de la isla en vez de visitar la Isla de la Graciosa. Con dos jornadas dedicadas a Costa Papagayo, hoy pasaremos por segunda vez un rato en la Playa Famara, y aprovecharemos también para repetir comida en el restaurante El Sol. Al llegar a la playa, esta vez nos vamos con el coche hasta el extremo más al noreste justo debajo de los riscos, hace un viento desmesurado. La arena nos pica el cuerpo, la misma sensación que provocarían miles de diminutas agujas lanzadas con una cerbatana. Molesta mucho. Nos resguardamos en una de esas estructuras semicirculares de piedra pensadas especialmente para combatir el viento pero aún así la arena inunda la toalla en la que Marta intenta tomar el sol. Me pongo a colocar más piedras para intentar hacer más alto el muro pero entre que no quiero que Marta acabe con una piedra en su frente y que el viento es exagerado no tenemos mucho éxito. Nos vamos a la orilla donde la arena mojada y más pesada no se levanta y a Marta se le ocurre escribir el nombre de Lanzarote con piedras. Algo parecido se le ocurrió en Tailandia y también el día antes, o incluso el mismo día, de que nos fuéramos. Depresión.

Nos divertimos cogiendo piedras. No, una más grande. No, no, esa lo es demasiado. Aquella tampoco que es alargada. Cuando llevamos unos 15 minutos una ola traviesa nos inunda nuestra construcción y nos la estropea. Vuelta a empezar, pero esta vez más lejos del agua y deprisa y corriendo no vaya a suceder lo mismo. Lo conseguimos. Foto por aquí, foto por allá, y nosotros nos hemos distraido un buen rato. Hay que ver en qué banalidades se entretiene uno en vacaciones.

Al final todo es una excusa para ir a comer de nuevo a nuestro restaurante preferido. Hoy la factura ascenderá a 55€ y nos habremos zampado los pertinentes mojos picón rojo y verde, papas arrugás, chipirones, navajas y el postre típico lanzaroteño “Bienmesabe”. Nos gusta todo aunque hoy nos acompañan unos padres maleducados que no son capaces de controlar a su hijo, el cual se dedica a cavar y tirar arena a diestro y siniestro pese a las quejas de otros comensales. Al final nos cae arena a nosotros, les llamamos la atención y como si no fuera con ellos enchufan (por fin) al niño con otro niño más mayor que se lo lleva a jugar a la playa. Bravo por los padres.

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Ya de vuelta nos desviamos para ver el Monumento al Campesino que hemos visto anunciado y reanunciado en todas partes. No merece la pena que gastes ni medio euro de gasolina en visitarlo. Es una estructura de piedras blancas en medio de la nada. Con horas de sol por delante tenemos que ocupar el tiempo de alguna forma, por lo que volviendo a ser justos e igualitarios, decidimos dedicarle también una segunda jornada a la Playa de Pocillos en la que estuvimos el primer día. Empezaremos el viaje y casi lo acabaremos en el mismo sitio. Y como hoy nos va eso de las segundas ocasiones, acabamos el día en la misma coctelería que estuvimos días atrás.


Día 9. Piscina y Playa del Carmen 

A las 15.30h hemos de estar en el aeropuerto para tomar el vuelo dirección a Barcelona. Apenados, mustios, compungidos.. pasamos la mañana en la piscina y comemos un plato combinado de entrecot por unos 7€ el plato (sin bebida) en el mismo steackhouse que la otra noche. Escribir más líneas es hacer sangre del árbol caído, ¡qué difícil es volver!

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