Berlín (Día 2). Búnker del metro. Unter den Linden. Pariser Platz. Wilhelmstrasse. Plaza Gendarmenmarkt.

ÍNDICE VIAJE

FICHAFICHA
DÍA 1Iglesia-memorial Kaiser Wilhelm. Kürfurstendamm.
DÍA 2Búnker del metro. Unter den Linden. Pariser Platz. Wilhelmstrasse. Plaza Gendarmenmarkt.
DÍA 3Museo Ruso-alemán de Karlhorst. Prisión de la Stasi. Alexander Platz. Barrio de San Nicolás.
DÍA 4Sachsenhausen. Zona Tiergarten.
DÍA 5Checkpoint Charlie. Paseo por el barrio de Kreuzberg. Potsdamer Platz. Fin de Año Berlinés.
DÍA 6Muro de Berlín. Scheunenviertel. Charlottenburg.
DÍA 7Topografía del Terror. Checkpoint Charlie. Potsdam.

RESUMEN DEL DÍA

LO MEJORLO PEOR
El metro del Búnker con visita guiada. Las explicaciones te ponen los pelos de punta.
Estar en un lugar con tanta historia como la Puerta de Brandenburgo.
El mercadillo navideño nocturno frente a las iglesias. Franzosischer Dom y Deutscher Dom.

DIARIO

No sin ni las 8 de la mañana y ya estamos en la estación de la FriedrichStrasse, calle perpendicular a Unter Den Linden, en el mismísimo centro de Berlín. Sabiendo que a las 16h anochece los madrugones en estas fechas son obligados para aprovechar las horas de luz. Nada más salir de la estación nos topamos con la segunda huella del nazismo y la Segunda Guerra Mundial después de la iglesia de la noche anterior: una escultura en recuerdo a los niños judíos, contraponiendo los transportados en los trenes de la vida (niños judíos enviados a Inglaterra tras la noche de los cristales rotos, antes del inicio de la IIWW) a los transportados en los trenes la muerte (enviados hacia los campos de exterminio entre 1941 y 1945).

Durante una hora paseamos por la citada calle a un ritmo mucho más lento del esperado porque llueve. Desayunamos tras una desprovechada visita al centro para dirigirnos a las afueras, a un búnker en el interior del metro, el cual se puede ver gracias a la asociación Berliner Unterwelten que desde el año 2000 hace tours por los mundos subterráneos de la ciudad, permitiendo que el visitante se adentre en todo tipo de construcciones, sobre todo de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Querría hacer todos los tours habidos y por haber pero por tiempo reservé el que pareció más interesante. 

Llegamos antes de tiempo, no llueve aunque hace un frío polar, y decidimos ocupar el tiempo paseando por el Parque Humboldhain, justo enfrente de la estación U-Bhf Gesundbrunnen donde se haya el búnker. En este enorme parque, uno de tantos en Berlín pero éste no sé si por la vegetación o por el clima especialmente verde, se encuentra una torre antiaérea de la IIWW que torpemente no caigo en apreciar en las guías.

Son las 10.30h y el guía abre una puerta aparentemente corriente de uno de los pasillos de la estación de metro. Tras ella se abren ante mi pasillos y estancias claustrofóbicas que sirvieron de refugio a los berlineses en los bombardeos aliados de la IIWW. Nos explican el funcionamiento del búnker, el hacinamiento y sensaciones de esas personas durante los bombardeos, nos enseñan las diferentes estancias, objetos civiles y militares de todo tipo… imaginando el sonido de las bombas del exterior uno puede llegar a entrever la angustia que sentían sabiendo que sus casas, amigos, familiares o su propia vida podían desaparecer con cada nueva bomba que caía sobre la ciudad. Lástima que no permitan hacer fotografías (ya se aseguran con la guía delante y otro guía detrás vigilando que no hagas el más mínimo amago con la cámara). La visita, de 1.5h y en castellano, es totalmente imprescindible.

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Volvemos al centro y nos dirigimos a la calle más importante, la Unter Den Linden. Antiguamente era la ruta que conducía al coto real de caza, transformado más tarde en el Parque Tiergarten, y en el s.XVIII se convirtió en la principal calle de la ciudad que se expandía al oeste, levantándose en ella multitud de edificios de prestigio que tuvieron que ser restaurados tras la Segunda Guerra Mundial. Desde la reunificación se han ido abriendo diferentes establecimientos de lujo. Los importantes edificios a los que hacía referencia se concentran en el este de la vía. Apenas entramos a un par de ellos, no disponemos de mucho tiempo y el frío que nos acompañará todo el viaje empieza a menguar nuestra energía, aunque es obligado un paseo para contemplar las impresionantes fachadas y dimensiones de todos ellos.

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Hay construcciones para aburrirse, en apenas 15 minutos a pié, sin contar el tiempo de visita, pasamos delante de:

  1. El Teatro Maxim Gorki: construido en 1827, es el auditorio más antiguo de Berlín y se asemeja a un templo grecorromano. No entramos.
  2. El Museo de historia alemán: no entramos porque preferimos dedicar el tiempo de museos durante nuestra estancia en Berlín a otros.
  3. El Monumento Friedrich II: estatua ecuestre de Federico II el Grande de 1851.
  4. La Plaza Babelplatz: en la que se ubica la Alte Bibliothek (enorme edificio barroco construido en 1775 que ocupa todo el lateral oeste y que desgraciadamente encontramos en obras), la Placa de recuerdo de la quema de libros de 1933 por parte de los nazis (en 1933 un grupo de la SA encabezado por Goebbels desfiló hasta la hoy Bebelplatz para quemar todos los libros que iban “en contra del espíritu alemán”, arrojándose a las llamas más de 20.000 escritos) y el Teatro Ópera de Berlín, al que entramos y vemos un interior decorado con un estilo rococó tan cursi como llamativo. Parece de una película de época.
  5. El edificio Neue Wache: edificio neoclásico construido en 1816-18. En la década de 1920 conmemoraba a los caídos de la 1a Guerra Mundial. Los nazis lo convirtieron en un monumento de los heroicos muertos y la RDA lo erigió como el memorial de las víctimas del fascismo y el militarismo. Desde 1993 recuerda a todas las víctimas de la guerra y la dictadura. En el interior hay una lápida de granito que cubre las cenizas de un soldado desconocido, un miembro de la Resistencia y un prisionero de un campo de concentración. No llegamos a entrar más por torpeza mía que por falta de interés.
  6. El Palais am Festungsgraben: construido en estilo barroco en 1753 y ampliado en 1864, es un enorme cuadrado con líneas, ángulos, paredes y ventanas rectas. No entramos.
  7. La Catedral de St Hedwigsbonita catedral cuyas obras se iniciaron en 1747, coronada por una cúpula enorme, de aspecto similar al Panteón de Roma y un interior precioso en el que podemos ver la cripta con las tumbas de muchos obispos de Berlín, los restos de un asesinado en un campo de concentración y beatificado como mártir y un precioso órgano que parece venido del futuro. Merece una visita.
  8. La Friedrichswerdersche Kirchepreciosa iglesia de estilo neogótico con dos torres gemelas en la fachada de color rojo ladrillo y una exposición en su interior de esculturas. El rojo de la fachada, el alto techo de arcadas o las columnas de mármol conforman la que para mi es una de las iglesias más bonitas de Berlín. Recomendable acercarse.

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Y otros tantos y tantos edificios con aires de grandeza que se muestran allá donde pongas la vista como el Altes Palais, el Deutsche Guggenheim, el Kronprinzenpalais, la Humboldt Universitat o la Staatsbibliothek.

Nuestro siguiente destino será la Pariser Platz. Tenemos una importante caminata hasta allí porque está justo en el otro extremo de la Unter Den Linden. Serpenteamos calles con la intención de cruzarnos primero con el Monumento al Holocausto, uno de los más conocidos monumentos en memoria de los judíos asesinados por los nazis entre 1933 y 1945. Ocupa un espacio de 19.000 metros cuadrados y en su superficie se puede pasear entre 2751 vastos bloques de cemento. En el interior del memorial se encuentra el centro de documentación sobre el genocidio que no visitamos porque se acerca la noche y tenemos aún muchos lugares que ver. El sitio es recomendable por su significación, porque puedes pasear entre los perfectamente alineados gigantes de cemento (nadie escapa de la típica foto) y porque está muy cerca de la Pariser Platz.

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Tras caminar escasos minutos desembocamos en la Pariser Platz, una gran plaza rectangular de adoquines, rodeada de un par de jardines, importantes edificios y la Puerta de Bradenburgo encapsulada entre ellos que, al estar empotrada entre tanto edificio de considerable tamaño, pierde algo de protagonismo. Empiezo a leer las guías para empaparme de la densa historia del lugar. Fue creada en 1734 y hoy es uno de los lugares más emblemáticos de Berlín. Casi todos sus edificios fueron destruidos en 1945 y tras la reunificación la plaza fue urbanizada de nuevo, encontrándose ahora aquí edificios como las embajadas de Francia y EEUU, un museo dedicado a la familia Kennedy o el Hotel Adlon, un hotel de lujo en el que se alojaron personalidades de primer orden y que desde la década de 1940 contaba con un búnker equipado con el máximo lujo para salvaguardar a sus huéspedes de los bombardeos aliados y que durante los combates finales fue convertido en hospital de campaña.

La estrella de la plaza es la Puerta de Brandeburgo que simboliza la historia alemana y de Berlín como ningún otro monumento. Su construcción finalizó en 1795 y está inspirada en las columnas de la entrada del Partenón de Atenas. La cuádriga, que en su origen simbolizaba la paz, fue llevada a París como botín de guerra en 1806 por órdenes de Napoleón y en 1814 retornó a Berlín (por ello la plaza fue rebautizada como Pariser Platz) siendo declarada símbolo de la victoria, añadiéndole entonces una Cruz de Hierro y el águila imperial a la corona que remata la lanza de la diosa de la victoria.

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El monumento ha sido testigo de importantes hechos históricos: en enero de 1933, con el ascenso de Hitler al poder, las tropas del SA desfilaron por primera vez a través de la puerta. Luego desfiló Benito Mussolini en 1937 y, tras la victoria sobre Polonia y Francia en 1940, la Wehrmacht. En mayo de 1945 se alzó la bandera rusa y poco después los Aliados celebraron aquí, entre las ruinas, el final de la Segunda Guerra Mundial. Desde 1961, quedó ubicada en la llamada franja de la muerte del muro de Berlín y el 22 de diciembre de 1989 quedó nuevamente abierta al público. Y hoy, somos nosotros los que desfilamos bajo ella.

Después de leer toda su historia y sacarnos algunas fotos me fijo en un puestecillo en el que un señor disfrazado de militar soviético vende gorras, banderas y otros souvenirs de los ejércitos que ocuparon Berlín tras la Segunda Guerra Mundial. No pasa una hora en Berlín sin que algún pedazito de esa historia llame a mi puerta para que le preste atención. Después, tras la Puerta de Brandeburgo cuando ya nos estamos dirigiendo en dirección al Reichstag, nos encontramos un humilde memorial de las víctimas del nazismo con cruces de madera pintada de blanco atadas a una verja del parque Tiergarten, dándole al memorial un aire medio de improvisación, medio de destartalado.

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Y nos topamos con el costado izquierdo del imponente Reichstag. El edificio empezó a construirse a partir de 1884 tras la fundación del Imperio Alemán en 1871 siendo las obras costeadas por los franceses en pago de daños de guerra. 

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Es enorme, de largo, de ancho, sus paredes, sus columnas… rodear el Reichstag nos lleva bastantes minutos. Es una mole. Enfrente del edificio hay una explanada de césped enorme en la que nos podemos alejar del Reichstag para contemplar sus dimensiones faraónicas, y ya de paso, chapotear los pies en agua porque la hierba está totalmente encharcada por las lluvias de la mañana.

FRIKIVISITA:
Empieza a anochecer. El día llega a su fin después de muchas lecciones de historia, así que es el momento perfecto para engañar a mis acompañantes y acercarnos a algunos recuerdos de la siniestra ideología nazi que invadió Europa y llevó la tragedia a todos los rincones del viejo continente, recuerdos que no aparecen en las guías normales. Para ello nos dirigimos a la WilhemStrasse, la calle que fue el corazón del distrito gubernamental desde principios del s. XIX hasta el fin del nazismo. Aquí se encontraban los ministerios prusianos y del Imperio Alemán más importantes, las embajadas de las potencias europeas y a partir de 1933 los centros de mando del régimen nazi: del mismísimo Adolf Hitler, Speer, Goring, Goebbels, Hess, Himler o Heydrich. Desde esta calle Alemania intentó subyugar al mundo e impulsó las acciones de la Solución Final, el intento de aniquilar a los judíos y otras minorías de Europa a los que se les culpaba de los males de la civilización y la perversión de la moral. Los diferentes proyectos de urbanismo han cambiado por completo su estructura y la mayoría de edificios fueron demolidos tras la guerra aunque quedan unos pocos en pie y los restos de otros. Es por ello que si no te embriaga el significado histórico del suelo que pisas y del cemento que ves, sinceramente, puedes omitir estas visitas.

En cuanto a los edificios en pié primero nos dirigimos a la Oficina central del Sustituto del Fuhrer. Anteriormente sede del gobierno del rey de Prusia y káiser alemán, el NSDAP erigió aquí la oficina del sustituto del Fuhrer, Rudolf Hess. Éste era el encargado de que todos los decretos, leyes y ascensos estuvieran en correspondencia con la ideología nazi. Cuando Hess voló a Inglaterra para sondear la posibilidad de iniciar negociaciones de paz la oficina quedó bajo el mando de Martin Bormann. Me da mucho apuro hacerle fotografías al edificio. Es el primer lugar histórico relacionado directamente con la estructura nacionalsocialista y no quiero que me confundan con un partidario de dicha ideología. Saco la cámara y desde un ángulo, muy disimuladamente, capto la instantánea.

El segundo edificio que queda en pié es la sede del Ministerio de Propaganda e Instrucción del Pueblo bajo la dirección del  líder regional del NSDAP en Berlín, Joseph Goebbles, creado el 13 de marzo de 1933. Una sensación de intrascendencia me cautiva cuando mis pies pisan un emplazamiento con tanta historia y tanta tragedia detrás. Lo primero que me viene a la cabeza cuando estoy frente a él es la cantidad de barbaridades que se decidieron detrás de las decenas de ventanas. La cantidad de ventanas y tan perfectamente alineadas transmiten poder y a la vez frialdad. No es casualidad. Este ministerio era el encargado de controlar que la prensa, la radio, la literatura, el teatro, el cine y las artes plásticas fueran en consonancia a los principios del régimen nazi. Si no era así se corría el riesgo de perder el trabajo o de ser encerrado en un campo de concentración. Como el número de empleados (y el control del régimen) fue creciendo se hizo necesaria la construcción de un anexo en la parte posterior del edificio. Hoy la sede del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

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Tras visitar los dos edificios vamos en busca de otras huellas del nazismo. Como si fuéramos cazatesoros buscando reliquias históricas primero nos dirigimos al mismísimo búnker de Hitler, del cual sé que no queda más que un panel informativo porque fue destruido para evitar que se convirtiera en un lugar de peregrinación para los neonazis (aunque otros recintos como el Búnker de los conductores siguen conservados bajo tierrra). Pero yo quiero estar en el lugar en el que el mayor genocida de la historia murió como una rata.

Tras dar algunas vueltas y llegar a lo que hoy es un párking, veo a escasos metros el panel informativo, plantado allí sin ningún tipo de iluminación, sin ningún decoro, sin querer hacer alarde de lo que hay debajo de nuestros pies. Intento entender el mapa: aquí estaba la Nueva Cancillería, debajo en aquella parte el búnker y el ante-búnker del Fuhrer, los alojamientos subterráneos de los jerarcas nazis más allá, el jardín de la Cancillería allí…. estoy en lo que fue el centro de poder del régimen más asesino de la historia de la humanidad.

El búnker se construyó en 1935 como búnker antiaéreo para 150 personas debajo del salón de actos de la Antigua Cancillería del Reich. En 1944 fue transformado como antesala del llamado Búnker del Führer, construido a mayor profundidad, a 12 metros, con paredes y techos de 4 metros de grosor. Fue el último lugar de trabajo, residencia y mando de Hitler antes de suicidarse junto a Eva Braun con una cápsula de cianuro y un disparo en la cabeza.

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La siguiente huella del nazismo es el mármol rojo del salón de los mosaicos de la faraónica Nueva Cancillería del Reich, mármol que se reutilizó para alicatar la estación de metro de Mohrenstrasse. Esta visita es el sumum del frikismo por este periodo histórico, lo admito. Bajamos unos pocos escalones y ya estamos en el andén (en Berlín no hay tornos ni vallas para acceder al metro, allí la gente paga su billete), donde nos vemos rodeados de los mosaicos elegantes, llamativos y de importante tamaño. Casa con la idea de que el edificio debía estar concebido para que impresionara al visitante, para causar sensación a los líderes europeos y demostrarles el poder del III Reich.

La estación tiene más historia: fue la vía de escape de unos diez grupos de personas (miembros de la guardia personal de Hitler, Martin Bormann, el chófer oficial de Hitler, el jefe de pilotos de Hitler, etc.) que huyeron poco antes de la medianoche del 1 de mayo de 1945 del Búnker del Fuhrer en dirección a Friedrichstrasse.

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Al último edificio al que nos acercamos es el Ministerio de Aviación. Su construcción tardó dos años y en su época, con 2000 habitaciones, fue el edificio gubernamental más grande de Berlín. Dado su tamaño y que ya es de noche, se nos ha hecho tarde, nos da mucha pereza rodearlo. Desde aquí Hermann Goring dirigía la fuerza aérea alemana, la Luftwaffe.

En su interior, al cual no sabemos si se puede acceder y tampoco lo intentamos, los pasamanos de las escaleras fueron confeccionados con aluminio de fuselaje y las lámparas del portal hacia Leipziger Strasse imitaban los reflectores de la defensa antiaérea. Apenas fue alcanzado por las bombas en una ocasión mientras los demás edificios a su alrededor quedaron totalmente destruidos. Hoy es la sede del Ministerio de Hacienda.

Cansados, con mucho frío y ya de noche decidimos apurar el día un poco más. Volvemos a pasar por BebelPlatz en dirección a la plaza Gendarmenmarkt con sus dos grandes iglesias iluminadas. Caigo en la cuenta de que esta mañana las hemos visto de lejos pero el ambiente de la noche cambia el lugar por completo. No necesito mucho tiempo para darme cuenta de que es una de las plazas más bonitas de Berlín, más cuando en las fechas en las que estamos nos la encontramos atestada de iluminados puestecitos navideños de comida y artesanías de todo tipo. Transmite mucha calidez. Paseamos por el mercadillo cuando Marc nos avisa de que en un puesto venden el famoso vino caliente de Berlín. No me acaba de convencer aunque es más bien una necesidad para contrarrestar el frío helado de la noche. Lo peor es que no soy consciente de que este frío es el principio de lo que vendrá después.

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Las dos iglesias situadas en la plaza reciben el nombre de Franzosischer Dom y Deutscher Dom y destacan por el pórtico y por sus gruesas torres cilíndricadas coronadas por una cúpula. La primera fue construida por la comunidad hugonata que se refugió en el Berlín protestante después de ser expulsada de Francia. La segunda, la Deutscher Dom, es una vieja iglesia protestante reformista alemana de 1708. De noche las iluminan, descubriendo así entre el negro cielo de la noche los detalles de las paredes, las columnas, las pequeñas esculturas del pórtico y de la torre cilíndrica que, además ésta, iluminan con una luz medio azul, medio lila.Con esta estampa ponemos a un día realmente agotador.

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