China y Hong Kong (Día 3). Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Llegada a Beijing.
DÍA 2Ciudad prohibida. Plaza Tiananmen.
DÍA 3Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.
DÍA 4Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.
DÍA 5Mercado de Wangfujing. Palacio de Verano. Templo de los Lamas.
DÍA 6Pingyao.
DÍA 7Hacia Ping’an.
DÍA 8Arrozales de Ping’an.
DÍA 9Ping’an. Yangshuo.
DÍA 10Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 11Moto por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 12Yangshuo. Guilin.
DÍA 13Hong Kong continente (Kowloon).
DÍA 14Isla Lantau.
DÍA 15Hong Kong isla.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
El aire enigmático de los Hutongs. Es como adentrarse en la Beijing más íntima, alejado de las megaestructuras de la capital. Por desgracia el gobierno chino los está bariendo debido a las grandes reordenaciones urbanísticas.
El mercado de Silk Market no tiene ya ningún encanto, pero el duro regateo por una buena calidad de imitaciones, es esencial en una visita a Beijing.

DIARIO

Con el desayuno a cuestas entramos en el Parque Jingshan, formado con la tierra excavada para crear el foso de la Ciudad Prohibida y considerada barrera que protege a ésta de los malos espíritus. Lo primero que nos llama la atención es la cantidad de personas que practican taichí, sobre todo mayores. Robo alguna instantánea aunque con algo de vergüenza ya que sólo es posible siendo algo descarado.  

Taichí en Jigshan

Tras echar un cigarro a escondidas nos dirigimos al templo situado en lo más alto. La misma arquitectura vista hasta el momento pero ahora algo más coqueta, seguramente por sus dimensiones más pequeñas. Subimos todos los escalones y al llegar arriba nos encontramos un sencillo templo en cuyo interior hay un buda al que no nos dejan acercarnos. Siguiendo su mirada hay unas vistas de los tejados rojos de la Ciudad Prohibida excelentes.

Parque Jiingshan

Parque Jiingshan

Ciudad Prohibida

Sin darnos cuenta se pone a diluviar. Junto a todos los visitantes allí presentes, de abrumadora mayoría china, nos quedamos resguardados bajo los techos, momento para volver a confirmar lo curiosos que les resultamos a los autóctonos.

Parque Jiingshan

Parque Jiingshan

Aprovechando la tregua que nos da el tiempo bajamos por un camino entre el intenso verde que ha dejado la lluvia. El parque transmite armonía, donde nada está fuera de lugar, respetando un ordenado equilibrio. Y para colofón una china cantando airadamente bajo su paraguas, gesticulando al viento. Cantando bajo la lluvia versión china.

Nuestro siguiente destino es el Parque Beihai, a escasos minutos andando del anterior. Entremedio hay una zona de los Hutongs, por lo que prestamos mucha atención a los carteles de información puesto que no es fácil entender dónde se ubican estos antiguos callejones que forman lo que queda del casco viejo de Pekín. Se estima que hasta el año 2000 había más de 4500 de estos callejuelas que datan de las dinastías Yuan, Ming y Qing, pero a partir de la concesión de los Juegos Olímpicos de 2008 el gobierno decidió derribarlos casi todos, seguramente por la equiparación de lo tradicional y antiguo a lo burgués que suelen hacer las dictaduras comunistas.

En uno de esos vistazos vemos el cartel rojo que anuncia el Hutong Yuanjing, que no tengo anotado pero que nos permitirá descubrir la idea de Hutong. Nos adentramos en el callejón, y a pesar que los adoquines parecen bastante nuevos, las casas responden a lo que he leído antes: pequeñas casas cuyas habitaciones dan a un patio interior, cuadrado y centro neurálgico de la vivienda. Sí, aquí se respira sabor a antiguo.

Hutong Yuanjing

Hutong Yuanjing

Vamos serpenteando por los callejones hasta que desembocamos a escasos metros de la entrada del Parque Beihai. Ni hecho a propósito. Nada más entrar el enorme lago llamado mar del norte nos da la bienvenida, y tras él, sobre el islote de Jade, se alza la Dagoba Blanca, de 36 metros de altura y estilo tibetano, construida en 1651 con motivo de la visita del Dalai Lama. Para llegar a ella seguimos el camino hacia nuestra derecha donde nos llaman la atención las enormes y preciosas flores de loto que invaden el lago.

Parque Beihai

Justo cuando alcanzamos la Dagoba vuelve a llover pero con más vehemencia. Nos resguardamos bajo la torre y tras unos minutos sin que aminore empezamos a bajar hasta que nos cruzamos con un kiosko donde compramos un par de chubasqueros con más aspecto a bolsa de basura que a lo primero. Reanudamos la marcha pasando por algunas salas y templos pero la lluvia me impide leer en la guía su nombre. Una visita recomendable.

Parque Beihai

Flores de Loto Parque Beihai

De vuelta por el Hutong Yuanjing paramos en el primer sitio que vemos para comer. Es una habitación cuadrada, con una pequeña cocina en un cuartito esquinado, estantes llenos de paquetes de comida china y en medio algunas mesas para comer. Aunque es bastante cutre comemos bien. Con el estómago lleno nos dirigimos al metro volviendo a pasar por el control de Tiananmen. Bajamos las escaleras cuando de repente nos encontramos con un control como los de cualquier aeropuerto. Me sorprende. Nos quedamos medio segundo observando cuando una de las vigilantes nos dice que pongamos la mochila en la cinta y señala mi cámara insinuando que puedo pasar con ella. A pesar del estricto control de la policía china en la capital el buen trato al turista será la tónica general del viaje.

Restaurante de Pekín

Metro de Pekín

Llegamos a la entrada del Templo del Cielo, hacemos la cola pertinente y cuando llega nuestro turno nos señalan los horarios. Sólo se puede pasear por el parque porque el templo ha cerrado. Hemos llegado tarde. Empezamos a ojear las guías y como tampoco tenemos muchas horas de sol, decidimos que nos dirigiremos al Mercado de la Seda. Me da miedo no encontrarlo pero tras salir del metro lo localizamos fácilmente. Donde años atrás había un mercadillo con cientos de comerciantes, desde el año 2005 hay un enorme centro comercial lleno de tiendas. No distaría mucho de lo que se puede encontrar en Europa si no fuera por las centenares de imitaciones de grandes marcas que tras regateos obligados se pueden adquirir aquí. Así pasamos lo que queda de día, Marta regateando primero por unas bambas imitación de New Balance y después en otra tienda por una imitación de una chaqueta North Face. Yo me limito a decir que quiero lo mismo por el mismo precio cuando ella ya ha hecho el trabajo sucio. Tengo motivos, se le da mucho mejor que a mi.

Mercado de la Seda

Y así acaba el día, volviendo al hotel por una calle que si no fuera por las estridentes luces y letras chinas parecería la zona comercial de cualquier ciudad europea y habiendo hecho ya la mayoría de visitas obligadas de Pekín. Aunque está siendo entretenida, la ciudad tampoco me está produciendo fascinación. No esperaba más de la funcionarial capital de China. ¿Pekín es recomendable? Sí, siempre y cuando lo que venga en los próximos días sí me sorprenda. A eso vamos.

Calle comercial de Pekín

Marcar el Enlace permanente.

No se admiten más comentarios