Irlanda (Día 1). Temple Bar. Trinity College. Dublín Castle. Catedral de San Patricio. Catedral Christ Church.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Temple Bar. Trinity College. Dublín Castle. Catedral de San Patricio. Catedral Christ Church.
DÍA 2Acantilados de Moher. Galway. Temple Bar.
DÍA 3Cárcel de Kilmainhan. Fábrica de Guinness. Puente Ha’Penny.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Dublin Castle.
La Catedral de San Patricio.

DIARIO

Aterriza en Dublín nuestro vuelo. Tras pasar el control de salida de una destartalada terminal esperamos frente a la zona de recogida de maletas un segundo vuelo en el que viajan cuatro compañeros de aventuras más. Es mi primera escapada grupal lejos de las fronteras. Mientras pasan los minutos me conecto a una red wifi, nos comunicarnos con ellos y nos dicen que han aterrizado en otra terminal. Estamos en la antigua, algo que podía resultar evidente si antes hubiéramos tenido en en cuenta que viajamos con Ryanair.

Salimos a la calle y nos recibe una bofetada de frío polar ártico, ese frío que si te tapas con infinitas capas de ropa Inditex subsistes con cierto confort, pero como te atrevas a dejar un centímetro cuadrado de tu cuerpo desprotegido, te convierte la piel en una pared de hielo que oprime la mismísima circulación de la sangre. Y al fin nos encontramos ambos grupos. Rumbo a Temple Bar.

DSC_0003Bajo copos de aguanieve y entre esas fachadas tan típicamente británicas de rojo ladrillo alcanzamos nuestro hotel, en el que dormiremos Marta y yo. Nos reciben unos correctos hindús y rápidamente nos damos cuenta que la categoría hotel la alcanza simplemente por ser un lugar donde es posible pasar la noche, en una cama, bajo un techo y pagando un precio. Lo más elemental del concepto alojamiento, pues el resto de consideraciones decido obviarlas por mi propio bienestar mental. El precio, menos de la mitad que el segundo alojamiento más barato de Dublín, ya apuntaba maneras. Eso sí, ubicado en el mismo epicentro de Temple Bar, nos permite volver a la calle y dedicar ya nuestras últimas reservas de energía a buscar un sitio para comer. Titubeamos escasos minutos hasta que nos rendimos muy fácilmente a la comodidad e inmediatez de comer en una hamburguesería cercana.

Con el estómago lleno y la mente despierta tras compartir espacio con una despedida de solteros de un grupo de alemanes algo perjudicados, dejamos atrás Temple Bar sin apenas habernos fijado más que en la cantidad de personas que circulan por allí. En la gente y en los pubs ahora cerrados con sus puertas, ventanas y carteles de madera, de vivos colores verdes y rojos, ya nos fijaremos mejor alguna de estas noches. Puede ser brutal. Pero las prisas por empezar a caminar el viaje nos expulsan rápidamente de aquí.

Y así nos dirigimos a Trinity College. Reandamos el camino recorrido hace unas horas desde la parada del bus hasta nuestro hotel y le sumamos unos 500 metros más. El GPS insinúa que ya hemos llegado, justo antes de que una callejuela con aires de la Londres de la época victoriana se abra a nuestra derecha anunciando el camino hacia el corazón de algo importante. Y allí está.

DSC_0006DSC_0007El formalmente nombrado como Colegio de la Santa e Indivisible Trinidad de la Reina Isabel cerca de Dublín, es la universidad más antigua de Irlanda, fundada en el año 1592 y que ocupa 147.000 m2. Tomamos un camino rodeados de antiguos edificios que evidencian ese aire histórico que se le presupone a un lugar así. Desembocamos en un enorme patio, cuyo protagonista es un longevo y colosal árbol. Mientras tanto yo sigo buscando ese equilibrio entre disfrutar de la fotografía y no perder de vista a mis compañeros.

Seguimos paseando frente a notables edificios. Una lástima no haber podido contratar una visita guiada, las fachadas y muros imaginan tal importancia que sobrepasan demasiado lo que podemos apreciar con nuestros sentidos. El paseo nos lleva a alcanzar una puerta donde se aglutinan decenas de personas. Debe ser la biblioteca. Sin referencias visuales decidimos no entrar, aunque posiblemente con una rápida búsqueda de imágenes en el buscador de Google me arrepentiré.

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Nos cruzamos con un partido de rugby de la universidad. No entiendo el juego pero me paro allí junto a un par de decenas de espectadores dejándome embriagar por los gritos y aplausos, por las carreras y golpetazos de los jugadores. Pocos momentos más irish me puedo imaginar.

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Tras salir del recinto del Trinity College discurrimos por algunas calles algo sosas hasta alcanzar la entrada al parque St Stephen’s Green. Entramos, justo cuando un grupo sigue a un guía ataviado con la vestimenta típica de un soldado de la Primera Guerra Mundial. Caminamos junto a un lago, hogar de varios tipos de aves. El parque en sí es agradable, pero nada que no puedas encontrar en la mayoría de ciudades del primer mundo.

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Cuando nos disponemos a salir vuelve a llover, esta vez un txirimiri que apenas ni moja ni molesta. Y así, bajo estas condiciones continuamos la marcha por una zona adyacente al parque. Muchas tiendas, cafeterías y bares, sitio típicamente comercial. Y lugar perfecto donde hacer una parada para tomar nuestro primer café. Había olvidado el tamaño tanque de los cafés fuera de mis fronteras.

Con el tiempo más calmado volvemos a nuestra ruta por Dublín este-oeste. Cerca de aquí está el Dublin Castle, algo que nos confirma uno de los tantos españoles que escuchamos por las calles de Dublín. Somos colonia aquí. Volteamos para llegar a la entrada, accedemos al recinto y justo tras la primera esquina aparece el edificio. Me parece muy bonito, sobre todo la torre circular cuyo importante diámetro le hace ser el corazón del conjunto. Fotos, fotos y fotos. El castillo, según cuentan las guías, ha servido a un gran número de roles a lo largo de los siglos desde su reconstrucción en el s.XVIII: sede del Reino de Irlanda, Cortes de Justicia, ceremonias de Estado o reuniones del Consejo de Europa. Subimos la cuesta hasta dar a un patio interior rodado de solemnes fachadas.

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Volvemos hacia atrás y salimos por el otro extremo, justo detrás de la torre circular. Me giro tras otra foto más y han desaparecido mis compañeros de viaje. Camino algunos metros y me los encuentro husmeando en un bonito jardín frente al cual se alza una muralla que parece del mismo tiempo que el Castillo de Dublín. Ni lo sé ni creo que lo sepa nunca. Otra vez en marcha nos dirigimos con nuestro inseparable Google Maps hacia el siguiente destino.

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Nos acercamos a la Catedral de San Patricio cuando nos cruzarnos con un perro que parece abandonado. Pero sus movimientos son muy decididos.. Va al parque a mear y vuelve por el mismo paso de peatones, lo que nos induce a pensar que es el perro de alguna casa completamente independiente. Mientras sigo observando al perro no me doy cuenta que ya tengo justo enfrente la imponente Catedral. Construida en el año 1200 cuenta la leyenda que justo al lado había un pozo en el que San Patricio bautizaba a aquellos que se convertían del paganismo al cristianismo. La torre situada a nuestra derecha y construida en 1370 es la que le da ese aire tan monumental, ayudado por el espacio verde que la rodea y que permite apreciarla desde cierta distancia. Me gusta especialmente el color de sus paredes, ese gris antiguo y húmedo a conjunto con el cielo. Y las formas de las ventanas.

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Nuestra ruta circular empieza a llegar a su fin. Estoy contento porque a pesar de ser un grupo relativamente grande ha discurrido todo muy fluido. En la misma línea nos dirigimos al siguiente destino a través de más calles insípidas, aunque aquí el toque de dejadez está aún más presente. La arquitectura de las calles dublinesas con este punto de dejadez me recuerda mucho a las películas británicas cuando el personaje camina por alguna calle marginal de un barrio obrero cualquiera. No caigo en una película concreta, ¿quizá Full Monty? ¿Quizá Trainspotting? Es esa estética.

Y así llegamos a la Catedral Christ Church. No ocupa tanto espacio ni tiene tanta perspectiva como la anterior, pero las formas de sus ventanas y tejados, el viejo gris y el vivo verde que la rodea son el mismo. Me parece espectacular el aire medieval que transmiten ambas. La Catedral Christ Church es la más antigua de Dublín, construida en el 1028 y como nota curiosa, tiene al menos una campana desde el año 1038. Apenas la volteamos para seguir nuestro camino hacia Temple Bar. Las piernas empiezan a decir basta.

Estamos entrando por el otro extremo de Temple Bar. Con los rayos del sol menguantes pero dando una cálida luz, el rojo de las fachadas es más intenso aún que hace unas horas. Recorremos la calle entre el gentío y decidimos entrar al supermercado que está frente a nuestro hotel. Los precios son prohibitivos. Continuamos la marcha y acompañamos a nuestros amigos en autobús a hacer el check-in de su apartamento. Con la noche anunciando su llegada decidimos comprar la cena en un supermercado próximo al apartamento, con unos precios algo más sensatos. Es lo último que haremos hoy, pues el cansancio acumulado nos impide por mayoría absoluta vivir una experiencia tan típicamente irlandesa como disfrutar el ambiente de un pub. A nosotros ya sólo nos queda volver a pie a nuestro antro, sumergiéndonos en el animado Temple Bar donde más mendigos de los que cabría esperar, junto al estado de algunas calles recorridas durante el día de hoy, me llevan a la conclusión de que aquí la crisis pegó muy fuerte.

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