Indonesia (Día 12). Hacia Kanawa.

ÍNDICE VIAJE

FICHA

FICHA

DÍA 1 y DÍA 2Llegada a Jakarta. Borneo.
DÍA 3Borneo
DÍA 4Borneo. Hacia el Volcán Bromo.
DÍA 5Volcán Bromo. Hacia el Volcán Ijen.
DÍA 6Volcán Ijen. Hacia Ubud.
DÍA 7Templo Gunung Kawi. Templo Tirta Empul. Arrozales Tengalang. Templo Mengwi.
DÍA 8Templo Pura Besakih. Pueblo Tenganan.
DÍA 9Ubud. Templo Tanah Lot.
DÍA 10Volcán Batur. Cascadas NungNung.
DÍA 11Templo Ulun Danu. Lagos Gemelos. Cascadas Munduk. Arrozales Jatiluwih.
DÍA 12Hacia Kanawa.
DÍA 13Kanawa.
DÍA 14Kanawa. Rinca.
DÍA 15Kanawa. Pueblo de pescadores.
DÍA 16Kanawa.
DÍA 17Kanawa. Labuan Bajo.
DÍA 18Hacia Sulawesi (Tana Toraja).
DÍA 19Rantepao.
DÍA 20Bolu Market. Marante. Palawa.
DÍA 21Funeral Tana Toraja. Kambira. Tampangallo. Suaya.
DÍA 22Trekking Lempo-Batutumonga.
DÍA 23Lemo. Londa. Ke’ Te’ Kesu’.
DÍA 24Yogyakarta.
DÍA 25 y DÍA 26Yogyakarta. Jakarta.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Kanawa, el concepto real de playa paradisíaca que siempre había soñado.

DIARIO

A priori esperaba estar durmiendo en estos momentos tras el madrugón de hoy. Resulta que no es así. Las espectaculares vistas aéreas de los volcanes y montañas de Bali, más tarde las redondeadas islas del Mar de Flores y que es la primera vez que vuelo en un avión a hélices, hacen que tenga los ojos como platos observando todo lo que acontece ahí abajo. Por cierto, una gozada el ultrasilencioso avión a hélices de Garuda Indonesia.

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Aterrizamos en LabuanBajo. El aeropuerto es casi tan ínfimo como el de Borneo. Casi. Esperamos las maletas cuando un señor que nos ha escuchado hablar de nuestros siguientes planes de viaje se acerca. Es un catalán de mediana edad que lleva visitando la zona muchos años, submarinista y enamorado del Mar de Flores, que estuvo el año pasado en la isla de Kanawa, de la que nos explica que es propiedad de un leridano y dos italianos y que es preciosa. Esto último es lo que espero encontrar. Una conversación amigable, ligera, una buena carta de presentación de nuestro siguiente destino.

Cogemos un taxi. Los indonesios aquí son diferentes, físicamente se les adivina fácilmente que fueron colonia portuguesa hasta el s.XIX. Pelo rizado, oscuro, me recuerdan al jugador de fútbol Nani del Manchester United. Tienen hasta ese aire cani vistiendo y peinando. Con poco más tiempo que el necesario para hacer estas observaciones llegamos a LabuanBajo, justo delante de la oficina de Kanawa Island Resort. Labuan es muy feo, una calle sin asfaltar con casuchas y un ambiente extraño, poco amistoso pero sin revelar peligro alguno. En definitiva, es un cochambroso pueblo pesquero del que cuatro comercios viven principalmente del submarinismo que los extranjeros practican en las islas del Mar de Flores.

Después del check-in hacemos tiempo en un bar original, con puffs y mesas bajas, aunque algo caro. Compartimos espacio con apenas unos pocos turistas y un hombre que parece el dueño, un italiano que se despide de nosotros abiertamente. Llega la hora de marchar. El grupo de turistas partimos hacia el puerto andando mientras que las maletas van en una furgoneta. Me fijo en una pareja de belgas, enormes ambos y más a mi lado. Pero sobre todo en un hombre grueso alemán y el indonesio joven que va con él. Parecen pareja, sincera o de la que hay billetes de por medio. No lo sé. Aunque llama más la atención la cantidad de fotos inútiles que hace el hombre grueso con su cámara. Marta, saludemos a la cámara.

El puerto es bastante grande, con una cantidad enorme de embarcaciones para llevar a grupos grandes a practicar submarinismo varios días en altamar. La falta de utensilios de pesca o las bombonas y chalecos los delatan. Y ahí está el nuestro.

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Llevamos algunos minutos navegando. En todo momento estamos rodeados de islas, con ese marrón árido contrastando sobre el azul del mar. Se respira mucho verano. Me encanta. Entonces alguien grita señalando al agua. Asomo la cabeza y veo moverse muy rápidamente dos sombras. Son delfines, estoy viendo delfines en libertad. No me lo puedo creer. Es maravilloso.

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El barco cada vez navega más lento. Sospecho que algo va mal. Veo al capitán nervioso, asomando la cabeza por una trampilla donde debe estar el motor. Al final se decide y baja, seguramente a regular algo mecánico. Y el motor se apaga. La situación me da mucho respeto, más cuando justo hace un año naufragó un barco por la zona y dos españoles desaparecieron. El capitán sigue toqueteando allí abajo. El motor se enciende pero se vuelve a apagar segundos después. Tras unos minutos de incógnita parece que ya funciona aunque vamos a una velocidad mucho más lenta de lo normal. No me gustaría quedarnos a la deriva.

Seguimos teniendo un montón de islas delante. Pensaba que Kanawa estaría en mar abierto, pero no. La pregunta es cuál será la nuestra. Y así hasta que empezamos a virar hacia nuestra derecha, hacia una pequeña isla con una larga pasarela de madera, el muelle, que la delata. Sí, es Kanawa. Qué ganas tenía de verte.

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Justo cuando estamos a punto de alcanzar el extremo del muelle observo el color del agua que rodea la isla. No me lo puedo creer. Como un niño pequeño que está por primera vez delante de Santa Claus no paro de repetirme, de advertir a Marta que mire aquí y allá. Nunca hubiera imaginado que el mar podría adquirir una tonalidad tan viva. Estoy petrificado. El majestuoso azul turquesa que nos recibe me tiene así. Bajamos al muelle y empezamos a caminar por encima de la pasarela hacia la isla. Es la sensación más salvaje que sentido al llegar a una playa. Rodeado de este color azul, con las formas de los corales en el fondo, viendo pequeñas manchas de colores en forma de pez por todas partes. Delante de mi una isla pequeñísima, una recepción y un bar de lo más caribeño. Y alrededor nada, sólo belleza. Acabo de enamorarme.

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No sé ni por dónde empezar a hacer fotos, estoy en estado de shock. Intento ordenarme la mente. Primero vamos a recepción, luego al bungalow a dejar las maletas y después al bar a comer. Al único bar, por supuesto, pues en la isla sólo están construidos unos 20 bungalows, la recepción y el bar. La sensación de estar en el lugar más exótico que he conocido jamás me tiene atrapado.

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El bungalow es algo cutre, aunque muy bien pensado y provisto, no está en muy buen estado de conservación. Una anécdota al lado de todo lo que esta isla me está haciendo sentir en tan pocos minutos. Ya listos nos dirigimos a una mesa para pedir. Miramos la carta y la reaccionamos con una risa de sorpresa. La carta sugiere platos como pulpo a la gallega, gazpacho, tortilla de patatas o patatas bravas. Cualquiera diría que estamos en Salou si sólo nos fijamos en la carta. Caigo en la cuenta que el hombre catalán del aeropuerto nos dijo que uno de los dueños del complejo es de Lleida. Parece que ha importado lo mejor. No hay demasiada variedad pero todo apetece.

Antes de que lleguen los platos me acerco a la zona del muelle. Necesito dejarme extasiar con esta maravilla natural. Tengo ganas de zambullirme en el agua pero a la vez de esperar, de sufrir un poco, de no agotar esta maravillosa consternación que me invade. Es que es increíble, no tengo palabras.

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Después de comer ha llegado el momento de acercarnos a la playa. Nos dirigimos a la zona frente a nuestro bungalow, algo apartada del muelle. En esta isla, apartado significa 30 metros más allá. No penetro mucho en el agua, nos quedamos cerca de la orilla donde el fondo marino parece algo más vacío. No quiero ir demasiado deprisa. Pero no necesito más porque ya me parece espléndido. Grabamos vídeos de las decenas de estrellas de mar, enormes. Curioseamos por algunos corales de los que se asoman peces de color azul eléctrico, amarillos y negros a rayas y otros tantos vivos colores. Observo el fantástico entorno.

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Ya de noche vamos al bar a cenar. Nos sentamos en una mesa interior porque la terraza está completa. Quizá es algo tarde, siempre desde la perspectiva de un europeo medio. Acordamos que mañana vendremos antes. Y es que la terraza es una monada, en la misma arena y bajo las tenues luces que decoran el árbol que da cobijo a las mesas. De fondo el sonido de las olas del mar. Por la noche Kanawa también enamora.

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