Lanzarote (Día 4). Timanfaya y Montañas de Fuego. Casa Lagomar. Playa del Carmen.

Día 4. Parque Natural de Timanfaya y Montañas de Fuego. Casa Lagomar. Playa del Carmen

Hoy es un día especial. Cuando alguien me pregunta “¿mar o montaña?”, aunque ambos tienen sus encantos, siempre me acabo decantando por la montaña. Y hoy vamos a visitar uno de los paisajes de montaña más curiosos, un paisaje volcánico.

Tomamos dirección Playa Blanca pero esta vez, en vez de subir por el puerto de Femés, nos desviamos hacia la derecha para adentrarnos en el Parque Nacional de Timanfaya. El entorno va cambiando progresivamente conforme nos acercamos al epicentro, pareciéndose en muchas cosas a los Hervideros: los montes ya son montañas, la llanura marrón ahora es ahora o bien una llanura de rocas volcánicas negras, ocre o rojizas como si estuvieran oxidadas o llanuras de finísima arena medio marrón, medio gris. No parece el planeta Tierra.

Nos dirigimos a “Montañas de Fuego”, el epicentro del Parque Natural de Timanfaya que sólo se puede visitar subido en un autocar o en una ruta a pié que requiere reserva con antelación. Nosotros no podemos hacerla porque Marta recién se recupera de un inoportuno esguince de tobillo. También hay un breve recorrido que se puede hacer en camello pero después de mi experiencia en Marruecos declinamos esta opción. Pagamos la entrada en la caseta de la entrada. Ascendemos con el coche por la carretera hacia las únicas instalaciones que hay levantadas aquí, en el llamado Islote de Hilario, lugar que toma nombre del lanzaroteño Hilario que después de la guerra de Filipinas volvió aquí como ermitaño con la sola compañía de su camella. La leyenda cuenta que plantó justamente aquí una higuera que nunca dio frutos porque “la flor no puede alimentarse de la llama”. ¿Sólo leyenda? Ni idea. Aparcamos el coche en batería y al abrir la puerta un viento implacable me la quita de las manos, haciendo un brusco movimiento, como si tuviera que arrancarla. Menos mal que no había un coche al lado, le hubiera dado un buen viaje. Salimos del vehículo. Nunca he vivido un viento tan fuerte, parece que si doy un pequeño salto saldré volando al cielo y apareceré a kilómetros de allí. Apenas podemos caminar.

Vemos el autocar parado, a punto de arrancar. El conductor del autocar nos dice que subamos rápidamente. Apenas quedan cuatro asientos libres con una visibilidad malísima, ya que una barra del chasis del autocar nos cruza de arriba a abajo. Podemos esperar al siguiente autocar pero una marabunta de personas al acecho se resguardan del viento en la tienda de souvenirs y previsiblemente saldrán a la carrera en cuanto llegue el siguiente autocar. Subimos, llave de contacto, primera marcha… empieza nuestro paseo por tierra lunar.

Mientras el autocar recorre estrechísimas y sinuosas carreteras se encienden los altavoces y una voz nos explica la historia del parque. La música de terror que acompaña las explicaciones nos parece exageradísima. La historia cuenta que se trata de un parque de origen volcánico que ocupa casi todo el suroeste de la isla. Las últimas erupciones datan del periodo 1730-1736, aunque después hubieron otras de menor importancia en 1824. Fueron descritas por el testimonio del párroco Lorenzo Curbelo de la siguiente manera:

“El día 1 de septiembre [de 1730] ,entre las nueve y las diez de la noche, la tierra se abrió en Timanfaya, a dos leguas de Yaiza… y una enorme montaña se levantó del seno de la tierra”.

El parque cuenta con más de 25 volcanes que durante las erupciones sepultaron numerosos pueblos y cuya lava se extendió por todo el sur de la isla cubriendo una cuarta parte de ésta. El paisaje apocalíptico, marciano (a destacar el Valle de la Calma), habla por sí solo por lo que para su descripción simplemente me remito a las fotografías. Sencillamente una maravilla, lo más espectacular de la isla con diferencia.

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El autocar llega al fin del recorrido, al mismo punto de partida. Otro atractivo de “Montañas de Fuego” son las demostraciones geotérmicas, que no nos perdemos: el horno-asador en el que se cocina con el calor del subsuelo, los geysers producidos al verter agua en algunos orificios abiertos en el suelo cuando a 10 metros de profundidad se llegan a alcanzar 600 grados de temperatura…

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Volvemos al coche sin saber muy bien qué ver antes de volver al apartamento para comer. Miro las guías, busco por internet… mientras busco y rebusco recorremos la zona protegida de La Geria. En un paisaje volcánico se ha aprovechado para plantar vides para la producción de vino, protegidas por pequeños muros de piedra. El contraste del verde con el negro volcánico es muy curioso.

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Marta recuerda que vio un cartel anunciando una casa-museo, la casa Lagomar. Me viene a la mente algún comentario positivo que leí por internet, por lo que tras dar algunas vueltas en el coche sin destino esperando que google nos dé ideas tomamos la carretera en dirección a la casa, más bien mansión, de Lagomar. Localizada en el pequeño pueblo de Nazaret, esta mansión está incrustada en el risco del volcán de Nazaret siendo diseñada por el lanzaroteño César Manrique para ser la morada del famoso actor Omar Shariff. Es espectacular, está construida en las mismas entrañas de la roca volcanica y tiene jardines con aires orientales, cuevas, túneles y empinadas escaleras en las que la lava hace en todo momento acto de presencia. La entrada cuesta 5€ aunque leemos que si entras después de las 18h es gratuita. Tiene servicio de bar, restaurante y se pueden alquilar dos apartamentos, aunque nuestro bolsillo da únicamente para tomar dos cafés en sus jardines.

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El resto del día pasa muy tranquilo, a excepción del momento de histeria cuando veo que el coche tiene una abolladura y la pintura roja del coche que nos ha dado el golpe. En “Montañas de Fuego” hacía un viento descomunal y recuerdo que al volver al vehículo el que teníamos justamente en el lado de la abolladura era rojo. Está tan claro el culpable (que no ha dejado nota alguna, por supuesto) como que a estas horas ya es ilocalizable. Accidentes los puede tener cualquiera, pero al menos deja una nota. Después de la siesta buscamos alguna playita por el mismo Puerto del Carmen, como siempre, que sea pequeña, tenga roca, se parezca lo máximo posible a una cala. Bajamos a la costa y al primer intento nos encontramos con una enfrente del Hotel los Fariones, en cuyo extremo, tras unas rocas que delimitan el extremo de la playa, hay un espacio perfecto para colocar dos toallas. Es muy sencillo encontrarse en las playas de Lanzarote relativamente apartado del gentío. Ya por la tarde-noche nos vamos a una coctelería muy bien ambientada que nos cruzamos cerca de Playa Pocillos, en la Avenida de las Playas.

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