Indonesia (Día 10). Volcán Batur. Cascadas NungNung.

ÍNDICE VIAJE

FICHA

FICHA

DÍA 1 y DÍA 2Llegada a Jakarta. Borneo.
DÍA 3Borneo
DÍA 4Borneo. Hacia el Volcán Bromo.
DÍA 5Volcán Bromo. Hacia el Volcán Ijen.
DÍA 6Volcán Ijen. Hacia Ubud.
DÍA 7Templo Gunung Kawi. Templo Tirta Empul. Arrozales Tengalang. Templo Mengwi.
DÍA 8Templo Pura Besakih. Pueblo Tenganan.
DÍA 9Ubud. Templo Tanah Lot.
DÍA 10Volcán Batur. Cascadas NungNung.
DÍA 11Templo Ulun Danu. Lagos Gemelos. Cascadas Munduk. Arrozales Jatiluwih.
DÍA 12Hacia Kanawa.
DÍA 13Kanawa.
DÍA 14Kanawa. Rinca.
DÍA 15Kanawa. Pueblo de pescadores.
DÍA 16Kanawa.
DÍA 17Kanawa. Labuan Bajo.
DÍA 18Hacia Sulawesi (Tana Toraja).
DÍA 19Rantepao.
DÍA 20Bolu Market. Marante. Palawa.
DÍA 21Funeral Tana Toraja. Kambira. Tampangallo. Suaya.
DÍA 22Trekking Lempo-Batutumonga.
DÍA 23Lemo. Londa. Ke’ Te’ Kesu’.
DÍA 24Yogyakarta.
DÍA 25 y DÍA 26Yogyakarta. Jakarta.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Las carretera hacia el volcán Batur y las vistas a éste una vez arriba.Que nos cobre un supuesto policía por circular por una carretera. ¿Otra mafia?
Estar rodeado de paredes frente a la bonita cascada NungNung.

DIARIO

Destino: noreste de la isla. Es decir, otro largo paseo en moto. La zona, aunque vas ascendiendo, no es tan abrupta y montañosa como el este y sureste de la isla, y por ende no me parece tan espectacular. No se ve tanto arrozal enclaustrado. Pero es muy rural y el paseo también es agradable. Bali, descubriéndola a nuestro ritmo, me está gustando mucho. Una grata sorpresa.

Nos estamos acercando al destino cuando aparece frente a nosotros un control de policía. Nos paran. Un par de motos de turistas nos acompañan. El policía nos dice que tenemos que pagar un peaje si queremos circular por esta carretera. No me acordaba, estamos a punto de incorporarnos a la carretera que sube desde Pura Besakih. Otra vez las mafias del este de Bali. Entonces uno de los turistas se dirige a nosotros en castellano. Me pregunta si hay que pagar y le explico lo que sé. Vengo advertido desde España de este peaje. Qué rabia.

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Alcanzamos el pueblo de Penelokan, con vistas al volcán Batur. No es extraño que el nombre de Penelokan signifique “lugar para mirar”. Tomamos algo en una terraza, donde esperamos que nos cobren un riñón. Sorpresa, pero no, dos buenos y baratos cafés con leche, con el frío propio de estas alturas, frente a unas sensacionales vistas: el volcán Gunung Batur con 1717 metros de altura y formado en la erupción de 1917, un grupo de conos menores surgidos tras las erupciones de 1926, 1963, 1974 y 1994, el lago y el negro mar de lava. Un bonito paisaje que ofrece multitud de excursiones pero que la propia Lonely avisa de que sólo se pueden realizar con guías locales, algunos indeseables. Sí, más mafias. Y por eso hemos pasado de hacer ninguna.

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Nos dirigimos hacia el oeste. Pasamos por algunos puentes con unas vistas sensacionales de la densidad de la selva, por pueblos perdidos de la mano de dios en los que no se ve ni un alma. Cuando alcanzamos el punto en el mapa en el que deberían aparecer las cascadas NungNung hacemos una parada en un colmado para abastecernos y preguntar dónde cae el desvío en dirección a las mismas. La chica nos señala y una vez en marcha aparece poco después el cartel anunciándolas.

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Un camino desciende en una fuerte pendiente de gravilla. Acciono el freno delantero y casi nos caemos al suelo. Error. Suerte que la moto es pequeña y manejable. La estacionamos en un solitario aparcamiento y empezamos a bajar decenas y decenas de escaleras, adentrándonos en la tupida selva entre las paredes de la montaña y la sensación de humedad que me asfixia. Hay pocas cosas más representativas de Asia que esta sensación de sofoco, de ahogo. Alcanzamos una primera cascada. A nuestra derecha el camino prosigue, adentrándose aún más en este escenario perfecto para grabar una película de aventuras. La cascada NungNung está ahí dentro, tras una zona de agua sucia y estancada cercada por piedras que estropea mucho la estampa. Marta insiste en acercarnos más. Y menos mal. Damos cuatro brincos y saltamos las piedras que nos separan de la cascada. Llegamos al arenal de enfrente. Ahora sí, aquí sí. Me siento salvaje. Frente a mi el torrente de agua lanzando millones de gotitas de partículas de agua que me refrescan, rodeado de firmes paredes que dibujan el enorme hoyo en el que nos encontramos, hundidos en la selva.

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Nos acompañan dos rusas, una de ellas con tacones. Calzado apropiado, claro que sí. Luego llegan un chico indonesio joven con un europeo más mayor. Parecen pareja, se percibe cierto mimo en la forma de tratarse. El europeo parece que vive aquí. Después de fisgonear me quedo atrapado delante de la cascada, contemplándola, rindiéndole pleitesía. Una ventisca de gotitas de agua me empapa. No me inmuto.

Nos apartamos a un lado para fumar un cigarro. El europeo me pide amablemente uno mientras el chico joven se mete debajo de la cascada y el perro que llevan me gruñe. Me subo a una piedra para hacer una última foto y me rasco la pierna. Todo transcurre con mucha paz, los aquí presentes compartimos un momento sensorialmente increíble.

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Empezamos a subir lo que hemos bajado anteriormente. Que hay que subir lo que se baja no es ninguna novedad, lo que no me esperaba es que resultara tan difícil remontar estas escaleras más empinadas de lo esperado. Con la humedad me cuesta horrores respirar. Interminable.

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Seguimos hacia el oeste entre bonitos paisajes de arrozales. En una curva noto que la rueda trasera me hace un extraño. Acabo de pinchar. Nunca me ha pasado pero estoy seguro. Paramos y lo confirmo. Alcanzamos el cruce de la carretera que une la zona de Ubud con Ulun Danu. Rápidamente encontramos un taller. Suerte que en Bali hay uno en cada esquina. Me cambian la cámara en un santiamén y me cobran unos 3€ al cambio.

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El estómago demanda alimentos y siguiendo sus órdenes paramos en un restaurante para almorzar. Estamos muy cerca de los lagos gemelos y el templo Ulun Danu y la intención es visitarlos después. Pero las condiciones climatológicas están cambiando. Unas nubes oscuras han encapotado el cielo, empiezan a caer gotas y hace un frío que pela. La altura a la que nos encontramos tiene mucho que ver. Decidimos volver a Ubud.

Estamos en reserva. No nos altera, ya que igual que talleres, en este país se vende gasolina en cualquier sitio. Entonces vemos un cartel anunciando el templo Gunung Kawi. Sí, el del primer día en Bali, el que la guía explicaba una cosa totalmente diferente a lo que vimos. ¿Y si nos equivocamos de templo y éste es el bueno? No tenemos gasolina pero nos arriesgamos. Torcemos a la izquierda y después de algunas curvas vemos el templo allí abajo. Tardamos en darnos cuenta que estamos en la misma pendiente, que es el mismo templo. La única diferencia es que ahora algunos padres con sus hijos se bañan desnudos en unos baños descubiertos que se ven desde aquí arriba.

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Con el depósito lleno y de noche decidimos parar en un restaurante que nos parece interesante. Algo más caro que nuestro fichaje anterior pero la comida es espectacular, más elaborada. Cuánto me gusta la gastronomía por estos lares.

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