Croacia y Venecia (Día 2). Rovinj. Bale. Pula. Premantura.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Venecia. Rovinj.
DÍA 2Rovinj. Bale. Pula. Premantura.
DÍA 3Premantura. Plitvice.
DÍA 4Plitvice. Zadar.
DÍA 5Sibenik. Primosten. Trogir. Kastela.
DÍA 6Ruinas de Solin. Split. Brela. Isla de Hvar.
DÍA 7Jelsa. Hvar. Milna.
DÍA 8Zavala. Stari Grad. Milna.
DÍA 9Ston. Mali Ston. Dubrovnik.
DÍA 10Dubrovnik. Isla de Mljet.
DÍA 11Mljet.
DÍA 12 y DÍA 13Mljet.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
El anfiteatro de Pula. El resto de la ciudad, para pasear tomando un helado y poco más.El Parque de Zlatni Rt, como primera cala que vimos, nos engañó. Atendiendo a lo que viene después, es una visita prescindible.

DIARIO

Salimos del hotel bien pronto para aprovechar la mañana en Rovinj. Tengo curiosidad por ver el pueblo de día. Apenas damos unos pasos y confirmamos de nuevo el encanto de las serpenteantes callejuelas que con la luz diurna podemos apreciar aún más, callejuelas íntimamente decoradas con flores donde destacan sus ventanas, balcones, portales y plazas de variados estilos. En España lo habrían robado todo.

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Buscamos un supermercado donde comprar desayuno y volvemos al hotel, en el que a apenas unos metros de la entrada, una mesa y dos sillas en plena calle parece que hayan sido puestas allí para nosotros. Rovinj está cuidada al detalle.

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Subimos a lo más alto, a la Iglesia de Santa Eufemia, por una calle empinada admirando las viejas fachadas de las casas, viejas pero con el encanto del paso del tiempo. La iglesia datada de 1736 destaca por su campanario a 60 metros de altura sobre la punta de la península. Desde aquí hay vistas a la pequeña bahía a la que llegamos ayer por la noche con el ferry.

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Desandamos hacia abajo por las calles que a pesar del tiempo transcurrido siguen desiertas. Como en la noche anterior, el gentío está reunido en el puerto. Donde ayer cenaban hoy los extranjeros engullen desayunos continentales. Prestamos atención al Arco Balbi, construido en 1679 en el lugar de una antigua puerta de la ciudad. En su parte más alta el arco está decorado con una cabeza turca por el exterior y una veneciana por el interior. Bordeamos el mar hasta llegar a la oficina de alquiler de coches donde tenemos reservado uno.

CRO2011-121 Nos entregan un Volkswagen Polo rojo. Hasta el coche no nos defrauda. Recogemos las maletas en el hotel y tomamos la carretera que nos lleva al Parque de Zlatni Rt, ya a las afueras, a 1.5 km al sur. Fue creado en 1890 por un barón austriaco que se quedó una villa por aquí. Detrás de un bosque de pinos y robles nos esperan unas aguas tranquilas de color turquesa, abarrotadas de erizos de mar, rodeadas de rocas como ya esperábamos, pues en Croacia la arena apenas existe. Aunque no serán ni de lejos las mejores calas del país la primera toma de contacto promete.

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Tras una hora de carretera en dirección Pula un supermercado Lidl nos recuerda que ha llegado la hora de comer. Busco en las guías un pueblo bonito donde comernos el bocadillo con el pan que hemos comproado, basto y enorme como a veces son los mismos balcánicos. La guía señala la localidad de Bale, un antiguo pueblo de piedra. Aparcamos el coche justo enfrente de una iglesia con un césped ideal para nuestros propósitos y mientras Marta acaba de comer decido aprovechar y visitar el pueblo.

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Otra vez calles adoquinadas, fachadas de piedra y muchas plantas. Me quedo un rato contemplando un edificio muy grande que no llego a saber qué es. Sin llegar a tener la coquetería de Rovinj no desentona en absoluto.

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Tras unos 50 minutos nos encontramos a la altura de Pula, por lo que al ir bien de tiempo para llegar a Premantura, decidimos hacer una rápida visita. Nada más acceder a la ciudad nos percatamos rápidamente de que esto ya no es un hermoso pueblo costero, sino una ciudad en toda regla. Edificios altos, muchos coches, cemento y asfalto y un puerto grande y sucio que huele a puerto de gran ciudad. Por suerte los puntos de interés están concentrados en el mismo lugar. Giramos una avenida y, de repente, una enorme fachada de un anfiteatro romano con vistas al mar aparece ante nuestros ojos. Me sorprendo. Sin llegar a ser el Coliseo romano, el Anfiteatro de Pula impresiona mucho. Estacionamos el coche y empezamos a andar. Antes echamos un ojo al anfiteatro, al cual decidimos no entrar ya que desde fuera intuimos que tampoco hay mucho que ver en su interior.

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El anfiteatro, levantado entre el 27 aC y el 81 d.C, está entre los seis anfiteatros romanos más grandes que se pueden contemplar en la actualidad y es el edificio romano mejor conservado de toda Croacia. Hasta el año 681 se celebraron en él combates entre reos sentenciados a muerte y animales salvajes y en la actualidad.

Empezamos a caminar con las visitas escogidas casi a dedo, de forma muy espontánea. Seguramente el centro histórico de Pula aguarda más rincones de los que veremos pero el tiempo disponible prima por encima de todo. Tomamos una calle que nos dirige directamente al centro. En dos ocasiones vemos lo que parecen restos de la antigua muralla, la cual parece que estamos rodeando. Entonces unos metros más allá alcanzamos el Arco de Triunfo de los Sergius. Erigido en el 27 a.C., la guía nos explica que estaba adosado a la puerta de la ciudad y rodeado por murallas, como los restos que vimos atrás, que fueron derribadas para permitir la expansión de la urbe más allá de su casco antiguo, el cual justo empieza tras el arco a través de una calle peatonal que lleva hasta el viejo foro. Como unos cazatesoros seguimos esa calle y sin pérdida desembocamos en el viejo foro que hoy es una plaza, donde sólo queda en pie de tiempos romanos el vistoso Templo de Augusto. Justo a su lado está el viejo ayuntamiento, que es sede municipal desde 1296. La Lonely Planet nos señala el mosaico romano que data del s.III. Nos desviamos para llegar a él, situado frente al puerto y encapsulado entre calles sucias y descuidadas. Está dejado de la mano de dios, sin protección y con restos de basura por encima. Una lástima.
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Volvemos sobre nuestros pasos y paseamos por un par de calles del centro con tiendas de ropa de marca hasta que nuestra visita a Pula parece llegar a su fin. Una vez aquí puedo decir que desviarse a propósito para visitar la ciudad no vale la pena, pero si va de camino y hay tiempo para hacer una parada, como es nuestro caso, tiene un paseo por el centro histórico nada descartable.

Tras otro buen rato circulando llegamos a la península de Premantura. La orografía es muy curiosa, la península es alargada y sus líneas muy irregulares. Es difícil situarse si no fuera por la recta carretera que te lleva sin pérdida al pueblo. Por el camino estamos viendo muchos rincones donde disfrutar un poco de mar pero primero queremos reservar el alojamiento. Accedemos al pueblo de Premantura donde se respira turismo pero sin haber masificaciones por ninguna parte. Preguntamos en la oficina de turismo y nos dicen que no tienen alojamiento. Preguntamos en una casa aquí, otra casa allá, siguiendo los carteles que anuncian zimmers o rooms, pero en todas partes nos dicen que están completos. Nuestra primera experiencia buscando alojamiento según la marcha nos asusta, aunque por suerte lo de hoy será algo muy excepcional en todo el viaje.

Nos alejamos del pueblo mientras intento engañar a Marta y a mi de que dormir en el coche no es tan mala idea y empezamos a tomar carreteras desiertas, alejadas de todo, hasta que nos topamos con un pequeño hotel. Tienen habitación y además nos la alquilan por un precio irrisorio. Hemos tenido mucha suerte. La chica que regenta el hotel nos la enseña con mucha amabilidad justo a tiempo para ver el atardecer en una cala de Premantura. Nos dirigimos al parque natural en el que están concentradas las calas pero llegamos a una garita con barrera en la que nos piden pagar. Por el tiempo que queda para que anochezca tampoco nos vale la pena, así que volvemos a uno de esos rincones que hemos visto de camino a Premantura y que mentaba más atrás. Sin dar muchas vueltas estamos en una pequeña playa con un chiringuito en el que un DJ mezcla música en directo. Nos sentamos, sacamos una botella de lambrusco y nos relajamos mientras el sol empieza a caer. Pequeños lujos que la bella costa de Croacia permite que pasen porque sí.

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