Islandia (Día 9). Geysir. Strokkur. Gullfoss. Pingvellir. Reikiavik.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Borgarnes. Osar. Hvitserkur. Hofsos. Akureyri.
DÍA 2Godafoss. Vindbelgjarfjall. Myvatn. Skutustadir. Dimmuborgir. Grjotagja.
DÍA 3Hverfall. Namafjall y Hverir. Viti. Leirhnjukur. Krafla. Selfoss. Dettifoss.
DÍA 4Egilsstadir. Lagarfljot. Litlanesfoss. Hengifoss. Seydisfjordur.
DÍA 5Stdvarljordur. Hvalnes Lighthouse. Hofn.
DÍA 6Jokulsarlon. Fjallsarlon. Svartifoss y Skaftafell. Sandar. Dverghamrar. Foss a Sidu.
DÍA 7Systrafoss. Kirkjugolf. Fjadrargljufur. Vik. Reynisdrangar. Reynisfjara. Dyrholaey.
DÍA 8Dyrholaey. Sólheimasandur. Skogafoss. Seljalandsfoss. Oddi.
DÍA 9Geysir. Strokkur. Gullfoss. Pingvellir. Reikiavik.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
La abominable fuerza del geyser Strokkur. La maravillosa fuerza de la naturaleza.Pingvellir, todo lo que son árboles en Islandia, no ilusiona.

DIARIO

Me despierto con un pedazito de mi que se está empezando a romper. Hoy es nuestro último día en Islandia. Las conversaciones entre Marta y yo, desde ayer, ya suenan a despedida. Nos reafirmamos en lo mucho que nos ha gustado, que tenemos que volver, que lo recomendaremos a todo el mundo.

Llegamos muy pronto a nuestro destino. Estacionamos en un párking ubicado entre hoteles y restaurantes y nos preparamos un buen café con leche. Se nota que es una zona muy turística pero no hay ni un alma. Hasta que se acerca una chica a pedirnos un cigarro. Es nuestra primera conversación con una islandesa. Somos así de raros, introvertidos o poco invasivos. Llámalo como quieras. La chica es la conductora de un enorme 4×4 con ruedas gigantescas. Se dedica a subir a Askja y Laki, las Highlands que nos han quedado pendientes de ver. Nos recomienda un sitio de Reikiavik para comer a buen precio tras hacerle constar lo caro que es su país. Muy maja.

Entramos en el recinto de los geysers. Justo ahora empiezan a aparecer las primeras personas, madrugadoras como nosotros. Alrededor nuestro, aguas hirviendo bajan la montaña a través de riachuelos y entre fumarolas. Estamos en una zona geotermal importante. Unos metros más allá se aprecia el enorme agujero del Geyser Strokkur, el cual según Lonely Planet escupe el agua cada 5 minutos. No hemos llegado aún cuando pega una petada descomunal. No me ha dado tiempo a levantar la cámara e intentar captar una toma del chorro de unos 15 metros que ha expulsado. Increíble la fuerza con la que sube el agua y lo alto que llega. Llegamos al geyser y nos plantamos a hacer guardia. Delante, aguantando y haciendo fuerza con el kilo y medio de cámara y objetivo, en alto. El agua empieza a regurgitar, los azules del hoyo a adquirir más profundidad. Y de repente, tras hacer un efecto embudo, explota. Geyser al canto. Es extraordinario.

Unos metros más arriba se halla el geyser más famoso. Su nombre es Geysir, que significa “pozo surtidor”, y ha dado su nombre a todos los otros géiseres del mundo. Aunque es probable que lleve activo más de 800 años, y que se dice que llegó a expulsar agua a 80 metros de altura, ha perdido fuerza con los años. Actualmente lleva desde 1916 en un periodo de baja actividad. Y así es, en el tiempo que deambulamos por la zona se limita a expulsar humo. Ese humo con olor a huevo podrido que caracteriza tanto a Islandia y que para nosotros ya es algo tan familiar.

Entramos en el restaurante de la cascada Gullfoss. Necesito cargar la cámara para no quedarme sin batería en medio de la visita. Es enorme, como todas las infraestructuras turísticas de la zona. Eso sí, siempre en comparación al resto del país, pues aquí como mucho cabrían las largas colas del edificio de la Pedrera en agosto. 

Salimos y aparecemos en lo alto, frente a la cascada. Más bien es una cascada doble, cuya caída tiene 32 metros, sorteando el torrente grandes rocas antes de precipitarse por un estrecho barranco a través del cual hay pequeños saltos. La historia cuenta que estuvieron a punto de desaparecer cuando en 1875 un grupo de inversores intentó comprar las tierras y desarrollar un proyecto hidroeléctrico, y ante la negativa del propietario, aquellos consiguieron el permiso directamente del gobierno. La hija del propietario, Sigridur, caminó descalza hasta Reikiavik para protestar y amenazó con arrojarse a la catarata si el proyecto seguía adelante. ¿Y sabéis qué sucedió en Islandia? Que la escucharon. Desde 1975 es propiedad del Estado y reserva natural.

Por caudal, anchura, tamaño y cantidad de saltos de agua, son posiblemente las más espectaculares de toda Islandia. Por ello es la más conocida del país. Ahora bien, si me pongo exquisito, para mi no tiene el aura mágico de otras cascadas como Dettifoss o Skogafoss. La recorremos de abajo a arriba, por la pasarela, desde los últimos saltos de agua hasta los primeros. Está muy bien poder seguir a pie todo el trayecto que sigue el río a través de los diferentes saltos de agua.

Llegamos a l Parque Nacional de Pingvellir. No tardamos mucho en darnos cuenta de que es otra decepción como Skaftafell. Como pudimos comprobar e intuir entonces, los islandeses tienen mucho sentido de protección hacia sus bosques. Es que tienen pocos. Pero es que para nosotros, ni siquiera son comparables al Montseny. Por no hablar de los Pirineos. En esta región los vikingos establecieron el primer parlamento democrático del mundo en el año 930. Muchos pueblos reclaman haber tenido el primero pero es una discusión larga y ajena a estas líneas. Y de ahí viene el nombre, ya que Ping significa “Parlamento”, y Pingvellir “Campos del Parlemento”.

Hacemos una parada estratégica, desde donde tener una panorámica de toda la vegetación que nos rodea. Luego otra, al ver la cantidad de grietas fruto de la actividad volcánica y sísmica de la zona: este valle fue creado por el encuentro de las placas tectónicas norteamericana y euroasiática, las cuales cada año se separan entre 1 y 18 milímetros. Justo vemos que la guía indica que por aquí hay una gran grieta. Intentamos ubicarla pero no lo conseguimos. Y la zona tampoco vale mucho la pena, así que nos despreocupamos.

Paramos en un parking para hacer alguna foto más antes de abandonar el lugar. Ahí está, sin querer hemos parado frente a la gran grieta Almannagja. Un sendero discurre a lo largo de la falla. Impone, aunque si se pudiera ver desde el aire, seguro que impresionaría mucho más su tamaño. Seguimos leyendo la guía, ya que esta región no la teníamos muy estudiada. Habla de un río, de algunas pequeñas cascadas, de ruinas y de fisuras. A pesar de que el paisaje no nos entusiasma, hay para ver más de lo esperado. Pero hay un problema. Reikiavik nos espera y esta noche ya abandonamos el país.

Llegamos a Reikiavik. Hasta aquí ha llegado nuestra experiencia en Islandia, es nuestra última parada. Tenemos una última tarde para ver la capital del país. Aparcamos algo alejados del centro, pero encarados de manera que podamos visitar el centro de la ciudad de lado a lado.

Primero pasamos por el puerto con la intención de llegar a una famosa cafetería, Café Haití, cuya dueña haitiana importa el café de su país. Acertamos de pleno, el café está buenísimo. Intentamos tomarlo en su pequeña terrazita, que a pesar de estar bien protegida, el gélido frío y el fuerte viento nos lo hacen complicado. Dentro se respira confort, calidez, afabilidad, calor. Volvemos al interior.

Nos adentramos en el centro y llegamos a la iglesia Landakotskirkja . Es una iglesia católica de Islandia, de estilo neogótico, construida en 1929.

Seguimos la ruta entre típicas casas islandesas. Tan acogedoras, tan coquetas, tan nórdicas. Y aparecemos en el centro. Todo está cuidado y decorado con mucho mimo. Casas, calles y tiendas. No hay aglomeración, no hay bloques de pisos. Todo al estilo islandés.

Subimos una calle y aparecemos en el lago Tjornin. Como curiosidades, aquí hay más de 40 especies de aves migratorias y en invierno se convierte en una enorme pista de patinaje. Hoy mismo el agua debe estar helada, aunque los patos que flotan en ella no parecen estar pasándolo mal. Sólo por las vistas privilegiadas, seguro que yo también podría aguantar ahí. Ni que fuera un minuto.

Volvemos al centro para comer en el restaurante que nos recomendó esta mañana la islandesa del 4×4. Otro acierto. El fish and chips está muy bueno. Sí, tampoco nos podemos permitir manjares mucho mayores.

Propongo a Marta tomar el postre en una cafetería que la Lonely habla maravillas, el Babalú. Volvemos a la furgo porque nos sale a cuenta y la acercamos a la cafetería. El local es muy curioso y original, con una decoración extravagante: un poco de nórdica, alternativa, antigua y llamativa a la vez. Los pasteles están de muerte.

Calle arriba nos queda la última visita, la joya de la corona de la capital de Islandia: la iglesia Hallgrimskirkja. Llegamos a sus pies y está anocheciendo, algo que la embellece. La piedra que a estas horas es casi gris claro y el reloj iluminado de color naranja tienen un encanto espacial. La inmensa iglesia luterana tiene forma de nave espacial. Está fabricada en cemento blanco y su torre mide 74,5 metros de altura. El motivo de sus formas era darle un estilo arquitectónico nacional: las columnas representando el basalto volcánico. Apenas nos da tiempo a entrar rápido, ya que están cerrándola para las visitas. El interior es bastante humilde. Vemos un enorme órgano, de no sé qué cantidad de tubos. La Lonely Planet habla de 5275 tubos. Fuera, frente a la iglesia se encuentra una estatua del vikingo Leifur Eiriksson, el primer europeo en llegar a América. Sí, lo de Cristóbal Colón es un timo, propaganda.

Se nos ha hecho corta la visita a la capital aunque ha sido suficiente para echar un vistazo a todos sus puntos de interés. Reikiavik es una ciudad bonita, sin ser una maravilla está en correspondencia con la capital que se puede esperar de este país. Es un buen lugar para hacer comprar, tomar un buen café, comer y pasear. El único problema es que supone quitarle tiempo al resto de Islandia. Y el resto, ya son palabras mayores.

Cogemos la furgoneta y paramos en una gasolinera para llenar el depósito. Se debe escoger la cantidad de gasolina antes de poner la manguera. Le echamos gasolina una vez, esperando llenarlo. Enciendo de nuevo y el indicador de gasolina sigue igual. Otra vez. Y otra, y así hasta seis veces, hasta que por fin el depósito está lleno. El indicador está averiado, resulta que estábamos casi sin gasolina y nosotros sin saberlo. Otra avería a la lista. Esta furgoneta no puede vivir mucho más.

Tenemos el tiempo justo. Y ha empezado a llover. Dejo a Marta con las maletas en el hotel por el que tiene que pasar el Flybus y me dirigo rápidamente a la empresa de alquiler para dejarles la furgoneta y volver yo solo andando. Camino por el polígono del primer día sin apenas fijarme en nada. Mientras chispea me pasan muchos momentos de este viaje, muchas sensaciones que me han copado la mente y el alma estos días. Islandia me ha marcado.

Llegamos al aeropuerto. Ya sólo queda esperar, y esperar mucho, pues Vueling anuncia retrasos. Llevan todo el verano igual. Marta duerme en el suelo pero yo necesito salir. Miro la lluvia caer, en diagonal, en horizontal, en direcciones extrañas. Ni la lluvia es aquí normal. Me corroe una pena por dentro tremenda. He conocido el sitio que más me ha conectado. Sus paisajes, la educación, el civismo, el mar del norte, los volcanes, el hielo, las vastas montañas con su verde quemado. Hasta pronto.

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