China y Hong Kong (Día 4). Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Llegada a Beijing.
DÍA 2Ciudad prohibida. Plaza Tiananmen.
DÍA 3Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.
DÍA 4Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.
DÍA 5Mercado de Wangfujing. Palacio de Verano. Templo de los Lamas.
DÍA 6Pingyao.
DÍA 7Hacia Ping’an.
DÍA 8Arrozales de Ping’an.
DÍA 9Ping’an. Yangshuo.
DÍA 10Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 11Moto por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 12Yangshuo. Guilin.
DÍA 13Hong Kong continente (Kowloon).
DÍA 14Isla Lantau.
DÍA 15Hong Kong isla.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Estar en la Muralla China. No será lo más espectacular que habré visto en mi vida, pero el aura que la rodea y verla serpenteante a través de las montañas sin fin, supone una visita absolutamente imprescindible.

DIARIO

Hoy es un día muy especial porque visitamos nada más y nada menos que la Gran Muralla China. La historia cuenta que la muralla original se comenzó a construir entre los años 221-207 a.C por la dinastía Qin para evitar los saqueos de las tribus nómadas del norte, empleándose miles de trabajadores, muchos prisioneros políticos, unos 180 millones de m3 de tierra apisonada para el relleno de la muralla y según cuenta la leyenda, hasta los huesos de los trabajadores que fallecían durante su construcción. Debido a la erosión durante la dinastía Ming se revistió con 60 millones cúbicos de ladrillos y losas. Ocupa 3460 km intercalándose con accidentes geográficos, más 2860 km de ramales secundarios. A la larga la muralla no cumplió con su objetivo, pues los mongoles lograron establecer una nueva dinastía en China, los Yuan.

Bajamos en la parada del metro más cercana a la estación de buses de Dongzhimen, desde donde tenemos que coger el autobús 867 (te deja en Mutianyu pero hace más paradas -2.5h-) o el 916 (te deja en la ciudad de Huaroi, a 17km de la muralla, desde donde salen minibuses. Es mucho más rápido -1.5h-). Cerca vemos un puestecito donde nos compramos el desayuno que nos comemos apenas unos metros más allá, rodeados de altos edificios de oficinas y centenares de chinos con vestimenta de oficina que se dirigen a su trabajo. Cuando estamos a punto de acabar una mujer se acerca a nosotros y nos pregunta si vamos a la Muralla China, a lo que obviamente contestamos que sí. Nos dice que es revisora de una compañía de autobuses que lleva hasta allí. Aunque no somos muy partidarios de aceptar ofertas a las puertas de estaciones de bus, tren, etc., la mujer realmente parece trabajadora de la compañía y es muy amable. Decidimos seguirla hasta la estación.

Nos señala el autobús que justo acaba de llegar. Pagamos el billete, cuyo precio nos parece irrisorio, y subimos. Minutos después confirmo que el autobús no es el ni el 867 ni el 916. Era de esperar. Pregunto a varios pasajeros, a cual me entiende menos, hasta que unos me afirman que ese autobús nos llevará a nuestro destino. Con el GPS de mi móvil en pantalla voy siguiendo la ruta del autobús hasta que veo que no se desvía a Huaroi y sigue hacia el este. Un rato después hace parada en la ciudad de Miyun, algo más alejada que la anterior, y donde varios taxistas esperan la llegada de los turistas para llevarnos a la muralla. Ni rastro de minibuses. Aunque no nos ha salido mal del todo, una vez más queda demostrado que si estás informado que has de coger determinada línea o compañía, insiste con esa idea y no te dejes llevar por la comodidad de un autóctono que se presta a ayudarte.

Empieza la hora del regateo. Nos piden precios muy elevados, un contratiempo que se rompe en mil pedazos cuando vemos a dos extranjeros rodeados de otros tantos taxistas chinos. Marta se acerca y les propone de compartir taxi para ahorrar gastos. Incomprensiblemente los turistas dudan, vacilan, como si compartir transporte con nosotros les suponga una gran molestia. Finalmente aceptan, la lógica no podía llevarles a tomar otra decisión.

La Gran Muralla China tiene principalmente tres sectores cercanos a Pekín que son visitables: Badaling, que he leído en muchos foros que está absolutamente atestado de turistas chinos, Simatai, el tramo más espectacular desde donde se puede hacer un trekking hasta la Gran Muralla de Jinshanling pero que desgraciadamente lleva más de un año en obras, y Mutianyu, el tramo que hemos elegido y donde por fin llegamos acompañados de nuestro taxista que con el paso de los minutos ha resultado ser un hombre muy simpático. Éste nos acompaña a la entrada, nos explica los precios y nos acompaña hasta el autobús que nos acercará a la muralla.

Mutianyu

Guía Gran Muralla

Las primeras sensaciones en el lugar me están dejando algo frío. Ingenuamente esperaba un lugar perdido en la montaña, pero el moderno párking subterráneo donde el taxista ha dejado el coche y la cantidad de tiendas denotan todo lo contrario. Y tras coger el minibus que nos sube algunos kilómetros más arriba, donde nos encontramos algún que otro restaurante y obras para construir nuevos edificios, las sensaciones se confirman. Pero por suerte lo que viene después es una interminable y empinada escalera que te aleja del tinglado que hay ahí montado. Eso sí, el pago es un sinfín de escaleras que nos hacen expulsar hasta la última partícula de H2o del cuerpo. Subimos, subimos y subimos. Y sin darnos cuenta, nos giramos y unas preciosas vistas nos anuncian que ahora sí nos encontramos en el lugar donde uno se imagina que ha de estar la Gran Muralla China.

Escaleras hacia la Gran Muralla

Subiendo a la Gran Muralla

Alcanzamos la gruesa pared de la muralla donde unas escaleras nos suben a ella. Levanto la vista y veo un camino bastante ancho, anulando toda sensación de vértigo. Levanto un poco más la mirada y veo como ese mismo camino infinito se pierde entre las montañas. Ahora sí, estoy hipnotizado.

Empezamos a caminar hacia nuestra izquierda pasando por varias torres de vigilancia. Esto es lo que he leído, la muralla parece interminable, surcando entre arboledas todas las montañas que se encuentra por su paso. Tengo ansia por recorrerla, por sentir en mis piernas lo que ven mis ojos. Pero el tiempo apremia, así que nos damos la vuelta, dejando kilómetros a la vista sin descubrir. Tomamos el camino de bajada, justo al lado del tobogán por el que algunos turistas bajan. No hubiera sido mala idea tomarlo, parece divertido.

Gran Muralla

Gran Muralla

Gran Muralla

Gran Muralla

Cuando llegamos al punto de salida del autobús vemos al guía saludándonos a lo lejos. Supongo que para evitar que nos vayamos con otro guía sin pagarle sus honorarios ha subido hasta aquí a buscarnos. Nos devuelve a Miyun y nos deja en la parada donde cogemos de nuevo otro autobús. Sacamos los yuanes para pagar y, sorpresa, no tenemos suficiente. Se nos queda cara de tontos rebuscando entre los bolsillos, hasta que vemos a varios chinos nos hacen gestos para que subamos igualmente. Y así volvemos a Pekín, sin pagar nuestro billete.

Nos quedan varias horas de luz y decidimos visitar la zona del callejón de Nanluogu Xiang. Antes paramos a comer en un restaurante calcado al restaurante chino más cutre que se pueda encontrar en Barcelona, donde un chino cuenta centenares de billetes y una camarera bastante estúpida nos trae unos platos con una apariencia bastante detestable. Apenas tomo bocado, algo extrañísimo en mi y que marcará mi experiencia gastronómica en este viaje.

Tras un par de idas y venidas por una calle principal encontramos el acceso al callejón. Una marabunta de personas deambulan por él, sobre todo jóvenes. La cantidad de tiendas, bares, restaurantes, heladerías, etc., invita a ello. Aunque es una zona de antiguos Hutongs la vida del lugar anula toda sensación a antiguo. Nos adentramos en el montón. Las calles perpendiculares que cruzan Nanluogu Xiang son Hutongs, cada una con su nombre histórico. Tomamos una de ellas, algo menos masificada, donde Marta se encapricha de unos muñecos para nuestros sobrinos que se hinchan en el agua. O eso dicen.

Hutongs Nanluogu Xiang

Hutongs Nanluogu Xiang

El cuerpo pide descanso y aunque querríamos obedecer preferimos adentrarnos un poco más en busca de la Torre del Tambor y la Torre de la Campana. El ambiente aquí es otra cosa pero parece un barrio a punto de ser demolido, algo que confirmo con la guía que habla de un proyecto de remodelación del barrio. Varios tuktuks a pedales nos ofrecen darnos una vuelta por el Hutong, una opción bastante empleada por los turistas aquí pero que declinamos porque vamos con las horas de sol justas. Preferimos caminar. Pasamos un par de casas derruidas y rodeamos un pequeño solar para llegar a la primera torre, la Torre de la Campana, cuya estructura original fue pasto de las llamas y fue reconstruida durante la dinastía Qing en el siglo XVIII. Ojeamos las entradas y parece que está cerrada, pues se puede subir a ambas torres por un módico precio. Detrás de ella, tras el anterior solar se alza la otra torre. Entramos en solar, justo al lado de unos niños que juegan a la pelota y donde tengo una perspectiva muy buena para echar un par de fotos. Desde ahí contemplamos la Torre del Tambor que ha sido restaurada en diversas ocasiones y en su época era el centro de la vieja capital mongola. Los tambores se tocan cada hora aunque no caemos en ello y además llegamos tarde, ya que la última “tamborrada” es a las 16.30h.

Torre de la Campana

Torre del Tambor

Está anocheciendo. De vuelta, en uno de aquellos Hutongs que cruzan Nanluogu Xiang, paramos a tomarnos nada más y nada menos que un Mojito. Y obviamente lo pagamos, aunque el local y los camareros tienen un aire hipster que lo vale.

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