China y Hong Kong (Día 10). Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Llegada a Beijing.
DÍA 2Ciudad prohibida. Plaza Tiananmen.
DÍA 3Parque Jingshan. Hutongs. Parque Beihai. Silk Market.
DÍA 4Muralla China. Hutongs. Torres del Tambor y la Campana.
DÍA 5Mercado de Wangfujing. Palacio de Verano. Templo de los Lamas.
DÍA 6Pingyao.
DÍA 7Hacia Ping’an.
DÍA 8Arrozales de Ping’an.
DÍA 9Ping’an. Yangshuo.
DÍA 10Balsa por el río Li. Bici por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 11Moto por los alrededores de Yangshuo.
DÍA 12Yangshuo. Guilin.
DÍA 13Hong Kong continente (Kowloon).
DÍA 14Isla Lantau.
DÍA 15Hong Kong isla.

RESUMEN DEL VIAJE

LO MEJORLO PEOR
Las piscinas de barro de las Cuevas del Buda Negro y del Agua. Curiosas.Navegar el río Li tan pronto. La falta de luz apaga los tonos del bonito paisaje karstico. Si volviera, reservaría para el atardecer.

DIARIO

El pequeño barco arranca su ruidoso motor para adentrarnos por el Río Li. El viento fresco empieza a estimular la piel de nuestras caras aún con el semblante de quien hace poco que se acaba de despertar. El río en sí no destaca, ancho y con un color más bien feo. Pero no es eso lo que hemos venido a ver. Es el telón de fondo, los incontables picos calizos a través de los cuales el río forjó su recorrido hace miles de años. 

Río Li

La embarcación la lleva un joven chino muy atento. Cuando ve que saco la cámara inmediatamente reduce la marcha para ayudarme a captar una buena instantánea. El afán de hacer fotografías deja paso al relax de fumarme algún que otro cigarrillo mientras contemplo el prodigioso entorno, pues estamos casi hora y media surcando estas aguas y los picos calizos no dejan de estar presentes en todo el recorrido.

Río Li Río Li

De vez en cuando nos adelanta otra embarcación con más turistas en ella. Lástima de los ruidosos motores, si supiera y hubiera alguna hora del día en la que el río esté en silencio volvería sin duda alguna.

Río Li

Río Li Río Li

Río Li Río Li

Río Li

El chico nos señala algunas rarezas de las montañas y nos dice su nombre pero apenas le entendemos. No por falta de voluntad de ninguna de las partes. Apenas reconocemos dos singulares formaciones, unos picos que aparecen en el billete de 20 yuanes que nos enseña y una gigante marca en una pared rocosa con forma de pez. Eran fáciles.

Río Li

Tras hora y media llegamos a nuestro destino, a mitad de camino de Guilin. El crucero hasta ésta dura casi 4 horas y si no hay nada diferente más allá, parece que hemos acertado con acabar aquí. Hemos tenido tiempo para embobarnos muchas veces.

Río Li

Río Li

Río Li Río Li

Río Li

Rodeados de docenas y docenas de barcos como el nuestro caminamos para dejar atrás el embarcadero. Apenas hay una calle con cuatro establecimientos donde policías intentan poner orden entre autocares y autocares que no dejan de llegar y marchar de un claustrofóbico estacionamiento para esos monstruos de la carretera. Entramos en una agencia de viajes para preguntar cómo volver a Yangshuo pero está absolutamente abarrotada de gente. Vamos al colmado de al lado y nos dicen que el autocar para enfrente. No sé cómo vamos a diferenciar unos de otros. Esperamos y todos pasan de largo. Nos dirigimos al conductor de un autocar estacionado pero se limita a decirme que no mirando hacia otro lado. Pregunto a un chico que desayuna en el bar y ni siquiera me mira a los ojos. Creo que es la primera vez que trato con chinos estúpidos.

Río Li Río Li Río Li

Río Li

No nos quedan más sitios donde preguntar. Esperamos y esperamos y tras casi cuarenta minutos uno de los autocares desacelera frente a nosotros. La revisora se asoma y le preguntamos por Yangshuo. Nos dice que sí, preguntamos el precio e intentamos regatear. El autocar, inquieto, hace ademán de acelerar. Subimos rápidamente, es esto o quedarnos aquí.

Del río Li a Yangshuo

No sé cuánto tiempo estamos dentro del autocar. Mucho si es por la cantidad de chinos que vemos subir en las incontables paradas que hacemos, sobre todo gente mayor, de apariencia de campo. Cruzo las miradas con alguno de ellos. Ellos saben que para mi son extraños pero también yo soy consciente que lo soy para ellos. Es curioso, uno crece pensando que aquel famoso templo representa tal país y después resulta que un simple viaje en autobús muestra mucho mejor la idiosincrasia de sus gentes.

Llegamos a Yangshuo y directamente nos dirigimos a nuestro restaurante. La chica sonríe, nos reconoce. Una vez repuestas las fuerzas volvemos al hotel para alquilar unas bicicletas y visitar algunos puntos de interés de los alrededores. Tomamos una carretera junto a un mayor número de coches y camiones de los esperados. Pasa un buen rato sin que veamos nada y las dudas hacen acto de presencia. Pero los mapas son demasiado clarividentes y el entorno de la polvorienta carretera empieza a estar invadido por los resultones picos karsticos que por si solos justifican el paseo. Nos cruzamos con varios carteles anunciando lugares pero ninguno nos interesa. Pedaleando así pasamos el tiempo hasta que, por fin, el cartel que anuncia nuestra primera visita aparece: las Cuevas del Buda Negro y del Agua. Están muy cerca.

Aparcamos las bicis bien atadas en el párking. Entramos en el complejo frente a lo que parecen las taquillas, justo en el momento en el que una decena de jóvenes turistas llega con sus bañadores mojados. Nos cambiamos y en bañador y bikini respectivamente nos dirigimos a la cola para acceder a las cuevas con el siguiente turno. Pero algo raro pasa. Todos los chinos allí presentes nos miran, con un semblante entre escándalo y risas. Ninguno lleva ropa de baño. Me parece que al ver a los turistas nos hemos venido demasiado pronto arriba. Pasa poco tiempo hasta que abren las cuevas y directos nos metemos buscando agua en la que zambullirnos para apartar pronto las insistentes miradas. Pero ahí no hay agua, sino un frío y húmedo túnel iluminado de a saber cuántos centenares de metros. No es que nos hagan sentir blasfemos, pero los chinos tienen un sentido de la vergüenza bastante peculiar y son muy poco discretos para señalar a alguien y reírse. Pero no hay maldad. El sentido del ridículo se apodera entonces de nosotros. Tampoco sabemos cuántos metros quedan para encontrar agua. Marta da media vuelta y se vuelve a cambiar.

Después de sentirnos las suecas en Benidorm de los años 60’s volvemos a entrar al túnel. Estamos solos, algo que se agradece en este tipo de visitas donde uno suele ir entre una aglomeración de visitantes que se abren paso por los estrechos túneles de una cueva. Las formas de las paredes son muy curiosas, auténticas, aunque quizá me sobra parte de las estridentes luces lilas y azules que marcan los contornos. Caminamos por los túneles sin pérdida hasta que salimos a una galería un poco más amplia. En medio, un acuario poco más grande que la enorme tortuga de su interior. Marta se queda embobada como una niña pequeña. Le encantan las tortugas. Una pena el escaso espacio que tiene el animal.

Cuevas del Buda Negro y del Agua Cuevas del Buda Negro y del Agua

Cuevas del Buda Negro y del Agua

Cuevas del Buda Negro y del Agua

Alcanzamos las piscinas de barro. Aunque al principio da cierto apuro entrar, básicamente por cuestiones higiénicas, la sensación de frotarse con el barro resulta muy placentera. Pasamos el rato embadurnándonos hasta el cuello, restregándonos como hipopótamos, jugueteando con el denso barro del fondo. Una visita diferente. A escasos dos metros de la piscina nos esperan unas duchas perfectamente equipadas para limpiarse y cambiarse uno, lo que nos hace plantearnos seriamente si realmente no hicimos el panolis en la puerta.

Cuevas del Buda Negro y del Agua

Y para acabar de rematar nuestra estancia en este particular lugar unas termas de agua caliente en el interior de la cueva. Nos agenciamos de una de las bañeras pequeñas, que parecen naturales, lejos del bullicio que sí hay aquí a diferencia de las piscinas de barro que estaban totalmente casi solitarias. Salimos como nuevos.

Cuevas del Buda Negro y del Agua Cuevas del Buda Negro y del Agua

De vuelta a Yangshuo el tráfico es aún más denso, creándose incluso algún tramo de caravana. Nosotros pedaleamos tan tranquilamente contemplando los picos que nos rodean, una singularidad que seguramente tan sólo veremos una vez en la vida. Aquí y ahora entre las gotas de la lluvia que empiezan a caer.

Yangshuo Yangshuo

Marcar el Enlace permanente.

No se admiten más comentarios