Croacia y Venecia (Día 10). Dubrovnik. Isla de Mljet.

Día 10. Dubrovnik. Isla de Mljet

Hoy es un día triste, no porque dejaremos Dubrovnik al atardecer, ya que la ciudad como tal es bonita pero pierde encantos para alguien amante de lo natural, auténtico, solitario. Es un día triste porque tras 9 días tenemos que dejar nuestro inseparable compañero de viaje: el Volkswagen Polo. ¿Qué será de nosotros sin la Otvoreni radio?

CRO2011-668

Cogemos un bus de vuelta a la ciudad. Esta vez entramos al casco antiguo por la fabulosa Puerta Pile, construida en 1537, rodeada de las imponentes murallas y a la que se accede por un puente levadizo. Esta puerta principal es muy auténtica, de película de la época, y bien merece pararse un minuto para contemplar el aspecto majestuoso del lugar.

CRO2011-729 CRO2011-731

Transitamos por las rampas y pasillos de acceso cuando una extraña construcción con una cúpula nos llama la atención. Es la Fuente de Onofrio, de 1438 y parte de un sistema de abastecimiento de agua que la traía de un pozo que estaba a 12 km de distancia.

CRO2011-733

Callejeamos en busca de la War Photo Limited pero encontramos el edificio cerrado. El destino parece que nos quiere recompensar, así que a pocos metros de ahí nos topamos con una exposición de fotografías de la Guerra de los Balcanes. Las fotos son buenas y entre ellas llama la atención los tejados de Dubrovnik completamente destruidos tras los bombardeos de la guerra pero la estancia es algo lúgubre. Tras devorar mi deseado desayuno continental, llevo días encontrando este momento, hacemos camino hacia la Iglesia de San Ignacio, de 1725, tras la cual a ras de la muralla discurre una callejuela casi desierta. Nuestro objetivo es llegar al Buza, un bar que parece colgado en el extramuro. Es caro y está atestado de gente pero vale la pena asomar la cabeza para disfrutar de las vistas.

CRO2011-735 CRO2011-738 CRO2011-745

Seguimos subiendo por las laberínticas calles que siguen casi desiertas. Parece que las escaleras y empinadas cuestas echan para atrás a los turistas, por lo que me parece una zona indispensable para disfrutar del carácter de Dubrovnik. Desde algunos puntos además se disfrutan de unas vistas con perspectiva, donde llaman la atención los tejados de un intenso color naranja que revelan que son mucho más actuales que los propios edificios. Las 2000 bombas de la guerra son la explicación.

CRO2011-749

Lo que queda de día lo dedicamos a repetir los mismos puntos, los mismos rincones, hasta que agotados acabamos en un plácido jardín de un bar a las afueras donde caigo rendido en un profundo y breve sueño. La ciudad nos ha gustado y hemos acertado en el tiempo que le hemos dedicado. El día de llegada y el día de salida.

De nuevo en un ferry, aunque esta vez sin nuestro coche. Llegamos de noche a la Isla de Mljet, a Sobra que está a mitad de la isla, y allí nos espera un autocar que nos acercará al extremo occidental donde se encuentra el Parque Nacional de la isla y el enclave turístico de Polace. Nos aguardan tres días de auténtico descanso, donde pretendemos ir a pié de la habitación al mar y del mar a la habitación. Bajamos del autocar junto a cuatro turistas más. Y no hay un alma. Empezamos a recorrer la calle principal preguntando por alojamiento pero todo está ocupado. O hay mucho viajero, que no lo parece, o no hay mucha oferta. Tras varios minutos recuperamos aquella sensación que tuvimos en Premantura. Y yo vuelvo a intentar ver cosas positivas de acabar durmiendo en la playa.

Justo cuando hemos perdido la fe el jefe de un restaurante nos ofrece un apartamento. Pero es un dineral. Si hemos venido pagando 20€ por habitación, aquí nos piden más de 100€. Rondando por allí se encuentran dos chicas de Madrid que habían bajado con nosotros del autocar. Ellas mañana se marcharán de la isla. O compartimos con ellas esta noche y mañana ya nos buscaremos la vida o nos quedamos en la calle. La decisión está clara, si no fuera porque el hombre nos dice que o alquilamos el apartamento 3 días o no lo alquila. Subimos con el hombre a velo. Es increíble y aceptamos el trato. A primera línea de mar, y cuando digo primera, me refiero a tener sólo una calle tranquila de 7 u 8 metros y nada más. Nos repartimos las habitaciones, dejamos las maletas y nos relajamos en el balcón antes de ver cómo las dos chicas rehuyen todo contacto con nosotros. Y eso que no somos en absoluto invasivos.

Marcar el Enlace permanente.

No se admiten más comentarios