Lanzarote (Día 6). Jardín Cactus. Jameos del Agua. Cueva de los Verdes. Mirador del Río. Punta Mujeres.

Día 6. Jardín Cactus. Jameos del Agua. Cueva de los Verdes. Mirador del Río. Punta Mujeres

El día de hoy promete porque visitaremos los lugares de interés más famosos del norte de la isla. El primero que nos cruzamos es el Jardín de los Cactus. A Marta le hace especial ilusión, es una enamorada de estas plantas y a mi, que nunca les había prestado atención, cada día me gustan más. El recinto, con un cactus gigante de metal en la entrada, tiene forma circular recordando los cráteres de la isla. Alberga más de 7000 ejemplares de más de 1100 especies de cactus originarias de multitud de países del mundo. Aunque a primera vista visitar un jardín de plantas pueda no llamar la atención la visita es imprescindible. Hay cactus con todas las formas posibles. Sin darnos cuenta hemos estado una hora y media viendo cactus. Muy sintomático de que es un lugar recomendable.

DSC_0486 DSC_0488 DSC_0496 DSC_0502 DSC_0512 DSC_0524 DSC_0527 DSC_0539 DSC_0540

La siguiente visita son los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes. Se ven por separado porque están a 2 km de distancia cuando en realidad se localizan en el interior del mismo túnel volcánico producido por la erupción hace 5000 años del el Volcán de la Corona cuando lavas muy fluidas descendieron por debajo de lavas más compactas creando una cavidad alargada. Dicho túnel o cavidad consta de tres tramos: el primero, de 7 km y cerrado al público, parte desde el Volcán de la Corona hasta la Cueva de los Verdes. Esta cueva comprende un túnel de un kilómetro y desde la Cueva de los Verdes hasta los Jameos del Agua hay 2 kilómetros más cerrados también al público. En total, el túnel volcánico tiene una longitud de 10 km, adentrándose después en el tramo llamado Túnel de la Atlántida 1600 metros en el Océano Atlántico hasta desembocar a 64 metros de profundidad. Una maravilla de la naturaleza.

Leída esta explicación las visitas prometen. La primera son los Jameos del Agua. Enseñamos nuestro bono y bajamos una larga escalera. A nuestra izquierda se nos aparece un bar mientras que la escalera sigue bajando hacia nuestra derecha. Y al enfocar la vista hacia la derecha ahí mismo, se abre frentre a nosotros la cavidad de los Jameos del Agua, una cavidad de espacio único y de importante tamaño, en cuyo fondo hay una laguna alimentada por el agua que se filtra del mar.

La atmósfera de la cavidad transmite muchísima paz. Pocos rayos de luz que llegan tenues desde los extremos de la cueva y por un pequeño agujero situado justo encima de la laguna, los sonidos que se ahogan en las paredes herméticas de roca volcánica, el agua de la laguna quieta, inmóvil. Nos sentamos en una especie de gradas para entrar en un estado de catarsis, dejarnos llevar por la quietud de la atmósfera y ojear los centenares de puntos blancos y brillantes que ocupan el fondo de la laguna: son una especie de cangrejo única en el mundo, un cangrejo de apenas un centímetro de longitud, ciego y albino que sólo existe aquí.

DSC_0571 DSC_0570

Jameos del Agua es esto, es este momento. Todo lo que vemos después nos defrauda. Al otro extremo de la cueva se encuentra la salida, unas escaleras que nos llevan a un espacio en el que hay una piscina artificial con una palmera que no sabemos bien qué pinta ahí, un auditorio, un museo, una tienda muy chic de souvenirs… todo infraestructuras artificiales que le quitan muchísimo encanto y que en nuestro caso, más en el mio, me estropean la visita. Salgo relajado de la cueva esperando encontrarme con algo interesante y lo que me encuentro me defrauda completamente. Por tanto, si esperas algo más que ese momento en la cueva te verás traicionado por tus expectativas.

La siguiente visita es la Cueva de los Verdes. Bajamos unas escaleras pero antes de que podamos sumergirnos en las entrañas de la cueva nos encontramos con un mogollón de personas esperando. Una chica nos dice que esperemos allí, que ha de salir el grupo que ahora está en el interior de la Cueva y luego bajaremos nosotros. Aquí iremos con guía. Apunta maneras pero el cabreo con Jameos del Agua aún está demasiado latente.

Bajamos más escaleras con nuestro guía liderando el grupo. Hoy estamos musculando piernas. El concepto de la Cueva de los Verdes no tiene nada que ver con Jameos. Desde el primer instante en el que me veo rodeado de rocas y sólo rocas sin ningún halo de luz exterior preveo que me va a fascinar la visita. Y acierto. Ésta consiste en 1 hora caminando por la Cueva de 1 km acompañado por las explicaciones de la guía sobre la formación del túnel, la adaptación al público llevada a cabo en 1966, los diferentes rincones del túnel, el auditorio en el que periódicamente realizan conciertos sobre todo de música clásica (dada la excelente acústica de la cavidad), la existencia de estafilitos y líneas que indican los niveles de lava y un largo etcétera de cosas interesantes. Es la primera vez que visito una cueva de estas características por lo que no puedo comparar con ninguna otra y quizá mi opinión no está del todo fundamentada pero, en todo caso, la Cueva de los Verdes me parece mucho más interesante que Jameos del Agua.

DSC_0604 DSC_0596 DSC_0584

Siguiente visita, el Mirador del Río. Hoy no paramos. En lo alto de los Riscos de Famara, en su punto situado más al norte, está ubicada otra obra del artista César Manrique: el Mirador del Río, desde el que puedes ver la Isla de La Graciosa y el archipiélago Chinijo. En el camino ascendente hacia el mirador tenemos una panorámica brutal de aquéllos, pero está bordeado por piedras para que no podemos apartarnos con el coche y pararnos a contemplar las vistas, lo que te obliga a comprar la entrada al mirador. Un poco ruin, sinceramente. Aunque nosotros tenemos el bono combinado encontramos descuidados 4 metros de camino, sin piedras, donde podemos aparcar el coche y comer con las impresionantes vistas ahorrándonos la compañía de otros turistas y el tener que acceder al recinto de El Mirador que, desde aquí, no nos parece gran cosa.

DSC_0623

Mientras comemos nuestro bocata con unas vistas de infarto decidimos que buscaremos una playa para pasar la tarde y que no dedicaremos nuestro último día a visitar la isla de La Graciosa. Preferimos repetir alguna playa y ver alguna cosa que nos queda pendiente. De esta forma, volvemos marcha atrás en dirección al pueblo de Arrieta, ubicado entre el Jardín de los Cactus y los Jameos del Agua, no sin antes pasar por debajo del inconfundible y fotogénico Volcán de la Corona. Unos kilómetros después vemos desde la carretera la costa de Punta Mujeres y recordamos un boletín de propaganda que nos han dejado en el parabrisas del coche en el aparcamiento de Los Jameos anunciando un bar con una terrazita que parece estar situada en la misma playa. Marta propone parar ya allí y eso hacemos.

Punta Mujeres es un pueblo típico lanzaroteño: casitas y calles blancas con apenas un par de playas y muchos rincones en el que las rocas y el mar se funden en cada movimiento del oleaje. Mientras nos lo recorremos en busca del mencionado bar nos percatamos de que es un pueblo exageradamente tranquilo, tanto sus calles como sus calas. En el bar hay no más de 7 u 8 personas que acaban de comer (resulta que el suelo de la terraza está recubierto de arena de la playa pero no está en la playa), por las calles nos encontramos no más de 3 o 4 personas y en la cala en la que acabamos tumbándonos al sol únicamente hay una familia cuya casa da a la misma playa. En resumen, en 3 horas dando vueltas por el pueblo vemos unas 15 personas.

Pasamos un par de horas en la minúscula playa, la mitad del tiempo aposentado sobre una roca mirando el horizonte o las extenuadas olas chocar contra mis pies. Desconecto del mundo terrenal, encuentro el sosiego y la quietud dentro de mi. A veces necesito estos momentos.

DSC_0631 DSC_0629 DSC_0630

Ya por la noche bajamos al paseo de Puerto del Carmen a buscar algún sitio donde comer que sea barato. Nos lo hemos ganado con el trote que nos hemos dado hoy. Hay muchísima variedad: pizzerías, asiáticos, steackhouses… tengo antojo de carne así que después de ojear la carta de varios decidimos pedir mesa en un steackhouse de estilo muy americano (la barra, las mesas, el tipo de madera, el escenario, las luces…) con música country en directo. Cenamos por unos 10€ cada uno y tomamos una copa rodeados de guiris. Estamos cansados y ya nos viene bien un poco de animación. Tendríamos la sensación de que estamos en la mismísima Texas si no fuera porque no vemos por ninguna parte esas silla eléctrica que tanto les gusta a los tejanos.

Marcar el Enlace permanente.

No se admiten más comentarios