China y Hong Kong (Día 11). Moto por los alrededores de Yangshuo.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Llegada a Beijing.
DÍA 2Ciudad prohibida. Plaza Tiananmen.
DÍA 3Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.
DÍA 4Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.
DÍA 5Mercado de Wangfujing. Palacio de Verano. Templo de los Lamas.
DÍA 6Pingyao.
DÍA 7Hacia Ping’an.
DÍA 8Arrozales de Ping’an.
DÍA 9Ping’an. Yangshuo.
DÍA 10Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 11Moto por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 12Yangshuo. Guilin.
DÍA 13Hong Kong continente (Kowloon).
DÍA 14Isla Lantau.
DÍA 15Hong Kong isla.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
Recorrer en moto los alrededores de Yangshuo. Y además, disfrutando de esa libertad por primera vez en el continente asiático. Una gozada.

DIARIO

Moverse en bicicleta por las carreteras de los alrededores de Yangshuo es una empresa complicada. Las elevadas temperaturas y distancias son capaces de frustrar al viajero más ilusionado. Por este motivo llegamos a la ansiada decisión de alquilar una moto para las visitas de hoy. Por fin tengo una excusa para vencer las resistencias de Marta a ir en moto. Estoy algo nervioso, emocionado ante la posibilidad de circular con total libertad en un país extraño, con su propio entorno, carreteras, costumbres y normas de circulación. En definitiva, con su propio caos. Y me muero de ganas.

Pedimos una moto en la recepción del hotel y el chico nos acompaña a la calle, donde de entre decenas de bicicletas y motos amontonadas sin aparente orden, la propietaria del chiringuito nos saca nuestra compañera de viaje. Sin permiso de conducir, sin casco, sin preguntas. Tiene apariencia de estar bastante cascada, lo que le dará un toque más aventurero a la experiencia. Los primeros kilómetros son de testeo: aceleración, freno, estabilidad con Marta de paquete… y las primeras sensaciones con el viento peinando nuestras desprotegidas cabezas. Sin darnos cuenta ya estamos fuera del núcleo urbano, en una estrecha carretera con los picos calizos de fondo. Bonita perspectiva, ideal para las primeras fotografías de la jornada.

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Empezamos a serpentear por carreteras más inhóspitas que las de ayer. Una curva entre densa vegetación, una recta con picos calizos de fondo… inspeccionamos el entorno sin rumbo, disfrutando de la libertad que nos brinda la moto, hasta que vemos en el GPS que nos estamos alejando y damos media vuelta hacia otro lugar. 

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Algunos kilómetros más allá y después de haber perseguido a algún lugareño con cámara en mano llegamos a un pueblo donde podemos inspeccionar de cerca la vida rural: construcciones con andamios de cañas de bambú, personas que transportan sus hortalizas… qué interesante se tornan los viajes cuando te puedes alejar de lo turístico.

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Empieza a chispear. Damos media vuelta hasta un colmado que vimos antes. Nos pedimos unas bebidas y nos sentamos bajo el porche a hacer un cigarro ante la sorpresa de los niños que corretean por allí, justo en el momento en el que empieza a llover más en serio. Enfrente nuestro el pequeño lago con la lluvia cayendo ofrecen una estampa muy bucólica.

Cuando el tiempo amaina volvemos a reandar todo el recorrido hasta la carretera principal, la que recorrimos ayer en bicicleta. Por ella tenemos que encontrar el camino hacia un pueblo antiguo cuyo nombre nunca más recordaré. Tras varias dudas y preguntar a un hombre encontramos el camino de entrada. Alcanzamos el pueblo, justo cuando un señor mayor sale de una especie de garita de madera para indicarnos mediante gestos que tenemos que dejar la moto ahí y tenemos que pagar ticket. No es que nos haga mucha ilusión pagar por entrar al pueblo pero la visita a estas “ancient village” son las únicas visitas culturales que se pueden hacer por aquí. Lo que desconocemos es si este antiguo pueblo es el más bonito de los pocos y con escasa información que hay por los alrededores de Yangshuo.

Entramos. Lo primero que vemos es un espacio algo más amplio en comparación a las callejuelas que se abren a nuestro alrededor, un espacio a modo de plaza del pueblo, donde algunos lugareños trabajan con granos de arroz extendidos por el suelo. Cogemos una de las callejuelas. Está totalmente desierta. Luego accedemos a una especie de patio interior. Callejuela, patio interior, callejuela, patio interior y así una y otra vez. El pueblo está desértico, todo lo que vemos parece estar ahí tal y como lo ha dejado el paso del tiempo y no está cuidado, dando como resultado una extraña mezcla de autenticidad y dejadez, del encanto de lo antiguo que deja de serlo por el abandono que parece sufrir el lugar.

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Apenas vemos un par de lugareños y ni un sólo turista. Caminamos en silencio. Nos topamos con una sala con un pequeño altar. Tampoco hay nadie ahí dentro. Solitud absoluta.


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Volvemos a la plaza de la entrada y ahora no hay nadie. Como hecho a propósito para que husmeemos por sus herramientas.

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Cogemos la moto y volvemos a nuestro restaurante. El hambre apremia. El dolor en el trasero tras tantas horas en moto y el calor nos han dejado KO, por lo que las siguientes horas apenas las explican una siesta y un tranquilo paseo por Yangshuo.

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