Indonesia (Día 18). Hacia Sulawesi (Tana Toraja).

Día 18. Hacia Sulawesi (Tana Toraja)

Hoy será el peor día del viaje porque nos espera una paliza. Nos subimos en la van con una familia de holandeses con unas enormes maletas. Intuyo que son los típicos turistas de encerrarse en un resort durante toda su estancia en el país. Aunque lo que más me llama la atención es la camiseta de la selección holandesa que lleva uno de los mayores. No sé hasta qué punto es necesario llevarla en una isla que fue colonia holandesa.

Llegamos al aeropuerto y decenas de policías aguardan en el exterior. Parece que esperan a alguien. Entramos y vamos al mostrador. Nuestro gran miedo era que el caprichoso volcán Raung expulsara más ceniza a la atmósfera. Parece que nuestro vuelo está en orden, pero no así para otros turistas. Una pareja extranjera reclama con vehemencia. Después, unos españoles hacen lo propio. El llanto se apodera del lugar. Uno de los chicos nos explica que su agencia anuló los billetes sin avisarles y la compañía los ha vendido a otros pasajeros. No tienen billetes hasta mañana. Y lo peor, es que por lo visto empalmaban con el avión intercontinental. Mala idea.

Aterrizamos en Denpasar. Salimos en busca de un taxi que nos lleve a la ciudad en busca de un cargador para mi cámara. Apenas medio kilómetro recorrido tras la valla de seguridad ya estamos circulando por el mismísimo centro. Nos deja enfrente de un centro comercial. No lo tienen. Entramos en otro más adelante con el rótulo de Nikon. Nada. Entramos en otras tantas tiendas de la ciudad. Tampoco. Me frustro. Desandamos el camino sabiendo que muy posiblemente tendré que ingeniármelas para acabar todo el viaje con la batería que me queda. Y al disgusto lo acompaña la monstruosidad que es Denpasar. Es Lloret de Mar pero con aún más restaurantes, más centros comerciales, comerciales en cada esquina repartiendo flyers. Una mujer con una falsa sonrisa se acerca para darnos uno. La enviamos a freír espárragos. Sinceramente, la ciudad da bastante grima.

Cogemos otro taxi. Le pedimos que nos deje unos centenares de metros antes del aeropuerto. Buscamos huir de los abusivos precios de las miles de terrazas de la ciudad. Vemos un antro con dos chicas musulmanas que preparan comidas a la vista y con esmero. Comida correcta y a un precio digno. Nos vale. Ahora ya sólo queda volver al aeropuerto. Hacemos tiempo en él. Un cigarro en uno de esos fumaderos habilitados, un zumo, al wc, un rato de wifi y ver pasar a una pareja de chicas indonesias extremadamente guapas. Creo que incluso Marta se queda pasmada.

Y otro vuelo más. Ya en Sulawesi, agotados y de noche, esperamos en la cinta nuestras maletas. Una pareja europea de unos 50 años aguarda con nosotros. Nos preguntan si llevamos billete para hacer el trayecto entre Makasar y Rantepao. Pues no, venimos a la aventura. Entonces nos ofrecen llamar desde su móvil a la compañía de autocares. Lo hacen y reservan. Hay gente realmente encantadora. Aún hay esperanza en éste, nuestro mundo.

Compartimos el taxi con ellos y llegamos a la estación de autocares. La mujer negociando es tremenda. Para tener la edad que tienen saben lo que hacen. Nos han explicado que ella es austriaca y él francés, los destinos que quieren visitar y las típicas cosas que te cuentas cuando hablas con un viajero. Buscamos la oficina de la compañía de autocares y pagamos nuestro billete reservado en el autobús VIP. La oficina y la estación son un antro, repleta de niños pidiendo limosna y vendiendo cosas. El aeropuerto ya denotaba que esta isla es más pobre que el resto de Indonesia. Y no es pobreza por ser una zona rural, ya que Makasar es una ciudad grande.

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Husmeamos por la estación en busca de un sitio para cenar pero el único restaurante es mugriento. Como toda la estación. Aún así entramos y la mujer pide probar la comida. Parece que no le convence, así que acabamos por conformarnos con cuatro bolsas de patatas de un kiosko. Mientras esperamos la mujer, maja como ella sola, nos da conversación continuamente. Él va más a la suya. Y así hasta que cogemos el autocar. Amplio, cómodo. A priori buena elección, aunque me despierto un centenar de veces porque literalmente boto de la butaca. Las carreteras de la isla son un desastre. Se confirma el apunte sobre la pobreza de Sulawesi.

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