China y Hong Kong (Día 14). Isla Lantau.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Llegada a Beijing.
DÍA 2Ciudad prohibida. Plaza Tiananmen.
DÍA 3Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.
DÍA 4Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.
DÍA 5Mercado de Wangfujing. Palacio de Verano. Templo de los Lamas.
DÍA 6Pingyao.
DÍA 7Hacia Ping’an.
DÍA 8Arrozales de Ping’an.
DÍA 9Ping’an. Yangshuo.
DÍA 10Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 11Moto por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 12Yangshuo. Guilin.
DÍA 13Hong Kong continente (Kowloon).
DÍA 14Isla Lantau.
DÍA 15Hong Kong isla.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
El Gran Buda de Tian Tian, sobre todo desde abajo.No tener tiempo para hacer la ruta de 2h por la montaña de Sunset Peak. Las vistas y el entorno apuntan muchas maneras.
El Monasterio de Po Lin. Los templos budistas suelen tener ese aura hechizante.El pueblo pesquero de Tai O. Penuria.

DIARIO

Nos costó decidir esta visita. Los pocos días que disponemos para esta ciudad nos han planteado muchas dudas. Pero finalmente, aquí estamos, saliendo del embarcadero de Kowloon hacia la isla de Hong Kong. Desde allí sale el ferry de Lantau. Aquí estamos, en el Star ferry, la compañía que desde 1888 une la península con la isla por el mísero precio de 0.29 céntimos de euro. Hace un día espectacular. El Skyline muestra todos sus rincones bajo un sol radiante. Detrás ya nos queda Kowloon, que se muestra igual, aunque vista con perspetiva no es ni la décima parte de espectacular que la isla de Hong Kong. Destaca el rascacielos International Commerce Centre, el más alto de la región con 484 metros de altura y 108 pisos. Un gigante.

Kowlon

Isla Hong Kong

Después de algo menos de una hora llegamos a la isla de Lantau, a Mui Wo, donde apenas unos minutos después llega el autocar que nos subirá al Monasterio de Po Lin. Aunque hay otra combinación que permite subir en funicular, optamos por lo más barato y rápido. Por una estrecha carretera el conductor del autocar se marca unos rallies de auténtico miedo, hasta que de una sola pieza llegamos al monasterio. Lo primero que nos encontramos es una zona de tiendas para el turista: souvenirs, bebidas, objetos de decoración, etc. Nos limitamos a comprar el desayuno, luego tendremos tiempo para echarle un vistazo. Con el desayuno y el cigarrillo preparados nos acercamos un poco más al monasterio, justo donde podemos ver el Gran Buda de Tian Tan. En lo alto de una colina, de entre los árboles se asoma la estatua de bronce de un buda sentado de 26 metros de altura. Espectacular e imponente.

Buda de Tian Tan

Buda de Tian Tan

Buda de Tian Tan

Nos acercamos a la base del buda, desde donde vemos las interminables escaleras que llevan hasta él. Desde aquí podemos ver el contraste de tamaño entre las personas que suben y bajan y la estatua en sí. Pero la ascensión la dejaremos para luego, ya que decidimos visitar primero las salas del Monasterio de Po Lin. Entre budas e incienso quemando visitamos el complejo, pasando por delante de una sala de oraciones donde me quedo varios minutos viendo sus movimientos, hasta llegar a lo lo que parecen las casas de los monjes. Como es habitual en los templos budistas se respira mucha paz.

Monasterio de Po Lin Monasterio de Po Lin Monasterio de Po Lin

De vuelta al exterior vemos un apartado camino que anuncia algunos puntos de interés y decidimos tomarlo para chafardear el entorno del lugar. Lo que podía parecer una pérdida acaba convirtiéndose en todo lo contrario. Primero pasamos al lado de algunas viejas instalaciones del monasterio, después nos adentramos en un bosque y finalmente aparecemos en las faldas de una montaña desde donde disfrutamos de unas vistas increíbles. Estamos rodeados de una frondosa vegetación que ocupa cada rincón de las laderas tropicales y con el intenso azul del mar de fondo. Desde aquí parece que estemos en una isla virgen, una sensación que nos lleva a Marta y a mi a hablar sobre nuestro próximo viaje. Queremos islas así.

LantauLantau

Lantau

Un cartel anuncia la ruta de 2 horas hasta la cima de la montaña Sunset Peak. Tenemos unas ganas enormes de seguir subiendo, hacia un punto en el que presumiblemente las vistas serán más espectaculares aún y en un entorno tan evocador como éste. Pero el tiempo nos lo prohíbe. Tenemos que subir al buda y luego ir al pueblo de Tai O. Resignados por no poder dedicarle más tiempo damos marcha atrás, pasando antes por un monumento, el Camino de la sabiduría, donde se alzan varios palos de madera con versos en chino venerados por budistas, confucionistas y taoístas por igual.

Camino de la Sabiduría

Un escalón, dos escalones, tres escalones… tras cientos de ellos y sin haber perdido de vista el colosal buda llegamos a su base, a su misma altura. Frente a él las dimensiones siguen siendo tan excelsas. Lo rodeamos entre el enorme gentío que se amontona aquí arriba pero tras él lo que realmente destaca son una vez más las vistas. No me imaginaba que Hong Kong tuviera un entorno así, seguramente porque una de las ciudades más modernas del mundo lo oculta debajo de sus cimientos.

Buda de Tian Tan Buda de Tian Tan Lantau

Tras otro trayecto en bus llegamos a Tai O, uno de los pueblos de pescadores más antiguos de la zona. Tras el primer sector, más comercial donde nos encontramos con multitud de tiendas de productos del mar y restaurantes -aprovechamos para comer hasta reventar- cruzamos un puente que nos lleva a la calle principal, y casi única diría, que recorre paralela a la costa todo el pueblo de Tai O. No tardamos en apreciar la penuria del lugar. La población es en su mayoría anciana, viste cuatro harapos y vive en casas sobre pilotes, entre los cuales es habitual ver basura traída por el oleaje. Las roñosas casas en su mayoría están construidas de chapas metálicas. No me quiero imaginar el calor en días de altas temperaturas. El olor tan intenso a pescado roza lo nauseabundo. Y para más inri, en una de esas paradas en la sombra tan típicas en territorio asiático para refrescarnos, nos vemos atacados por decenas de mosquitos que abundan por estos lares. No, no es un lugar agradable para visitar, pero sí diferente.

Tai O Tai O

Tai O

Tai O Tai O Tai O

Quizá nos hemos acostumbrado muy rápido a la modernidad de Hong Kong y esto en China nos hubiera parecido de los más normal. Quizá el inspirador concepto de pueblo de pescadores que tenía aprendido se ha visto roto a pedazos y todo ha sido una cuestión de expectativas. No lo sé. Pero lo que sí tengo claro es que a mi, que tengo cierta facilidad para sacar buenas sensaciones de lo genuino aunque vaya acompañado también de lo pordiosero, me costará llevarme algo positivo de aquí.

Tai O Tai O

Volvemos hacia la isla de Hong Kong. Primero esperamos el autocar que nos llevará al ferry, tiempo que aprovecho para retener como último recuerdo el bonito entorno de la isla de Lantau. Luego, ya en el ferry, compramos el billete más caro sin saber qué privilegios tiene. Nos señalan una sala con aire acondicionado, una sala donde es imposible estar por el horroroso frío que hace ahí dentro. Por suerte en el resto del ferry no hay casi nadie, así que tras algunos minutos intentando estar, salimos para buscar un buen lugar lejos de aquella sala donde encontrar la tranquilidad. Unas buenas vistas de las luces del Skyline que nos vuelven a recordar el significado de la belleza, el aire fresco soplando nuestras caras y el hipnotizante sonido del motor. Una buena forma de acabar el día.

Marcar el Enlace permanente.

No se admiten más comentarios