Croacia y Venecia (Día 9). Ston. Mali Ston. Dubrovnik.

Día 9. Ston. Mali Ston. Dubrovnik

Cargamos las maletas en el coche cuando, sin darnos cuenta, nos vemos rodeados por la familia que ha salido expresamente a despedirnos. Sus rostros muestran felicidad, como si estuvieran orgullosos sabiendo lo mucho que estamos disfrutando los tesoros de su país. Cuando arrancamos todos saludan con el brazo en alto, especialmente la abuela. Qué bien que aún existan personas así.

Bien pronto llegamos al puerto Sucuraj para volver a cruzar con el coche en ferry. Mientras esperamos a que llegue nuestro barco nos damos un paseo por las calles aledañas, como intentando aferrarnos de alguna forma a la isla. El paseo da para poco más que Marta recolecte algunos higos.

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Una vez en el continente y con un cielo despejadísimo tomamos la carretera de la costa hacia Ston, un lugar escogido, no por casualidad, para comer. El trayecto duraría poco más de una hora si no fuera porque cruzamos Bosnia, con las fronteras para entrar y salir correspondientes, a través de su única salida al mar, la cual tiene toda la pinta de que debió ser una de las exigencias de Bosnia en las negociaciones para la paz tras la guerra de los Balcanes. Habrá que informarse cuando llegue a casa.

Tras más de dos horas empezamos a ver viveros de ostras en el mar. Es lo que venimos buscando. Ston, un pueblo en la entrada de una alargadísima península (otro capricho de la geografía croata) que es famoso por ser lugar de crianza de ostras, siendo lógicamente éstas el plato estrella de los restaurantes de la zona. Aquí he leído que se come el mejor pescado de Croacia. Tal y como vemos el primer restaurante paramos, y al entrar, para nuestra sorpresa, nos damos cuenta que es el que aparecía en el reportaje de callejeros viajeros. El interior del restaurante es bastante cutre aunque gana presencia al estar rodeado de mar. Y la comida está muy buena, tanto las ostras (¡medio euro la unidad!) como los platos de arroz que sirven en unos cuencos con una curiosa forma de concha.

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Con el estómago lleno salimos al sol para acercarnos a Mali Ston, pueblo cuya principal atracción es la muralla que recorre las montañas La importancia económica de Ston como productor de sal obligó a levantar esta muralla de 5.5 km en 1333, la más larga de Europa. Me gustaría acercarnos a las murallas y dar un paseo por el conjunto de edificios medievales de Ston pero la tripa llena y el calor asfixiante me quitan la idea rápidamente de la cabeza. Con unas fotos desde abajo ante la atenta mirada de unos croatas sorprendidos por nuestra presencia me conformo.

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Circulamos 1h más hasta la perla del Mediterráneo, la mismísima Dubrovnik. Nos dirigimos a la oficina de turismo cercana al puerto para preguntar por una habitación, ya que la cantidad de turistas que pasean por sus calles recomiendan ir a lo seguro, recomiendan evitar el riesgo de patearnos la ciudad para no encontrar alojamiento. Nos ofrecen algunos precios, hacen algunas llamadas, y minutos después un señor de unos 50 y tantos aparece allí para recogernos. Caminamos con él y nuestras maletas por la principal calle del puerto, torcemos a una calle estrecha y allí se encuentra su pequeña casa con una terraza bastante apañada.

Dejamos los enseres en la habitación y nos vamos a tomar un refresco a la terraza antes de dirigirnos al centro histórico de Dubrovnik. En ese momento vemos a la señora de la casa entrar a nuestra habitación, salir poco después y cerrar la puerta. No entendemos nada. La mujer nos observa, casi escondida, con una mezcla de desconfianza y ganas de cotillear que no nos gusta nada. Intentamos obviarla pero acabamos yéndonos de la casa antes de tiempo. Estamos incómodos con su presencia pero parece inofensiva y tampoco llevamos nada de valor en las maletas.

El centro histórico de Dubrovnik se encuentra en una pequeña península, la constante en otros muchos lugares de interés que hemos ido visitando en el viaje. Tras dar vueltas y más vueltas para encontrar un aparcamiento, pues está horriblemente atestado de vehículos, acabamos estacionando con mucha suerte cerca de las murallas. Éstas son gigantes, de al menos unos 20 metros de altura, creando una clara separación del casco histórico respecto al exterior desde el cual no vemos nada. Llama la atención el confinamiento intramuros del casco antiguo. Las bordeamos hasta un punto en el que la muralla se parte en dos, abriéndose un callejón peatonal que da a parar al mar. Por encima de nuestras cabezas pasa un puente que une ambos lados y al que no podemos acceder. No encontramos la entrada. Pero el sexto sentido de Marta nos lleva por ese callejón hacia el mar, y desde ahí entre rocas y lamas de madera que salvan el mar, llegamos hasta tierra firme en el interior del centro histórico. Una divertida forma de llegar.

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Lo primero que llama la atención del casco antiguo de Dubrovnik es el trazado pulcro de sus calles, como si hubieran sido expresamente pensadas y no fruto del amontonamiento que conlleva el crecimiento de los pueblos y ciudades. Lo primero que nos encontramos es la Catedral de la Asunción de la Virgen, resultado de un obsequio del rey Ricardo I Corazón de León de Inglaterra, quien fue rescatado en un naufragio en la cercana isla de Lokrum. Destruida en el terremoto de 1667, como toda la ciudad, la nueva se terminó en 1713.

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Pasamos por delante del Palacio Rectoral, construido por el rector gobernador de Dubrovnik en el s.XV, con la imagen al fondo del Palacio Sponza, del s.XVI, del que llaman la atención las ventanas góticas.

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Giramos hacia la calle Stradun, la vía principal del casco antiguo, justo a la altura de la estilizada Torre del Reloj. Nos sigue sorprendiendo la personalidad de cada uno de los edificios que nos vamos cruzando, la ciudad es sin lugar a dudas una obra de arte en un país donde la arquitectura de muchos de sus pueblos ya nos ha llamado muy positivamente la atención.

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Ya es de noche, así que desandamos por las mismas calles de vuelta a nuestra habitación. Pasamos por delante de los mismos edificios pero ahora con sus ventanas y pórticos íntimamente iluminados. Están preciosos. Cuando llegamos a ésta Marta empieza a ver detalles a los que sólo ella podría prestar atención y que vienen a confirmar que la señora ha vuelto a entrar en la habitación. Unos niveles de fisgonería muy anormales.

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