China y Hong Kong (Día 15). Hong Kong isla.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Llegada a Beijing.
DÍA 2Ciudad prohibida. Plaza Tiananmen.
DÍA 3Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.
DÍA 4Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.
DÍA 5Mercado de Wangfujing. Palacio de Verano. Templo de los Lamas.
DÍA 6Pingyao.
DÍA 7Hacia Ping’an.
DÍA 8Arrozales de Ping’an.
DÍA 9Ping’an. Yangshuo.
DÍA 10Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 11Moto por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 12Yangshuo. Guilin.
DÍA 13Hong Kong continente (Kowloon).
DÍA 14Isla Lantau.
DÍA 15Hong Kong isla.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Las vistas desde The Peak. Y bajar caminando desde allí.

DIARIO

Navegando en el legendario Star ferry nos dirigimos a la isla de Hong Kong. Hoy ya, por fin, para descubrirla. Alcanzamos la isla y nos dirigimos directamente hacia la izquierda, buscando el camino para llegar al Peak Tram, el teleférico que sube al punto más alto de la isla de Hong Kong. Nada más girar un par de esquinas me siento como en una película, encajado entre los enormes rascacielos. Impresionan tanto de lejos como de cerca.

Aunque al principio nos cuesta encontrarlos, acabamos topándonos con un cartel y cogiendo la senda hacia nuestro objetivo. Yo no dejo de levantar la cabeza, casi desnuncándome, para que la vista alcance la altura de esos mastodontes que me rodean. No consigo que ninguna foto capte la silueta de estos monstruos. Hace un calor infernal, por lo que esta visita se antoja como un acierto en nuestro haber. 

Llegamos a la venta de entradas del Peak Tram. Había leído que es la zona más turística de Hong Kong pero no imaginé que me esperaban 2 horrorosas horas de cola para subir. Cuando al fin llega nuestro turno el teleférico empieza a subir con parsimonia y constancia a la vez entre una densa vegetación tropical. El trayecto de escasos 5 minutos es agradable aunque aún escuece el precio de la entrada. Y por fin alcanzamos The Peak (El Pico) o Cumbre Victoria, el punto más alto de la isla y segundo de toda Hong Kong. Aquí arriba lejos de encontrarnos con la solitud de las alturas estamos rodeados de personas y más personas. Nos movemos hacia un lado donde unos caminos parecen bajar la montaña y tomamos la primera perspectiva de lo que hemos venido a ver: el skyline desde atrás.

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Nos movemos de nuevo hacia el gentío y entramos en lo que parece un centro comercial. Sí, aquí arriba. Tiendas de ropa, restaurantes… tampoco le hacemos ascos, el calor y el hambre que llama a la puerta nos pide una parada. Pero antes buscamos el Burguer King, ya que hemos leído que las vistas desde su terraza son muy buenas. Y así es, encontramos lo que parece una improvisada terraza desde donde volvemos a tener una perspectiva muy buena del skyline. Pasan los días y no deja de impresionarme. Nunca hubiera pensado que una imagen urbana y artificial pudiera impactarme de esta manera.

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Miramos precios en los diferentes restaurantes pero la cruda realidad nos lleva a volver al Burguer King. La economía a estas alturas no da para más. Con la barriga llena volvemos afuera, compramos una pintura de un artista que tiene su paradita allí montada y nos dejamos embelesar por las vistas en un mirador que no acertamos a ver cuando llegamos aquí arriba.

Ahora nos disponemos a bajar. Podemos utilizar el Peak Tram pero ante nosotros discurre un camino sombrío y húmedo que parece hacer lo propio. Decidimos tomarlo. Durante aproximadamente 20 minutos caminamos en bajada disfrutando del halo de paz que se respira aquí, cruzándonos con apenas un par de parejas de turistas que por ahorrarse el teleférico suben hacia arriba y un par de hombres haciendo footing. Bajar este verde pulmón entre la frondosa vegetación a lado y lado es agradable, aunque impida tener vistas de los enormes rascacielos, pero subirlo con esta humedad puede ser mortal.

Llegamos a la ciudad. El primer edificio es un enorme rascacielos de incontables pisos. Las calles, las porterías y zonas comunes de los edificios o las colinas tropicales, recuerdan a los Ángeles. Esta zona huele a dinero, a mucho dinero, algo que podremos confirmar en una posterior consulta en Internet.

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Seguimos bajando con el objetivo de alcanzar la escalera mecánica más larga del mundo, la escalera de Mid-Levels. En algún momento nos la tendremos que cruzar. Y ahí están. Sin grandes adornos ni protagonismos, una escalera mecánica techada y a tramos salva la empinada cuesta que seguimos bajando. No sé por qué pensaba que la escalera más larga del mundo sería continua. Pero no es así. A lado y lado de la misma hay escaleras, de las de toda la vida, y entre tramo y tramo nos encontramos a varias personas que venden pisos, repartiendo panfletos o mostrando una relación de ellos en unas pizarras. Me fijo en una de ellas y veo que los pisos se venden por algunos millones de euros. Se confirma que la vida en Hong Kong es cara pero aún más lo son los inmuebles de la zona por la que estamos paseando ahora. Sí, y venden pisos de varios millones en medio de la calle como quien vende paraguas.

Parece que estamos llegando al corazón de la isla por el gentío que empieza a verse. En breve llegará el momento de torcer a la izquierda para buscar dos templos que se ubican por la zona.

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Recorremos la muy turística calle Hollywood Rd, en dirección al templo Man Mo. Tenemos que hacer un esfuerzo por no parar en alguno de los muchos bares que hay. La entrada es más bien discreta, apenas se ven algunos tejados verdes bajo una cascada de pisos del rascacielos que hay detrás. Accedemos a su interior y pese a la modestia que transmite, hay una atmósfera cálida y sosegada que nos va atrapando poco a poco allí dentro. Predominan los rojos, bajo tenues, muy tenues luces. Mucha intimidad. Un banco con un ventilador salvador nos da la oportunidad de sentarnos y contemplar los rituales de los hongkoneses que por allí dentro deambulan. Sin ser ninguna maravilla y quizá por el contraste con lo que hay fuera, nos resulta ciertamente hipnotizante.

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Deberíamos buscar otro de los templos que se encuentra por la zona pero ha llegado uno de esos momentos en los que otra caminata no compensa. Estamos cansados. Así que retrocedemos por Hollywood Rd y nos paramos en un bar, regentado por europeos, donde nos pedimos unas cervezas de importación por la nada desdeñable cifra de 9€ cada una. Un robo a mano armada.

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Volvemos caminando al ferry con la sensación de que algunas horas más en la isla de Hong Kong no hubieran sobrado en absoluto, ya que nos dejamos algunas zonas que parecen interesantes, tales como Plaza Central o el área de Possession Rd. Me quedo absorto con la altura de los rascacielos desde abajo, intentando robarles alguna foto sin éxito. Sigo sin ver desde dónde puedo meterlos en con cierta gracia por mi visor. Definitivamente, el skyline por dentro también gusta.

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Ya de vuelta en Kowloon tomamos la famosa Nathan Rd, una de las calles que suben en dirección norte. Calles y más calles comerciales, carteles luminosos que van apareciendo sobre nuestras cabezas conforme la noche se apodera del ambiente. 

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Cena de despedida y unos postres muy delicatessen en un local con mucho glamour. Todo para decirle adiós a una ciudad que pese a las reservas que puede tener alguien que se siente más cómodo en la naturaleza, sorprende gratamente. ¡Vivan los rascacielos y las luces!

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