Indonesia (Día 4). Borneo. Hacia el Volcán Bromo.

ÍNDICE VIAJE

FICHA

FICHA

DÍA 1 y DÍA 2Llegada a Jakarta. Borneo.
DÍA 3Borneo
DÍA 4Borneo. Hacia el Volcán Bromo.
DÍA 5Volcán Bromo. Hacia el Volcán Ijen.
DÍA 6Volcán Ijen. Hacia Ubud.
DÍA 7Templo Gunung Kawi. Templo Tirta Empul. Arrozales Tengalang. Templo Mengwi.
DÍA 8Templo Pura Besakih. Pueblo Tenganan.
DÍA 9Ubud. Templo Tanah Lot.
DÍA 10Volcán Batur. Cascadas NungNung.
DÍA 11Templo Ulun Danu. Lagos Gemelos. Cascadas Munduk. Arrozales Jatiluwih.
DÍA 12Hacia Kanawa.
DÍA 13Kanawa.
DÍA 14Kanawa. Rinca.
DÍA 15Kanawa. Pueblo de pescadores.
DÍA 16Kanawa.
DÍA 17Kanawa. Labuan Bajo.
DÍA 18Hacia Sulawesi (Tana Toraja).
DÍA 19Rantepao.
DÍA 20Bolu Market. Marante. Palawa.
DÍA 21Funeral Tana Toraja. Kambira. Tampangallo. Suaya.
DÍA 22Trekking Lempo-Batutumonga.
DÍA 23Lemo. Londa. Ke’ Te’ Kesu’.
DÍA 24Yogyakarta.
DÍA 25 y DÍA 26Yogyakarta. Jakarta.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
La amabilidad del guía y sus acompañantes ha sido de 10. Como en casa.Dejar atrás Borneo.
El trayecto desde que dejamos Borneo hasta que llegamos a las faldas del volcán Bromo es farragoso.

DIARIO

Nos despertamos perezosamente y desayunamos de nuevo en lo alto de la embarcación, descansando la mirada en la tranquilidad de las aguas o en las formas de alguna palmera. Ayer me despedí de nuestros primos evolutivos, hoy hago lo propio con esa mansa pero intensa sensación de unión con un entorno natural, con esa imperturbable línea serpenteante por la que hemos navegado plácidamente durante tres días.

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Arranca el barco rumbo a Kumai. Nos sentamos en la parte delantera, aprovechando estas últimas millas para hacer alguna fotografía más. El ayudante me hace una señal para que baje al morro de la proa embarcación. Les hago un par de fotos y me dicen que entre con ellos. Se respira felicidad, además de la curiosidad que tengo por trastear los rupestres aparatos de navegación. De alguna forma siento que nos estamos despidiendo.

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Paris da un grito. Al sobresalto le siguen unos instantes de incertidumbre por saber qué ha visto ya nuestro amigo y que nosotros no veríamos ni en cuatro vidas. Primero le localizamos a él y luego la dirección que señala su dedo índice. Es un orangután en la mismísima orilla. Parece como si hubiera venido hasta aquí para despedirse. El barco empieza a maniobrar para acercarse a la orilla, tanto que tengo que esforzarme para no clavarme alguna hoja de palmera en un ojo. Me siento excitado ante la posibilidad de encontrarme de morros con un orangután, aquí y sin esperarlo. Paris saca unas bananas, ofreciéndolas al viento, mientras el barco maniobra de mil maneras para colocarse en la mejor posición. Parece un juego, el juego de unos niños que disfrutan de las posibilidades de su entorno, buscando un orangután desde una embarcación en un río de la Selva de Borneo. Cuando piense esto en mi casa alucinaré. Nosotros ya hemos perdido esa naturalidad. El tímido orangután parece que lo sabe y prefiere no volver a salir.

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Salimos de nuestro riachuelo por el lado izquierdo. Quieren que veamos esa escultura de un simio con el nombre de Tanjung Puting Natural Park. Quieren que nos despidamos de una de las experiencias más placenteras que he tenido lejos de casa. Y precisamente minutos después de comentar Marta y yo que no creíamos que nos iban a dar de comer de nuevo, aparecen con un plato de noodles con tortilla. A punto de reventar pero no decimos que no. Arribamos a Kumai, con la presencia humana protagonista de todo. Los pajareros, las destartaladas casas encima del agua y los barcos.

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De nuevo en el coche en dirección al aeropuerto Paris nos va mostrando los pueblos, por llamarnos de alguna manera, de su mujer, del capitán, de su primo Toris, etc. Sin más llegamos a nuestro destino, nos despedimos y le damos las gracias por tan maravillosa experiencia. Y aquí estamos, diciendo adiós, aunque por suerte con la grata compañía de una pareja de vascos con los que creo que nos hemos cruzado en algún centro de rehabilitación, hablando de viajes y de furgonetas camper, y viendo pasar el tiempo esperando nuestro avión que vuelve a llegar tarde.

Aterrizamos en Surabaya. Nuestro segundo guía es un hombre de cuarenta y tantos que transmite una apariencia más formal. Nos subimos al coche dispuestos a recorrer la isla de Java durante incontables horas, en dirección al volcán Bromo, y aunque sin tener la espontaneidad que de Paris, se esmera en darnos conversación continuamente, buscando mantenernos interesados y conectados tanto con él como con la experiencia que viene a continuación. Circulamos durante horas y horas por interminables carreteras, cargadas de todo. Tráfico, tiendas, puebluchos de carretera y más tráfico. Se nos hace de noche y paramos en la primera gasolinera para repostar. El guía entra y yo voy detrás. Muy alarmado me pregunta si he dejado el coche solo pero Marta está dentro. Hemos vuelto a las preocupaciones propias de la civilización.

Empezamos a ascender por carreteras de montaña. De repente desacelera, abre la ventanilla y frena junto a un improvisado puesto en medio de la carretera. Le da un billete a varias personas corrientes que parecen supervisar el paso. No osamos preguntarle pero aquello tiene toda la pinta de ser un peaje espontáneo de alguna mafia local. Unos kilómetros más adelante unos personajes junto a varios todoterrenos, preciosos por cierto, empiezan a hacerle señales a nuestro conductor. Parece como si le intentaran amedrentar, pero nuestro guía sin reducir la marcha los ignora completamente. Un poco más allá lo mismo. Finalmente de alguna manera sale el tema. y Aidey, sin miramientos, nos explica que son mafias locales con dudosas prácticas, que han llegado a dejar tirados a engañados turistas a mitad de camino. Por el número y vehemencia con la que se tiran a la carretera para que nuestro coche frene parece que venir aquí con guía es indispensable.

Estamos llegando. Aidey nos pregunta si llevamos ropa de abrigo. Resulta que no. Se lleva las manos a la cabeza y nos pide disculpas por no habernos avisado de que a más de 2300 metros de altura y a horas intempestivas de la noche va a hacer mucho, mucho frío. Obviamente la torpeza ha sido nuestra. Un volcán no es una playa tropical.

Llegamos a un hotel con un enorme jardín comunitario. Aidey nos dice que no nos preocupemos, que ahora mismo nos consigue abrigo. Y así es. Lo vemos venir con dos abrigos que ha alquilado en el hotel y además, invita él. Un detalle. Nos bajamos del coche y el frío nos recibe con una enorme bofetada. No era una broma. Pero me gusta, veníamos con el calor tropical en el cuerpo y esta sensación de frío me encanta. Cenamos y a dormir, esta noche a las 3 de la madrugada tendremos a Aidey en la puerta para nuestra primera experiencia javanesa: ver el volcán Bromo al amanecer.

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