Indonesia (Día 7). Templo Gunung Kawi. Templo Tirta Empul. Arrozales Tengalang. Templo Mengwi.

ÍNDICE VIAJE

FICHA

FICHA

DÍA 1 y DÍA 2Llegada a Jakarta. Borneo.
DÍA 3Borneo
DÍA 4Borneo. Hacia el Volcán Bromo.
DÍA 5Volcán Bromo. Hacia el Volcán Ijen.
DÍA 6Volcán Ijen. Hacia Ubud.
DÍA 7Templo Gunung Kawi. Templo Tirta Empul. Arrozales Tengalang. Templo Mengwi.
DÍA 8Templo Pura Besakih. Pueblo Tenganan.
DÍA 9Ubud. Templo Tanah Lot.
DÍA 10Volcán Batur. Cascadas NungNung.
DÍA 11Templo Ulun Danu. Lagos Gemelos. Cascadas Munduk. Arrozales Jatiluwih.
DÍA 12Hacia Kanawa.
DÍA 13Kanawa.
DÍA 14Kanawa. Rinca.
DÍA 15Kanawa. Pueblo de pescadores.
DÍA 16Kanawa.
DÍA 17Kanawa. Labuan Bajo.
DÍA 18Hacia Sulawesi (Tana Toraja).
DÍA 19Rantepao.
DÍA 20Bolu Market. Marante. Palawa.
DÍA 21Funeral Tana Toraja. Kambira. Tampangallo. Suaya.
DÍA 22Trekking Lempo-Batutumonga.
DÍA 23Lemo. Londa. Ke’ Te’ Kesu’.
DÍA 24Yogyakarta.
DÍA 25 y DÍA 26Yogyakarta. Jakarta.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Bali, el sorpresón del viaje. Vinimos con reservas por la posibilidad de encontrarnos una isla que hubiera perdido su autenticidad por el turismo y nos hemos encontrado todo lo contrario.El Templo Gunung Kawi, o lo que describe la Lonely Planet es erróneo, o no lo hemos sabido encontrar, o no hemos visto ese templo. Misterio.
Movernos en Bali en moto. Libertad para descubrir sus sinuosas carreteras rodeadas de basta vegetación tropical.

DIARIO

Desayunamos. Me dirijo a pagar la habitación al hombre del hotel. Por una cuestión de disponibilidad nos vimos obligados a reservar otro alojamiento para el resto de días en Ubud. Presto atención al bonito jardín. Parece un zoo, con ranas, gallos y loros. Caminamos hasta el siguiente hotel con las mochilas a cuestas. Un poco paliza. El hotel es una casa de dos plantas, la familia vive abajo y arriba tienen las habitaciones. Parecen majos. Preguntamos por el alquiler de motos y nos ofrecen ellos mismos alquilarnos el scooter. Accedemos. Con la ruta cogida del wifi del hotel y el GPS activado ponemos rumbo hacia el primer templo.

Tal y como nos alejamos de Ubud nos encontramos en carreterillas entre densa vegetación, montañas, arrozales y campesinos locales. Bali es mucho más genuina de lo que esperábamos. Excelente sorpresa. Tras bajar una empinada calle con la moto de juguete llegamos al Templo Gunung Kawi. Dejamos los cascos colgados en el manillar de la moto. Al principio tengo ciertos reparos pero observando al resto es lo normal aquí. Contaremos la experiencia al final del viaje. Pagamos la entrada y nos enrollan en los respectivos pareos para cubrirnos las piernas. Entramos y paseamos por los jardines. Nos parece algo frío, artificial. Pero lo peor de todo es que la guía nos habla de una empinada escalera de piedra que desciende al río, 10 santuarios excavados en la roca de 8 metros de altura y una solitaria candi levantada a 1 km de aquí en un camino entre arrozales. Ni río, ni santuarios, ni roca excavada, ni camino entre arrozales. No vemos absolutamente nada de eso. Quizá nos han colado el primer gol o quizá no somos capaces de encontrar el sendero correcto. En todo caso tenemos un primer aviso: situarnos en Bali no va a resultar tan sencillo.

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DSC_126El siguiente templo está muy cerca de Gunung Kawi, a saber si el falso o el verdadero. Vemos unos autocares estacionados. Anuncian turismo. Y así es. Nos vuelven a colocar el pareo en la entrada pero en esta ocasión nos piden pagar. Nos han cogido desinformados sobre si este pago es obligado o no, así que ante la ignorancia accedemos. El primer espacio del Templo Tirta Empul es la zona de baños. El agua viene de los manantiales sagrados, descubiertos en el 962 a.C y que según la creencia popular están dotados de cualidades milagrosas. Como es de esperar están atestado de gente, así que pasamos de largo y nos adentramos en el complejo.

Tirtha Empul

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El templo es parecido al anterior pero con más construcciones, más adornos, más colores. En definitiva, más vivo. Lo rodeamos por su costado izquierdo y al final del pasillo encontramos un buen lugar donde probar las patatas de gambas picantes que me he comprado en Ubud para picar. Me encantan. Seguimos rodeando el lugar, distrayéndome de las pequeñas y curiosas esculturas. Entre la multitud de arquitecturas y junto a lo que parece el manantial principal un grupo de balineses rezan. Me acerco para sacar una buena foto pero un local amablemente me pide que me retire. Seguimos fisgoneando, llamándome la atención las tallas de madera y los intensos colores dorados de los interiores de los tejados. El templo sin ser espectacular, es bonito. Y llega el momento de acabarme la bolsa de patatas de gambas picantes.

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Subimos por un camino que apunta a perderse por la montaña, junto a un río o afluente que bien podrían ser el río Pakerisan que cruza el Tirta Empul y el Gunung Kawi. Pero nos echamos atrás. Queda mucha jornada aún por delante como para perder demasiado tiempo aquí. Aún así nos sorprende que apenas cincuenta metros de un simple camino rural te puedan llevar a un entorno tan diferente.

Ya de vuelta paramos en un mercadillo que habíamos advertido a la ida. Cero turistas. Incluso nos piden fotos sorprendidos por nuestra presencia. Compramos dos pañuelos creyendo que no estamos pagando ninguna barbaridad, un euro por pieza, pero el gesto de alegría y las miradas entre ellos sin esconderse señala otra cosa. Comemos un soso tofu y volvemos a la moto.

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Enseguida estamos rodeados de nuevo de bosques tropicales y arrozales. Me sigo asombrando con lo rural que llega a ser Bali. Este destino a todos nos evoca otra cosa. Serpenteamos por las carreteras en dirección a los arrozales de Tengalang.

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Llegamos a un núcleo turístico. Un mayor número de tiendas y restaurantes lo delatan, siempre en el contexto rural que en todo momento nos acompaña. De repente a nuestra izquierda se descubren los arrozales. No pueden ser otros. La imagen es atractiva pero se ubican en una sola colina y el entorno algo más masificado le resta algo de encanto. Un hombre que nos ve circular dubitativos nos señala un hueco para estacionar. Sin pensarlo sigo sus indicaciones aunque al instante me pregunto si querrá cobrarnos algo. No, lo que quiere es que vayamos a comer a su restaurante con vistas. Damos una vuelta, nos hacemos las pertinentes fotos y al volver el hombre me da las llaves de la moto. Primera vez que me las dejo de las muchas que vendrán. Seguro. El hombre se ha ganado nuestro dinero, así que subimos al restaurante. Las vistas son muy buenas aunque cuando veo la carta de precios me entra un sudor frío. Hoy tocará comer poco.

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Recorremos casi hora y media hasta el siguiente templo. Esperábamos estar menos tiempo y aprovechar para bajar a la costa para visitar el Tanah Lot pero la paliza ha sido importante. Ha sido el primer trayecto donde hemos vivido el tráfico de Bali, con el agotamiento mental de estar adelantando continuamente todo tipo de vehículos con y sin ruedas y el consiguiente dolor en el trasero tras tanto tiempo subidos en la moto.

Tal y como accedemos a la calle que conduce al Templo Mengwi percibimos cierto alboroto. El volumen de coches y motos y la cantidad de locales que van hacia el templo nos advierten de algo. Aparcamos la moto junto a un centenar más y accedemos al complejo. Está hasta los topes de hindúes ataviados con sus vestimentas blancas típicas. Algo se celebra. Nos mezclamos entre ellos y seguimos la marcha . Apenas nos miran. Se dirigen tan tranquilamente, hablando de sus cosas, a la ceremonia que ya se puede ver desde aquí fuera.

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El templo en sí es parecido a los demás aunque destacan las numerosas pagodas que lo rodean. Es bonito pero lo espectacular es ver la ceremonia, seguir los movimientos y rezos de los asistentes, escuchar la música. Sin ser tan mística como las ceremonias budistas transmite la paz necesaria para limitarnos a mirar y desconectar un poco de la fatiga del día. Damos la vuelta al templo y nos sentamos en una bonita plataforma con tejado para merendar, apartados de todo. Cuando volvemos muchos hindúes salen de la ceremonia. Nos introducimos en el tumulto. Siguen sin hacernos caso.

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Tras la paliza de la vuelta, a la que se suma que se nos hace de noche, encontramos en una calle de Ubud el restaurante más barato hasta la fecha en Indonesia. Por fin.

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