China y Hong Kong (Día 6). Pingyao.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Llegada a Beijing.
DÍA 2Ciudad prohibida. Plaza Tiananmen.
DÍA 3Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.
DÍA 4Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.
DÍA 5Mercado de Wangfujing. Palacio de Verano. Templo de los Lamas.
DÍA 6Pingyao.
DÍA 7Hacia Ping’an.
DÍA 8Arrozales de Ping’an.
DÍA 9Ping’an. Yangshuo.
DÍA 10Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 11Moto por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 12Yangshuo. Guilin.
DÍA 13Hong Kong continente (Kowloon).
DÍA 14Isla Lantau.
DÍA 15Hong Kong isla.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
A pesar de que la ciudad amurallada de Pingyao está pensadísima para el turismo (básicamente local), recorriéndola durante un día entero encontramos infinidad de rincones muy genuinos.

DIARIO

Pingyao

Pingyao

Una docena de personas bajamos del tren en la estación de Pingyao, entre los cuales apenas hay algún turista. Fuera los taxistas esperan pero la ciudad amurallada está a tan sólo 20 minutos caminando. No nos vale la pena. Tomamos la dirección correcta a través de una ancha calle en obras. Llena de vallas, sin asfalto, lo que no impide que transeúntes y coches circulen por ella. Llegado el momento giramos a la izquierda por una calle más estrecha donde sobre un suelo sucio empiezan a abrir un montón de puestecitos de comida que me desagrada bastante. Y la muralla aparece frente a nosotros.

Afueras Pingyao Afueras Pingyao

Accedemos al recinto por la Puerta Xiguan Dajie y tras cavilar con mapa en mano recorremos parte de una de las arterías principales de la ciudad antigua, Xo Dajie, para alejarnos después a través de una calle sin comercio alguno en dirección a nuestro hotel. Hacemos una buena caminata. Un simpático hombre nos recibe. El hotel es increíblemente auténtico, con las habitaciones que dan a un patio interior resguardado del sol por un techo de cañas de bambú. La decoración es genial.

Hotel Pingyao

Hotel Pingyao

De vuelta a la calle más principal las primeras sensaciones no son ni buenas ni malas. Las calles rectas, sin rincones que explorar, están atestadas de tiendas y restaurantes de todo tipo, como si aquello fuera un parque de atracciones para el turista. Sobre todo chino, una vez más. Llegamos a un cruce con otra artería principal de la ciudad antigua, Nan Dajie, donde la Torre de la Ciudad, se alza sobre los tejados del resto de edificios. Es el más alto del casco antiguo.

Pingyao Pingyao Torre de la Ciudad Pingyao

Seguimos bajando la calle hasta la Puerta Sur. Gracias al pequeño parque que nos separa de ella podemos apreciar la silueta de la muralla y la alta torre coloreada de un vivo azul. Poco a poco los encantos del pasado van mostrándose ante nosotros.

Puerta Sur Pingyao

Cerca de aquí está el Templo Confuciano. Llegamos a la puerta de acceso pero el precio que informaba la Lonely se confirma: casi 20€ por persona el ticket para visitar los edificios de importancia histórica. Nos parece caro, sobre todo para nosotros que tenemos una terrible facilidad para cambiar el chip mental a los precios del país, así que guiados por Marta y por las escasas referencias de la guía decidimos no entrar. A pesar de ello, dirigimos nuestra atención a pórticos tan típicamente chinos, farolillos rojos que cuelgan de los tejados, un elegante patio interior y algunas fachadas curiosas.

Acceso Templo Confuciano

Pingyao

Tras casi dos horas de visita y con una primera toma de contacto realizada hacemos un paréntesis para ir a cambiar dinero. Preguntamos y nos dicen que tenemos que salir de la ciudad antigua. Volvemos al exterior de las murallas primero y a la calle en obras después. No vemos ninguna oficina de cambio. Preguntamos en una tienda de ropa donde con euros en mano intentamos hacernos entender con la dependienta que entre sonrisas se frustra por no saber cómo contestarnos. Llama por teléfono y viene otra chica que nos señala un banco más para allá. Nos dirigimos en esa dirección y entramos en una oficina de un banco. Tras 10 segundos esperando el vigilante ordena a toda la cola que se aparte y nos hace ademán para que pasemos nosotros. Nos ha colado descaradamente. Nos sabe mal pero no aprecio ninguna mala cara del resto de chinos que se quedan esperando tan tranquilamente a que nos atiendan a nosotros primero. Preguntamos al cajero pero nos da una mala noticia. No cambia dinero y no recuerda dónde cambiar dinero en Pingyao. Volvemos a tener el mismo problema que en Pekín. De vuelta a la ciudad antigua vemos un cajero automático, así que decidimos poner fin a esta tortura sacando dinero con la tarjeta. Con la tontería hemos estado casi una hora por la ciudad.

Empiezan a verse algunos rayos del sol, escasos en China, justo cuando el hambre apremia. Marta propone acudir a los puestecitos que nos encontramos fuera de las murallas pero tras la experiencia de Pekín parece que he subido el listón. Ya no me veo capacitado de comer en cualquier parte. Decidimos entrar a un restaurante con una bonita terraza detrás. La comida está de muerte. Y como tenemos las piernas cansadas decidimos darnos un pequeño lujo: masaje de pies y cabeza.

Masaje en Pingyao

Con las pilas recargadas nos disponemos a descubrir un poco más la ciudad antigua, buscar rincones alejados del bullicio. Nos dirigimos hacia la muralla suroeste y empezamos a husmear tras las puertas de las casas con sus patios interiores medio destartalados. Pero apreciamos la autenticidad. En esta zona hay una comunidad muy viva donde sólo vemos habitantes desplazándose en bicicletas, tomando el sol sentados en una silla en medio de la calle o charlando con los vecinos.

Pingyao

Pingyao

Pingyao

Salimos por la Puerta oeste superior o Fengyi Men (aunque en el mapa está al suroeste) que conserva un tramo del camino original de la ciudad antigua y bordeamos la muralla pudiendo contemplar su altura y recorrido.

Fengyi Men

Murallas Pingyao

Volvemos a entrar por la misma puerta de siempre, Xiguan Dajie, recorremos de nuevo Xi Dajie y cuando llegamos al principal cruce giramos hacia el norte. Aquí también se respira ambiente local, aunque más movimiento. Aprovechamos para comprar esos bollos tan típicamente chinos que nunca sabes qué llevarán dentro. Aunque la primera impresión de Pingyao me dejó algo frío, conforme han pasado las horas y hemos podido recorrer sus calles hemos ido captando esa seductora esencia de la ciudad, sobre todo en aquellos puntos más alejados del centro. Nos ha gustado. Nos llegamos a plantear quedarnos un día más pero desgraciadamente tenemos los días justos para cada lugar y mañana tenemos que salir pronto para coger un vuelo en Taiyuan al mediodía. Pingyao tiene sabor a antiguo.

Pingyao Pingyao Pingyao

Pingyao

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