Lanzarote (Día 7). Timanfaya. Salinas de Janubio.

Día 7. Timanfaya. Salinas de Janubio

Hoy es día de descanso. Por la mañana hacemos el vago lo que no está escrito y ya tras la comida le pregunto a Marta si le importa volver a recorrer el Parque Natural de Timanfaya. Aunque no pueda volver al epicentro, a las “Montañas de Fuego”, no me quiero ir de la isla sin volver a ver esa horografía marciana que me tiene enamorado. Nos cruzamos el parque de punta a punta por las solitarias carreteras, rodeado otra vez del colorido y las formas de la lava solidificada. No me canso de mirar el paisaje.

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Vamos a parar a la zona oeste de la isla. Aprovechamos para visitar las Salinas de Janubio a las que no pudimos acercarnos el día que visitamos el Golfo y los Hervideros. Las salinas están hoy en día activas gracias a la protección de la UE que las declaró espacio natural protegido. Fueron construidas en 1895. El declive de la pesca y de las industrias relacionadas, la aparición otras técnicas de conservación y la competencia exterior han hecho que las salinas destaquen más por su valor paisajístico que no por su actividad e importancia económica.

La laguna en la que se encuentran las salinas fue creada por erupciones volcánicas que crearon una barrera de lava entre la laguna y el mar, barrera en la que nos encontramos con una playa cuya arena es de color gris antracita. Desde la carretera la playa con este color es espectacular, de cerca está algo sucia, es estrecha, empinada y hace mucho aire, lo que le resta mucha belleza. Eso sí, nos da para sentarnos un rato en la arena y volver a desconectar. Hoy estamos en modo zen, se nota que las vacaciones llegan a su fin y las preocupaciones del día a día se preparan para asaltar de nuevo nuestras mentes.

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Para ir desde Playa del Carmen a Costa Papagayo o a Playa Blanca se pasa por el puerto de Femés, un pueblecito que queda en lo alto de una montaña y en el que se disfrutan unas bonitas vistas de Playa Blanca abrazada por el mar de fondo. Me encapriché de tomar un café en alguno de los bares desde los que se tienen toda la panorámica y como hoy parece que acaba el mundo y tenemos energía para verlo todo aprovechamos para acercarnos a Femés y hacer un café en una terrazita. Si en la isla hace mucho pero que mucho viento, te puedes imaginar el que hace en lo alto de una montaña. Las vistas valen mucho la pena y más cuando es un lugar de paso.

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