China y Hong Kong (Día 13). Hong Kong continente (Kowloon).

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Llegada a Beijing.
DÍA 2Ciudad prohibida. Plaza Tiananmen.
DÍA 3Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.
DÍA 4Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.
DÍA 5Mercado de Wangfujing. Palacio de Verano. Templo de los Lamas.
DÍA 6Pingyao.
DÍA 7Hacia Ping’an.
DÍA 8Arrozales de Ping’an.
DÍA 9Ping’an. Yangshuo.
DÍA 10Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 11Moto por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 12Yangshuo. Guilin.
DÍA 13Hong Kong continente (Kowloon).
DÍA 14Isla Lantau.
DÍA 15Hong Kong isla.

RESUMEN DEL DIA

LO MEJORLO PEOR
El Skyline de Hong Kong, de día y de noche, ¡espectacular!El alojamiento en Hong Kong, habitaciones con medidas ridículas a precio de oro.
La ciudad de Hong Kong. Sus rascacielos, su infinidad de letreros iluminados, su tráfico... me encantó la ciudad.

DIARIO

Después de aterrizar en Shenzhen y coger un autobús nos encontramos caminando por la pasarela que conecta China con la Región Administrativa Especial de Hong Kong. Aunque forma parte del país mandarín, esta región mantiene un sistema económico capitalista, sistema administrativo y judicial propio e incluso su propio sistema de aduanas y fronteras. Y es precisamente lo que estamos comprobando ahora, con varios policías de Hong Kong que nos esperan unos metros más adelante custodiando firmemente el paso de las personas.

Cuando los alcanzamos de repente una agente se abalanza sobre una mujer china con una especie de pistola de plástico. Así, de sopetón. Tras la sorpresa tardo unos segundos en entender que le está midiendo la temperatura. Segundos después, otro policía se abalanza sobre la cabeza de un niño con una luz azul, como buscando piojos. No preguntan, no dan las gracias, controlan todo aquello como si de ganado se tratase. La primera impresión es que no les gusta demasiado lo que viene de China.

Cogemos el metro MTR para dirigirnos a nuestro hotel en la zona continental de Hong Kong. La primera impresión al volver a tierra es que estamos en un lugar mezcla de Asia y de las grandes urbes estadounidenses. Enormes edificios y rascacielos con estética de oficina, sin balcones ni vida alguna en sus fachadas, a excepción de los vívidos carteles y seguramente iluminados de noche en los primeros pisos. Calles concurridas, coches asiáticos de alta gama, una mezcla de las luces y sombras de los mundos oriental y occidental concentrados aquí. Hong Kong tiene una personalidad propia difícil de explicar.

Llegamos a uno de esos rascacielos donde se anuncia nuestro hotel. Parece ocupar unas pocas plantas de las decenas que tiene el edificio. Al entrar a éste me vuelvo a quedar asombrado. Es enorme, un laberinto de pisos y pisos que dista mucho de la intimidad y el calor que transmiten los espacios comunitarios en España. Nos perdemos por las escaleras hasta que tras una de las infinitas puertas se encuentra nuestro hotel, el Homy inn. El chico en un perfecto inglés nos da todo tipo de explicaciones, tanto del hotel como de la ciudad. Tiene un aire cosmopolita que le hace ser enormemente diferente a todos los chinos con los que hemos tratado en este viaje. Hong Kong es otro universo. Literal.

Parece ser que nuestra habitación se encuentra perdida en alguna planta de otro de esos enormes edificios. Cruzamos la calle y entramos. Éste es algo más viejo. Salimos del ascensor, abre la puerta y nos da las llaves tras cuatro breves explicaciones para que nos acomodemos. Es un piso minúsculo, con una intensa iluminación blanca artificial y con un espacio comunitario más pequeño aún. Pero lo peor de todo viene cuando abrimos la puerta de nuestra habitación. Dos camas muy estrechas, con un espacio entre ellas para apenas una cadera y media, y frente a ellas, a escasos centímetros, un baño de plástico empotrado en la pared. Claustrofóbico. Horroroso. No es culpa del hotel, en Hong Kong tienen un serio problema de espacio. Y la habitación nos ha costado nada más y nada menos que 40€ la noche.

Hommy in Hong Kong

Volvemos a la calle necesitados de oxígeno. Tengo hambre y empezamos a buscar sitios para comer. En el estricto orden de los bulevars no hay puestos callejeros, los pocos lugares que vemos son restaurantes y son caros, muy caros. Entramos al más barato de todos donde comemos mal, no por falta de higiene del local, sino por lo insípida que es la comida. Los tallarines y el pollo al limón son calcados a los que se pueden comer en cualquier restaurante chino cutre de allí. Cuando acabamos salimos a la calle, nos compramos unos ice coffes y nos disponemos a buscar algún rincón para echar un cigarrillo. Primero vemos un cartel de prohibido fumar. Sí, en medio de la calle. Torcemos un par de esquinas y seguimos cruzándonos con los mismos carteles. Pasan los minutos y al final nos damos por vencidos, no hay escapatoria, en Hong Kong está prohibido fumar en la calle.

Resignados pero ya acomodados en el hotel y con el estómago lleno, empieza por fin nuestro tiempo de turisteo por la ciudad. Aunque el primer contacto está siendo duro por lo estrictos que nos parecen en esta ciudad me hace muchísima ilusión ver el famoso Skyline de la isla de Hong Kong. Callejeamos con la intención de recorrer el paseo marítimo de Tsim Sha Tsui de este a oeste para poder verlo. Y ahí está, tras la lengua de mar que separa el continente de la isla, la silueta de decenas y decenas de rascacielos, un kilométrico horizonte artificial. Me quedo embobado ante una forma de ver una ciudad totalmente nueva para mi. Es increíble.

Skyline Hong Kong

Barco tradicional Hong Kong

Tenemos un kilométrico paseo por delante. Pero antes, decidimos acompañar a un hombre que fumetea en un rincón sin viandantes a la vista. Nuestra primera infracción en Hong Kong.

Skyline Hong KongSkyline Hong Kong Skyline Hong Kong

Conforme va cayendo el sol los enormes carteles publicitarios del Skyline empiezan a iluminarse. No puedo dejar de mirar al otro lado, la panorámica me tiene totalmente abducido. En uno de esos pocos momentos en los que retiro la atención me topo con un cartel de prohibición. Otro más en la ciudad de Hong Kong, pero éste destaca por la infinita cantidad de actividades prohibidas en el paseo marítimo. Prohibido patinar, prohibido ir en bici, prohibido coches teledirigidos… prohibido, prohibido, prohibido. Se confirman las conclusiones, estas gentes están cargada de manías, quizá como una reacción a lo que viene de China, el otro extremo, que como intuí en la frontera no les debe gustar demasiado. Se me va a hacer difícil no infringir alguna norma más en los pocos días que estaremos aquí.

Prohibiciones Hong Kong

Una placa en el suelo con el nombre de un actor chino nos anuncia que hemos llegado a la Avenida de las Estrellas de Hong Kong. Con las vistas del Skyline de fondo y al estilo el paseo de la fama de Hollywood, pasamos por delante de placas y más placas de actores famosos. Por lo visto la industria cinematográfica de Hong Kong es muy importante. Pero actores famosos en China porque no reconocemos a nadie. A nadie hasta que nos percatamos de un cierto revoloteo de personas alrededor de una estatua que resulta ser del gran Bruce Lee.

Brucee Lee en la Avenida de las Estrellas Avenida de las Estrellas

Una vez pasada la insípida Avenida de las Estrellas alcanzamos el muelle del Star Ferry, el barco que cruza a la isla de Hong Kong por una mísera cantidad. Dicen que es el crucero con mejor calidad-precio del mundo. Aunque vemos algunos salir del embarcadero no tenemos intención alguna de cruzar hoy hacia la isla. Decidimos sumergirnos en las calles que suben. No hay nada concreto que buscar, más que impregnarse del ambiente que se respira en la ciudad. Entre mucho coche y gentío y mucha tienda cara va cayendo la noche y los carteles empiezan a iluminarse. Cuando uno se imagina una moderna ciudad asiática de noche piensa en esto. 

Tsim Sha Tsui Hong Kong

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Volvemos hacia el Paseo Marítimo porque a las ocho empieza el Symphony Lights, un espectáculo de fuegos artificiales que proyectan cada día desde lo alto de los rascacielos. Con el cielo completamente negro alcanzamos la costa. Está absolutamente atestado de personas. Nos hacemos un hueco entre la muchedumbre hasta que tenemos vistas sobre la isla. Me vuelve a dejar perplejo es el skyline, con todos los edificios contorneados por las luces sobre el fondo negro de la noche. Quizá exagero y es cosa sólo mía, pero seguramente es el paisaje urbano más mágico que he visto nunca.

Skyline Hong Kong

Empiezan los fuegos. Agachado para aprovechar el suelo como trípode improvisado y peleándome con un niño chino que invade mi espacio vital pasan los minutos ante ante un espectáculo que es bonito aunque creo que poco se puede hacer para mejorar la panorámica.

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