Indonesia (Día 14). Kanawa. Rinca.

ÍNDICE VIAJE

FICHA

FICHA

DÍA 1 y DÍA 2Llegada a Jakarta. Borneo.
DÍA 3Borneo
DÍA 4Borneo. Hacia el Volcán Bromo.
DÍA 5Volcán Bromo. Hacia el Volcán Ijen.
DÍA 6Volcán Ijen. Hacia Ubud.
DÍA 7Templo Gunung Kawi. Templo Tirta Empul. Arrozales Tengalang. Templo Mengwi.
DÍA 8Templo Pura Besakih. Pueblo Tenganan.
DÍA 9Ubud. Templo Tanah Lot.
DÍA 10Volcán Batur. Cascadas NungNung.
DÍA 11Templo Ulun Danu. Lagos Gemelos. Cascadas Munduk. Arrozales Jatiluwih.
DÍA 12Hacia Kanawa.
DÍA 13Kanawa.
DÍA 14Kanawa. Rinca.
DÍA 15Kanawa. Pueblo de pescadores.
DÍA 16Kanawa.
DÍA 17Kanawa. Labuan Bajo.
DÍA 18Hacia Sulawesi (Tana Toraja).
DÍA 19Rantepao.
DÍA 20Bolu Market. Marante. Palawa.
DÍA 21Funeral Tana Toraja. Kambira. Tampangallo. Suaya.
DÍA 22Trekking Lempo-Batutumonga.
DÍA 23Lemo. Londa. Ke’ Te’ Kesu’.
DÍA 24Yogyakarta.
DÍA 25 y DÍA 26Yogyakarta. Jakarta.

RESUMEN DEL DÍA

DIARIO

En el barco, con el capitán Carlton y camino a Rinca para buscar el dragón de Komodo. Así empieza el día de hoy. El enorme reptil es uno de los principales motivos por los que hemos venido al Mar de Flores. Además, después de dos días en la pequeña isla de Kanawa apetece mover el cuerpo seguidamente más de 50 metros. El plan resulta apetecible. Pero antes haremos algunas visitas más. Después de varios centenares de saltos surcando las olas y de ver cómo la tripulación se divierte pescando la embarcación se acerca a un islote en medio del mar. Hemos llegado a Batu Bulong, nuestra primera actividad del día, un punto para practicar snorkeling. Nos sueltan allí en medio, con las gafas, el tubo y unas aletas para salvar la fuerte marea que nos mueve de lado a lado. Nos acercamos al islote y zambullimos la cabeza en el agua. Los mismos colores pero más peces que en Kanawa, bailando todos ellos al son de la marea, con sus colores brillando bajo los rayos del sol que se cuelan hasta aquí abajo. Un espectáculo. Sin más.

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Reanudamos la marcha. Estoy desfondado, no es lo mismo hacer snorkel en las mansas aguas del Mediterráneo que aquí. Entre bonitas islas color camel navegamos, mientras el capitán sigue con su pesca matutina, hasta que en mitad de la nada el barco para. Estamos en Manta Point. Seguimos el mismo ritual. En mar abierto el oleaje es especialmente fuerte. El guía marca el paso. Escucho unas voces de alarma y miro bajo el agua. Dios mío, ahí están. Unas enormes sombras a ras del fondo del mar, con unos movimientos lentos, acompasados. Son realmente grandes. Intento seguir al guía pero cada segundo que pierdo grabado con la GoPro me supone un descomunal esfuerzo para volver a coger al grupo. La marea empuja en dirección contrario. Cojo al grupo y vuelvo a zambullir la cabeza. Me imagino esas sombras subiendo hasta mi. Y más cuando voy con la lengua fuera. Acongoja.

**VÍDEO GoPro**

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Bordeamos una isla de un considerable tamaño. Creo que esto ya es Rinca. Nos acercamos a la orilla y el capitán con ayuda de los rangers amarra la embarcación en un ínfimo puerto. Ya hemos llegado. Seguimos al guía por un camino preparado. Alrededor no hay señal de vida, de ningún tipo. Sólo sabana, hierbajos quemados por el sol y algún que otro arbusto. Pasamos debajo de un panel que nos da la bienvenida y minutos después llegamos a la caseta de los rangers de la isla. Tras cuatro indicaciones empezamos el tour por la isla. Pasamos por una zona boscosa. Torcemos a mano derecha y al final del sendero nos enseñan una zona de cría del dragón de Komodo. Luego cruzamos un río, donde el ranger nos señala rastros del dragón. Seguimos en busca del reptil que de momento no aparece.

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Ahora subimos una colina y en lo alto se disfrutan de unas vistas preciosas de la isla. El color amarillento de la hierba contrasta con el intenso azul del mar. Bajamos y me percato de que hemos vuelto al campamento de los rangers. No ha habido suerte, como ya habíamos leído en los foros de internet, no es tan fácil ver a los enormes reptiles en libertad. 

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Nos acercamos y de repente nos topamos con una figura, una descomunal figura. Venía avisado de que, a pesar de la dificultad de ver dragones campando a sus anchas por la isla, hay algunos ejemplares que deambulan por la zona del campamento. Y éste ha de ser uno de ellos. O una, porque la enorme panza apunta a una dragón de Komodo embarazada. Los guías nos insisten en que no nos acercamos pero el animal parece que apenas puede moverse. Todos los allí presentes nos confiamos. Pero entonces otra figura se asoma debajo de una de las casas elevadas del campamento. Es otro dragón y éste parece estar mucho más ágil que la anterior en caso de tener hambre. Otra brutal expresión de la naturaleza de Indonesia.

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Nos cruzamos con dos dragones más. Uno de ellos parece querer alzarse para entrar en una casa, con escaso éxito. Algo habrá olido. Otro pasea por la zona. Es increíble contemplar las dimensiones de estas lagartijas gigantes. El dragón de Komodo es el reptil más grande del mundo, con una longitud media de dos a tres metros y un peso de unos 70 kg. Un monstruo. Aunque son carroñeros, pudiendo oler una presa malherida a más de 9 km de distancia, también atacan. Y aunque es raro, también se han producido ataques a humanos despistados en la isla de Komodo. Un monstruo al que hay que tener mucho respeto. Mucho.

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Acabamos la visita tomando un par de refrescos en una zona habilitada con mesas. En la estancia de al lado un guarda duerme sentado con la cabeza empotrada contra la mesa. La dura vida de estos lares. Ya sólo queda volver a nuestra querida Kanawa, bajo uno de esos bellos atardeceres que nos brinda el cielo de aquí.

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